Sunday, April 27, 2008

Elecciones USA


Se comenta solo el artículo de Timothy Garton Ash, historiador y profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Oxford. sobre los tres candidatos en liza (los democrátas Barack Obama y Hillary Clinton y el republicano McCain) para la presidencia de los Estados Unidos de América. Gane quien gané, dice, nos espera, seguro, una decepción… A pesar de todo, su favorita es Hillary. Y la mia, también… Sean felices. Por cierto, la isla de La Gomera arde de nuevo. Y en el sur de Gran Canaria hemos llegado hoy a los 45 grados… (HArendt)

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El profesor Timothy Garton Ash

“Prepárense para una gran decepción”, por Timothy Garton Ash

El maratón demócrata protagonizado por Clinton y Obama ha ayudado al candidato republicano. Pero seguramente ninguno de los tres podrá ser todo lo que el mundo desea.

Esta es la conclusión que saco del último acto del espectáculo de títeres en Pensilvania: gane quien gane las elecciones presidenciales en noviembre, el mundo se sentirá decepcionado.

Una consecuencia evidente de la interminable contienda de los demócratas, sobre todo si se prolonga hasta la convención de Denver en agosto, es que mejorarán las posibilidades de victoria de John McCain. De hecho, el resultado de Pensilvania es el mejor resultado al que podían aspirar los republicanos. Hillary obtuvo una victoria suficiente para permanecer en la carrera, pero no lo suficientemente clara como para empezar a dar la vuelta a la situación. Los responsables de la campaña de McCain deben de estar frotándose las manos de satisfacción.

La elección de McCain como presidente sería en sí misma una decepción para un mundo fascinado con Barack Obama. Habría una sensación de que las cosas no cambian y un montón de bromas cansadas sobre McBush. McCain, a diferencia de George W. Bush, tiene una biografía que impone respeto. Desafío a cualquiera que lea sus memorias, Faith of my fathers, a no sentirse conmovido por los fragmentos que recuerdan su cautiverio y sus torturas en Vietnam. Cuando los republicanos dicen de él que es un auténtico héroe americano, por supuesto, están llevando a cabo una operación de marketing político; pero además es verdad.

Por desgracia, eso no quiere decir que pueda ser un buen presidente para esta era en la que vivimos. Si estuviéramos envueltos en una Tercera Guerra Mundial contra una nueva Alemania nazi, lo sería; pero no es el caso. Seguramente, los múltiples desafíos que afrontará el nuevo presidente son, en conjunto, no menos serios que la amenaza nazi, pero exigen otro tipo de líder. Me temo que McCain no posee el temperamento, la experiencia, la mentalidad ni el atractivo internacional que necesita este momento. Como personaje, es un volcán. Estalla y luego se apaga. Es una característica que está muy bien en muchas situaciones (en una redacción de periódico es casi un requisito), pero no precisamente en las relaciones internacionales. Tiene amplia experiencia como senador, pero no en instancias de gobierno. Su mentalidad se corresponde con su edad: en Irak está, en cierto modo, todavía combatiendo en Vietnam. Y es un héroe muy americano. Su atractivo para otros países es muy limitado.

Sigo pensando que Hillary Clinton está mejor preparada para ser una buena presidenta en estos tiempos. Pese a su reciente fanfarronería a propósito de Irán (“podríamos aniquilarlos por completo”), creo que tiene el temperamento, la experiencia y la mentalidad imprescindibles para ser lo que el mundo necesita en Washington en los próximos cuatro años: un timonel seguro. Sobre el papel, su experiencia es menor que la de McCain, pero eso es no tener en cuenta el carácter extraordinario de la Casa Blanca de Clinton, en la que, según recuerda todo el mundo, fue mucho más que una típica primera dama. Con cuidado de evitar toda referencia a Lord y Lady Macbeth, la sociedad formada por Hillary y Bill es una de las más formidables de la historia política. Pese al fracaso de sus reformas sanitarias, o en parte debido a esa amarga experiencia, sabe exactamente cómo trabaja la maquinaria -cada vez más disfuncional- del Gobierno en Washington, qué palancas conviene engrasar, a quién hay que adular y a quién gritar. Obama tiene razón: es un personaje de los de Washington de toda la vida. Y Obama se equivoca: ésa es una de sus grandes ventajas. Sobre prácticamente cualquier tema, siempre está muy bien informada y entiende las complejidades (incluidas las de Irán), pese a que las simplifique con fines electorales.

Hace un año habríamos dicho que además posee atractivo internacional. Nos preocupaba una alternancia aparentemente interminable entre los Bush y los Clinton, pero la mujer a la que el mundo conocía ya simplemente como “Hillary” era una marca de imagen asombrosa, y la estrella Bill iba camino de ser, para tomar prestado el chiste que él mismo atribuye a un amigo suyo escocés -y un chiste escocés no es cosa de risa-, “el primer laddie” (con un juego de palabras entre lad = chico y lady = dama). Pero eso fue antes de que Obama se convirtiera en Obama. Hoy, la Obamamanía es un fenómeno mundial, quizá mayor que la Dianamanía, porque los nuevos medios surgidos en los 10 años desde que murió Diana -los vídeos de YouTube, la blogosfera, etcétera- han multiplicado su alcance por 10. La suerte de Hillary es la del golfista brillante que tiene la desgracia de competir en los mismos años que Tiger Woods. Todo es relativo. De modo que ahora, aunque la superwoman Hillary destrozase el techo de cristal supremo, el mundo sentiría una punzada de desilusión.

¿Y si gana Obama? En primer lugar, cada vez parece menos probable. El otro día le dijo a Jon Stewart en el programa The daily show que “la senadora Clinton me ha hecho un favor”. Dice que, tras sus ataques, está mejor preparado para soportar una ofensiva de la maquinaria de ataque republicana en unas elecciones generales. Clinton le ha puesto a prueba, “como en unos entrenamientos”. Pero la verdad es que el espectáculo de títeres no ha favorecido la imagen de ninguno de los dos. Pensilvania ha puesto de relieve que Obama sigue sin poder conquistar a los trabajadores blancos ni a los llamados “demócratas de Reagan”. Según John Dickerson, de la revista Slate, los comentarios que se filtraron de Obama sobre los habitantes de pueblos pequeños en situación de desventaja económica que “se aferran a las armas, o la religión, o la antipatía por quienes no son como ellos” le han perjudicado enormemente. Entre los votantes en la primaria de Pensilvania, dice Dickerson, Clinton obtuvo el apoyo del 60% de los dueños de armas, el 59% de los habitantes de pueblos pequeños y la mayoría de los que practican alguna religión.

No obstante, supongamos que gana Obama. La gente de todo el mundo se sentiría encantada, llena de esperanza. Ése sería su primer problema. Las expectativas mundiales son tan elevadas que son imposibles de cumplir, igual que Diana no pudo volver a ser una persona normal y corriente.

Si existen dudas sobre la experiencia de gobierno de McCain y Clinton, ambos parecen Washington y Lincoln en comparación con Obama. Su inexperiencia ha quedado patente en la campaña y se vería aún más en el Despacho Oval. Nunca ha dirigido ninguna gran organización; ahora tendría que dirigir la mayor de todas. A diferencia de Hillary, no sabe exactamente qué palancas conviene engrasar para salir adelante en las oscuras y sucias calderas de Washington, y, al menos al principio, quizá le diera asco tener que hacerlo. Los antecedentes de la política exterior practicada por presidentes demócratas inexpertos durante su primer mandato no son alentadores, desde Kennedy hasta Clinton, pasando por Carter (hay que dejar aparte a Truman: siempre hay una excepción a la regla).

Por último, pero igualmente importante, está la diferente situación que ocupa Estados Unidos en el mundo hoy con respecto a la época de Kennedy, para no hablar de la de Truman. Pese a todas las dificultades estructurales que afronta China, pese a las ventajas de la sociedad libre de Estados Unidos y su dominio militar, su poder relativo ha disminuido, sigue disminuyendo y disminuirá aún más. Ocurre, sobre todo, en el caso del poder económico, porque el país ha vivido por encima de sus medios, el gasto oficial se ha centrado en los usos militares y los grandes bancos de Nueva York acuden con la gorra en la mano en busca de los fondos soberanos de Arabia y Asia. Puede que Obama se parezca a John F. Kennedy cuando habla, pero su Estados Unidos no podrá “pagar cualquier precio, soportar cualquier carga, hacer frente a cualquier dificultad, apoyar a cualquier amigo” (como dijo Kennedy en su legendario discurso de toma de posesión). Ya no puede permitírselo.

Es decir, sea cual sea el resultado de las elecciones, prepárense para una gran decepción. Si lo hacen, es posible que la decepción no sea tan grande. (Domingo, 27/04/08)

http://images.huffingtonpost.com/gen/4604/thumbs/s-CLINTON-OBAMA-MCCAIN-ENDORSMENTS-large.jpg
Los senadores Clinton, McCain y Obama

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Sunday, April 20, 2008

¿Sesenta años perdidos?

El próximo 14 de mayo hace justamente sesenta años que David Ben Gurión proclamaba en el Museo del Arte de Tel Aviv la Declaración de Indepencia del Estado de Israel. Un hecho histórico sancionado un año antes por la Asamblea General de las Naciones Unidas. ¿Por qué, entonces, cada vez que me decido a escribir algo sobre esa herida sangrante y permanente del conflicto árabe-israelí me tiene que doler el alma? ¿Hemos perdido sesenta años en una lucha estéril y fratricida? No tengo mala conciencia por declarar mi admiración y mi cariño por Israel. Nunca le va a faltar aunque yo también critique con dureza y pena gran parte de las actuaciones del gobierno israelí. Por eso me duele cuando leo crónicas como la que en El País de hoy escribe gente que admiro, como el escritor Juan Goytisolo. Me duele, porque pienso que a él también le pasa lo mismo cuando se pregunta “si hay algo que conmemorar” en este sesenta aniversario. Declaración que entiendo compatible con la, a mi parecer, emocionada dedicatoria al compositor Daniel Barenmboin, -argentino,español, israelí y palestino- al comienzo de ella, y porque confieso que a mi también me hubiera gustado haber celebrado esta histórica efeméride con una paz definitiva entre los dos pueblos herederos de una tierra santa por tantas razones. ¿Sesenta años perdidos, pues? A pesar de todo, pienso que no. (HArendt)

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Tel Aviv, 14 de mayo de 1948. David Ben Gurión proclama la creación del Estado de Israel

(http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/3/36/Declaration_of_State_of_Israel_1948.jpg)

“¿Qué debemos conmemorar?”, por Juan Goytisolo

A Daniel Barenboim, argentino, judío y palestino ejemplar. He firmado, con las reservas que expreso más adelante, la carta encabezada por el poeta Mahmud Darwish sobre la próxima conmemoración del 60 aniversario de la creación del Estado de Israel. Los hechos expuestos en ella -resumidos en una cita de Edward Saíd escrita diez años antes-, los conoce el lector: desposesión de sus hogares a centenares de miles de palestinos, reducidos desde entonces a una precaria condición de refugiados en Cisjordania, Gaza y los vecinos países árabes; incumplimiento por Israel de todas las resoluciones de Naciones Unidas sobre ellos; inexorable política de colonización de los territorios ocupados en la Guerra de los Seis de los Días. Obviamente, los palestinos no tienen cosa que celebrar sino su propia tragedia: esta Naqba o Desastre que destrozó sus vidas y les convirtió en huéspedes indeseados de sus “hermanos árabes” en los campos misérrimos de Jordania y Líbano o víctimas de un brutal régimen de apartheid en su propia tierra.

Tampoco la comunidad internacional tiene motivos de regocijo alguno: gracias al veto norteamericano sus resoluciones son letra muerta. El sostén incondicional de Washington al expansionismo de Tel Aviv se traduce en una política de hechos consumados que viola a diario las leyes y normas comúnmente consensuadas. Ninguna nación, desde que la ONU existe, ha ignorado éstas con tanta constancia, sin suscitar boicoteo ni represalia algunos. Creado para procurar un hogar nacional a los judíos víctimas del racismo europeo y luego del Holocausto nazi, a fin de que disfrutaran de un Estado como los demás, Israel se ha convertido paradójicamente, como observó Jean Daniel, en un Estado diferente de los demás: su obstinada y férrea excepcionalidad se prolonga al hilo del tiempo y no tiene trazas de cesar, sino de agravarse.

La situación de los palestinos en los Territorios Ocupados ha ido de mal en peor desde la guerra de 1967 en la que Israel derrotó a los ejércitos árabes. Como pude comprobar de visu en sucesivos viajes -Diario Palestino de 1988, Ni guerra ni paz de 1995 y durante la posterior visita a Cisjordania y Gaza con una delegación del Parlamento Internacional de Escritores-, las ilusiones forjadas por las declaraciones apaciguadoras de algunos líderes europeos, el llamado Proceso de Madrid, los Acuerdos de Oslo, la Hoja de Ruta o el más reciente ceremonial mediático de Annapolis bajo la égida del presidente Bush, se desvanecen ante la cruda realidad de los hechos: los guetos degradados y sucios de la franja de Gaza, con sus chabolas miserables, edificios chamuscados o ruinosos, al bañales con toda clase de vertidos y basuras, paredes cubiertas de pintadas patrióticas y vengativas, son los mismos de siempre. En Cisjordania, conforme verifiqué en la última asomada a Ramala, las alambradas rodean tanto a los asentamientos y puestos de control de ocupante como las zonas castigadas. Protegen y excluyen, unen áreas separadas y separan áreas contiguas, entretejen un laberinto de ínsulas que mutuamente se rechazan e imantan. En algunos lugares resulta difícil distinguir lo que abarcan y vedan, su interior y exterior. Un complejo sistema circulatorio, con ramificaciones capilares, manifiesta la voluntad del ocupante de fragmentar el territorio en retazos y partículas que parecen imbricarse pese a su ignorancia recíproca. En corto: islotes e islas fortificados en un mar de pobreza y humillación. Resulta evidente para cualquier observador que el proceso de paz ha perdido toda su credibilidad. El Gobierno israelí quiere cantonalizar los territorios palestinos y convertirlos en una serie de bantustanes inviables. Los jóvenes de la franja de Gaza -la inmensa mayoría de su población- viven apretujados, sin trabajo, distracciones, posibilidad de emigrar ni de fundar una familia. Dicha situación infrahumana explica el apoyo a Hamás. En palabras de un maestro afiliado a Al Fatah, ’se sienten morir en vida y su corazón se transforma en una potencial bomba suicida. No les importa morir porque se sienten ya muertos’. La política israelí de tierra quemada y del cuanto peor, mejor, no es sólo contraproducente sino también, a la larga, autodestructiva. Recuerdo la frase de Marek Halter, ‘tengo miedo por Israel e Israel me da miedo’, y comparto su preocupación. El tiempo no juega a favor del Estado judío ni del unilateralismo de la política exterior estadounidense causante del desastre de Irak. Los extremismos se alimentan recíprocamente y conducen a un callejón sin salida: miseria y más miseria para los palestinos y permanente inseguridad para Israel pese a su aplastante superioridad militar. La desdichada propensión a la retórica de los dirigentes árabes -tan justamente denunciada por Edward Saíd- y reiterada hoy por el presidente de Irán, no favorece en modo alguno a la causa palestina: hablar de ‘entidad sionista’ para referirse a Israel o de ‘entidad hostil’ como hace el Gobierno de Tel Aviv para justificar el bloqueo y brutal castigo de la población de Gaza es rendirse a una lógica destructiva. Resulta tan chocante oír por boca de viceministro de Defensa israelí, Matan Vienel, la amenaza de un holocausto a los palestinos si no cesan su lanzamiento de cohetes artesanales, como la indecente bravata de arrojar a todos los judíos al mar. La dramática situación de la Franja, convertida en un gueto de un millón y medio de personas y sometida desde hace dos años a un cruel asedio terrestre, aéreo y marítimo, no puede dejar indiferente a nadie. La incapacidad de la Unión Europea para dar fin a un apartheid peor que el abolido en Suráfrica, exige una mayor implicación de todos los países de la cuenca mediterránea. Una fuerza de interposición en torno a Gaza, que impidiera el lanzamiento de cohetes a Sdarot y permitiera vivir dignamente a sus habitantes, como propuso el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, sería un primer paso en la buena dirección. El largo y doloroso conflicto palestino-israelí sólo puede resolverse, y algún día se resolverá, mediante el retorno a la legalidad internacional, esto es, a las fronteras existentes con anterioridad a la Guerra de los Seis Días. Hace 20 años, en mi Diario Palestino, citaba la frase de un intelectual de Jerusalén este sobre el doble y contradictorio sueño de los descendientes de Isaac e Ismael: la desaparición o inexistencia milagrosos del adversario. Pero el problema, concluía, ‘tanto en nuestro caso como en el de ellos, estriba en si estamos dispuestos a aceptar algo menos que nuestro sueño’. De este sueño reducido a medias, depende la paz difícil, a largo plazo que, desdichadamente, algunos no veremos: un acuerdo que desactive el polvorín de Oriente Próximo y favorezca una paz justa y durable. Entonces, sólo entonces, podremos conmemorar el aniversario de la creación de un Estado, o, mejor dicho, de dos Estados -el palestino y el israelí- exactamente como los demás. (El País, 20/04/08)

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Texto Oficial de la Declaración de Independencia de Israel
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Tuesday, April 15, 2008

Ultraliberales de salón

Tiene toda la razón el sociólogo y profesor de la Universidad de Múnich y de la London School Economics, Ulrich Beck, en quejarse del comportamiento de buena parte de los ultraliberales defensores de la libre empresa, la iniciativa privada, la absoluta libertad de mercado, el Estado mínimo, la supresión de los gastos sociales, el desmantelamiento de lo que queda del Estado de Bienestar y la rebaja de impuestos para los que más ganan… Hasta ahora… Todas esas recetas quedaban muy bien cuando las vacas eran gordas; ahora que las pintan flacas que “Papá Estado” se haga cargo de los costes… Pura desvergüenza.

Salvando las distancias, y sin la menor intención de ofender ni molestar a los afectados, me recuerda los casos de Gescartera, Fórum Filatélico o Afinsa. Cuando los “interesados” se embolsaban suculentos dividendos exentos de impuestos, opacos al fisco, y a todas luces ilegales…, ni “mu”… Cuando el “pastel” se viene abajo, por mala gestión o porque se descubre el fraude evidente, el dinero perdido lo ponemos “todos” los españoles para que “esos” que eran ciegos, sordos y mudos sobre el origen de las ganancias recuperen lo perdido… Lo mio es mio, y lo de los demás también… Pues que bien, oigan… Así invierto hasta yo… Buenas noches y sean felices. (HArendt)

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El profesor Ulrich Beck

 

“De la fe en el mercado a la fe en el Estado”, por Ulrich Beck

Incluso los neoliberales más radicales suplican ahora el intervencionismo del Estado en economía y mendigan las donaciones de los contribuyentes. Eso sí, cuando había beneficios, los consideraban diabólicos

Primer acto de la obra. La sociedad del riesgo global: Chernóbil. Segundo acto: la amenaza de la catástrofe climática. Tercer acto: el 11-S. Y en el cuarto acto se abre el telón: los riesgos financieros globales. Entran en escena los neoliberales del núcleo duro, quienes ante el peligro se han convertido de repente desde la fe en el mercado a la fe en el Estado. Ahora rezan, mendigan y suplican para ganarse la misericordia de aquellas intervenciones del Estado y de las donaciones multimillonarias de los contribuyentes que, mientras brotaban los beneficios, consideraban obra del diablo. Qué exquisita sería esa comedia de los conversos que se interpreta hoy en la escena mundial si no tuviera el resabio amargo de la realidad. Porque no son los trabajadores, ni los socialdemócratas o los comunistas, ni los pobres o los beneficiarios de las ayudas sociales quienes reclaman la intervención del Estado para salvar a la economía de sí misma: son los jefes de bancos y los altos directivos de la economía mundial.

Para empezar, tenemos a John Lipsky, uno de los dirigentes del Fondo Monetario Internacional y reconocido fundamentalista del libre mercado, quien de pronto exhorta con una llamada alarmista a los gobiernos de los Estados miembros a hacer exactamente lo contrario de lo que ha predicado hasta ahora, esto es, evitar un derrumbe de la economía mundial con programas de gasto masivos. Como es sabido, el optimismo es inherente al mundo de los negocios. Cuando incluso él habla de que los políticos tendrían que “pensar lo impensable” y prepararse para ello, queda claro lo grave de la situación.

El fantasma de lo “impensable”, que ahora es una amenaza en todas partes, debe por supuesto despertar el recuerdo de las crisis mundiales de los siglos pasados, y salvar a los bancos del abismo. Entra en escena Josef Ackermann, jefe del Deutsche Bank, quien confiesa que él tampoco cree ya en las fuerzas salvadoras del mercado. Al mismo tiempo, se retracta de su abjuración y afirma que no tiene dudas sobre la estabilidad del sistema financiero. Eso suena tranquilizador. ¿O no? Si el distinguido economista fuera sincero, tendría que admitir dos cosas: que la historia de esta crisis es una historia del fracaso del mercado, y que en todas partes gobierna el desconcierto, o más bien la brillante ignorancia.

El mercado ha fracasado porque los riesgos incalculables del crédito inmobiliario y de otros préstamos se ocultaron intencionadamente, con la esperanza de que su diversificación y ocultación acabaría reduciéndolos. Sin embargo, ahora se demuestra que esta estrategia de minimización se ha transformado en lo opuesto: en una estrategia de maximización y extensión de riesgos cuyo alcance es incalculable. De repente, el virus del riesgo se encuentra en todas partes, o por lo menos su expectativa. Como en un baño ácido, el miedo disuelve la confianza, lo cual potencia los riesgos y provoca, en una reacción en cadena, un autobloqueo del sistema financiero. Nadie tiene mejores certidumbres. Pero de pronto, ahora se sabe en todas partes que ya nada funciona sin el Estado.

¿En realidad qué significa riesgo? No hay que confundir riesgo con catástrofe. Riesgo significa la anticipación de la catástrofe. Los riesgos prefiguran una situación global, que (todavía) no se da. Mientras que cada catástrofe tiene lugar en un espacio, un tiempo y una sociedad determinados, la anticipación de la catástrofe no conoce ninguna delimitación de esta índole. Pero al mismo tiempo, puede convertirse en lo que desencadena la catástrofe, siempre en el caso de los riesgos financieros globales.

Es cierto que los riesgos y las crisis económicas son tan antiguos como los propios mercados. Y, por lo menos desde la crisis económica mundial de 1929, sabemos que los colapsos financieros pueden derrocar sistemas políticos, como la República de Weimar en Alemania. Pero lo que resulta más sorprendente es que las instituciones de Bretton-Woods fundadas después de la Segunda Guerra Mundial, que fueron pensadas como respuesta política a los riesgos económicos globales (y cuyo funcionamiento fue una de las claves para que se implantara el Estado del bienestar en Europa) hayan sido disueltas sistemáticamente desde los años 70 del siglo pasado y reemplazadas por sucesivas soluciones ad hoc. Desde entonces estamos confrontados con la situación paradójica de que los mercados están más liberalizados y globalizados que antes, pero las instituciones globales, que controlan su actuación, tienen que aceptar drásticas pérdidas de poder.

Como se ha demostrado con la “crisis asiática”, además de la “crisis rusa” y la “crisis argentina”, y ahora también con los primeros síntomas de la “crisis americana”, los primeros afectados por las catástrofes financieras son las clases medias. Olas de bancarrotas y de desempleo han sacudido estas regiones. Los inversores occidentales y los comentaristas en general observan las “crisis financieras” solamente bajo la perspectiva de las posibles amenazas para los mercados financieros. Pero las crisis financieras globales no pueden “encasillarse” dentro del subsistema económico, como tampoco las crisis ecológicas globales, ya que tienden más bien a generar convulsiones sociales y a desencadenar riesgos o colapsos políticos. Una reacción en cadena de estas características durante la “crisis asiática” desestabilizó a Estados enteros, a la vez que provocó desbordamientos violentos contra minorías convertidas en cabezas de turco.

Y lo que era todavía impensable hace pocos años se perfila ahora como una posibilidad real: la ley de hierro de la globalización del libre mercado amenaza con desintegrarse, y su ideología con colapsarse. En todo el mundo, no sólo en Sudamérica sino también en el mundo árabe y cada vez más en Europa e incluso en Norteamérica los políticos dan pasos en contra de la globalización. Se ha redescubierto el proteccionismo. Algunos reclaman nuevas instituciones supranacionales para controlar los flujos financieros globales, mientras otros abogan por sistemas de seguros supranacionales o por una renovación de las instituciones y regímenes internacionales. La consecuencia es que la era de la ideología del libre mercado es un recuerdo marchito y que lo opuesto se ha hecho realidad: la politización de la economía global de libre mercado.

Existen sorprendentes paralelismos entre la catástrofe nuclear de Chernóbil, la crisis financiera asiática y la amenaza de colapso de la economía financiera. Frente a los riesgos globales, los métodos tradicionales de control y contención resultan ineficaces. Y a la vez, se pone de manifiesto el potencial destructivo en lo social y político de los riesgos que entraña el mercado global. Millones de desempleados y pobres no pueden ser compensados financieramente. Caen gobiernos y hay amenazas de guerra civil. Cuando los riesgos son percibidos, la cuestión de la responsabilidad adquiere relevancia pública.

Muchos problemas, como por ejemplo la regulación del mercado de divisas, así como el hacer frente a los riesgos ecológicos, no se pueden resolver sin una acción colectiva en la que participen muchos países y grupos. Ni la más liberal de todas las economías funciona sin coordenadas macroeconómicas.

Las élites económicas nacionales y globales (los dueños de los bancos, los ministros de finanzas, los directivos de las grandes empresas y las organizaciones económicas mundiales) no deberían sorprenderse de que la opinión pública reaccione con una mezcla de cólera, incomprensión y malicia. Pero el convencimiento certero de que, en una crisis, el Estado al final acabará salvándoles, permite a los bancos y a las empresas financieras hacer negocios en los tiempos de bonanza sin una excesiva conciencia de los riesgos.

No tiene que ver con la envidia social el recordar que los exitosos banqueros ganan al año importes millonarios de dos cifras, y los exitosos jefes de firmas de capital riesgo y de fondos especulativos incluso mucho más. En los tiempos que corren, los banqueros actúan como los abogados defensores del libre mercado. Si el castillo de naipes de la especulación amenaza con desmoronarse, los bancos centrales y los contribuyentes deben salvarlo. Al Estado sólo le queda hacer por el interés común lo que siempre le reprocharon quienes ahora lo reclaman: poner fin al fracaso del mercado mediante una regulación supranacional. (El País, 15/04/08)

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Friday, April 4, 2008

La imagen del día de ayer…

Reunión de la Organización del Tratado del Atlántico Norte en Bucarest (Rumanía). En un descanso de la misma, el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, solo ante la gran mesa alrededor de la cual se sentarán sus colegas más tarde, parece observar ensimismado el contenido de unos documentos. Otros mandatarios rodean jovialmente al presidente Bush y le ríen sus gracias… Bush es un hombre risueño; algunos pensamos que anormalmente risueño… Es la imagen del día. Algunos la encontrarán patética… Bien, es una manera de verlo… Prefiero pensar que nuestro presidente, quizá involuntariamente (una jugada de su subconsciente) ha optado por ese sencillo “antes solo que mal acompañado”… Quizá, sólo quizá… Quién sabe… Sean felices. (HArendt)

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El País, 04/04/08

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Wednesday, March 19, 2008

Cínico y petulante



Todos mentimos… En un momento u otro… O en muchas ocasiones… Y los políticos lo hacen cada día. Todos. Pero algunos añaden a su mentira, el cinismo, la desvergüenza y la petulancia. Sobre todo la petulancia… La de
José María Aznar, es irritante… Y despreciable, porque parece decirnos a los españoles que somos unos infelices e ignorantes… Sean felices.
(HArendt)

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José María Aznar, presidente de honor del PP

AGENCIAS. Aznar asegura que “la situación en Irak es muy buena”. El ex presidente defiende la guerra cinco años después, pese a los 80.000 muertos. El 16 de marzo de 2003, José María Aznar, entonces presidente del Gobierno español, aterrizó en las islas Azores para participar en una reunión y hacerse una foto. La reunión duró una hora y la foto dio la vuelta al mundo. Junto a George Bush, presidente de Estados Unidos, y Tony Blair, primer ministro británico, apoyó públicamente la decisión de ignorar a las Naciones Unidas e invadir militarmente Irak. Cuatro días después comenzaron a caer las bombas sobre Bagdad. En el quinto aniversario de esa fecha, el ex presidente considera que la situación es “muy buena” en aquel país. Para matizar, reconoce que “no es idílica”. Al día siguiente de esta declaración, 52 personas murieron en un atentado suicida en la ciudad de Kerbala.

José María Aznar fue entrevistado el día 16 para un especial de Radio 4 de BBC sobre la invasión de Irak. En la entrevista, recuerda la reunión “con especial intensidad, porque era un momento trascendental para el mundo y para la gente”. Fue “muy simple, muy corta y muy tranquila”, dice Aznar en inglés. “Después hubo una cena en la que hubo más tiempo para hablar de diferentes cuestiones”.

De aquella reunión Aznar recuerda una “relación personal muy fuerte”. ¿Entre usted y Bush o entre usted y Blair? “Los tres”, aclara pausadamente. Albergaban “la convicción muy seria de que teníamos razón, que actuábamos en beneficio de mucha gente, que teníamos que adoptar una decisión muy difícil, pero era nuestra responsabilidad”.

Desde la invasión han muerto entre 80.000 y 90.000 civiles iraquíes, según recuentos independientes, y un millón según algunas proyecciones. Cuatro millones y medio de personas han abandonado sus casas. Hay al menos un 60% de paro. Más del 40% de la población está en el umbral de la pobreza extrema. Seis millones de personas sobreviven gracias a la ayuda humanitaria, el doble que en 2004. El 70% de la población no tiene agua potable.

Así ve Aznar la situación actual: “El mundo está mejor sin los talibanes y está mejor sin Sadam Husein. ¿Han desaparecido todos los problemas? No, simplemente está mejor”.

¿Incluso siendo la situación muy difícil para la gente normal en Irak?, le preguntan. “En este momento, es cierto, pero es menos difícil que en tiempos de Sadam Husein. La gente puede participar en elecciones, puede hablar libremente, hay libertad en el país y existe la posibilidad de establecer una democracia, hay más seguridad”, opina Aznar, que no ha visitado Irak desde diciembre de 2003. “No es una situación idílica, pero es una situación muy buena”.

Aznar, presidente de honor del Partido Popular, declaró que de plantearse la cuestión hoy, “actuaría de igual modo”. “Aunque fue un momento difícil para mí, mi convicción, mi conciencia y mi mente están limpias”. La decisión de invadir Irak fue “la decisión correcta”, añadió. (El País, 19/03/08)

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Ir a la guerra le hace muchas gracia…

AGENCIAS. Bush asegura que la guerra de Irak ha sido “una victoria estratégica” “Expulsar a Sadam del poder fue una buena decisión”, asegura el presidente de los EE UU en su discurso previsto en el aniversario del inicio de la guerra. En el aniversario del inicio de la guerra de Irak, el presidente de los EE UU, George W. Bush, se refiere a ella como una “gran victoria estratégica” en el discurso que tiene previsto dar hoy en el Pentágono.

Según los extractos adelantados al discurso que tendrá lugar esta tarde, el presidente estadounidense mantendrá que el “éxito que estamos viendo en Irak es innegable”. “Expulsar a Sadam Hussein del poder fue una buena decisión, y este es un combate que América puede y debe ganar”, sostiene en el discurso discurso según el adelanto facilitado por la Casa Blanca.

Siguiendo la estela mantenida desde el principio de la guerra, Bush vinculará la invasión de Irak a “la guerra contra el terrorismo” que EE UU lanzó tras los atentados del 11 de septiembre.

La intervención prevista para hoy ha sido precedida por declaraciones del vicepresidente estadounidense Dick Chenney que aseguró el lunes durante una visita sorpresa a la capiltal iraquí que los esfuerzos de estos cinco años “había merecido la pena”.

Cinco años en cifras: El ejército estadounidense mantiene en la actualidad cerca de 160.000 soldados desplegados en Irak, mientras que en el inicio de la invasión se calcula que participaron más de 225.000 efectivos. Dicha cifra fue reducida paulatinamente en los meses siguientes, pero de nuevo elevada hasta 175.000, cuando se lanzó el plan de seguridad en Bagdad y las provincia de Al Anbar.

Aquel marzo de 2003, el Pentágono se fijó más de 3.000 objetivos en territorio iraquí para su campaña aérea. Según las informaciones publicadas en esos días, las fuerzas aéreas de EE UU y Gran Bretaña - únicos países que participaron en la primera fase de la invasión - iban a dejar caer sobre suelo iraquí más de 3.000 bombas y misiles de precisión en los dos primeros dos días de campaña.

Cinco años más tarde, la guerra ha causado según las estimaciones más bajas la muerte a unos 82.000 civiles iraquíes, aunque otros estudios como los realizados por Lancet elevaban la cifra hasta 600.000 iraquíes. Mientras, la cifra de soldados estadounidenses muertos en Irak ronda ya los 4.000, y la de soldados británicos fallecidos supera los 170.

Hasta la retirada de las tropas españolas en mayo de 2004, 11 soldados fallecieron durante el transcurso de esta misión, diez en ataques - ocho de ellos pertenecientes al Centro Nacional de Inteligencia - y uno por un disparo fortuito.

En los días previos a la invasión, la administración Bush fijó el coste de la guerra entre 50.000 y 60.000 millones. Hoy los cálculos más conservadores señalan que el coste de esta guerra para EE UU se ha elevado a 1 billón de dólares, mientras que el premio Nobel de economía Joseph Stiglitz eleva la cifra hasta los 4 billones de dólares.
(El País,19/03/08)

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Estas imágenes nos degradan a todos…

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Sunday, March 16, 2008

Elecciones en USA

Hacía bastante tiempo que no escribía nada en el blog sobre las próximas elecciones presidenciales en Estados Unidos. Los republicanos ya tienen un candidato designado, John McCain, al menos oficiosamente, pendientes únicamente de la confirmación oficial por el congreso de su partido. Los demócratas, siguen aún en “primarias” y en plena guerra fratricida entre sus dos posibles candidatos: Hillary Clinton y Barak Obama. Lo que parecía un paseo triunfal del que resultara designado por los demócratas hasta la Casa Blanca, comienza a ser visto como un camino plagado de dificultades e incluso con posibilidades de estrepitosa derrota. Al menos, esa es la opinión del prestigioso analista norteamericano Norman Birnbaum, catedrático emérito de la Facultad de Derecho en la Universidad de Georgetown, de Washington, que en un magnífico artículo en El País de hoy, titulado “¿Van a perder los republicanos?”, analiza en profundidad las claves sociológicas del entramado ideológico-político-económico-religioso que sostiene al partido republicano a pesar de la desastrosa gestión de George Bush.

Ya no estoy muy seguro de que pueda pasar en noviembre (mi optimismo chamuscado por la experiencia me hace cruzar los dedos…) pero sigo apostando por Hillary Clinton. Espero que lo consiga. Sean felices. Y buenas noches. (HArendt)

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Los candidatos demócratas Hillary Clinton y Barak Obama

“¿Van a perder los republicanos?”, por Norman Birnbaum.

Según la mayoría de los indicios, lo normal es que los demócratas venzan en las próximas elecciones presidenciales de Estados Unidos y, al mismo tiempo, aumenten sus actuales ajustadas mayorías en las dos cámaras del Congreso. En las primarias, hasta ahora, han participado 25 millones de votantes en el lado demócrata y sólo 19 millones en el republicano. Los sondeos señalan que la mayoría considera a los demócratas más competentes en todo tipo de cuestiones, tanto nacionales como internacionales.

Los republicanos han dejado caer en el olvido a su supuesto líder, el presidente Bush. Y el candidato republicano, el senador McCain, hace hincapié en su rechazo a la absoluta lealtad de partido. Los grandes grupos ideológicos republicanos (los tradicionalistas religiosos y culturales y los enemigos de los impuestos, que reniegan de las regulaciones y la intervención del gobierno en la economía) están furiosos con él. McCain es partidario de integrar a los inmigrantes, dice que los problemas ambientales exigen acciones de gobierno y se resiste a declarar la guerra cultural contra el Estados Unidos laico. Incluso critica a los bancos y la industria farmacéutica.

Eso sí, el candidato republicano, héroe de la guerra de Vietnam, se declara partidario de la acción internacional unilateral y del uso ilimitado del poder militar. Busca la “victoria” en Irak y está dispuesto a atacar Irán. Sin embargo, la opinión pública piensa hoy que la guerra de Irak fue un grave error, y muestra escaso entusiasmo por nuevas aventuras. Además, McCain ha confesado que entiende muy poco de economía, precisamente cuando la inflación y el desempleo crecientes, y la angustia económica en general, preocupan tanto al hombre de la calle. Su programa económico se reduce a un fundamentalismo de mercado apenas modificado.

Ahora bien, los estadounidenses, independientemente de lo que digan al acabar el invierno, se reservan el derecho a votar otra cosa distinta en noviembre. Los sondeos actuales dan a Clinton y Obama un ligero margen de ventaja sobre McCain. Pero la elección, cuando los demócratas hayan escogido por fin a su candidato, será muy apretada.

Es imposible medir los efectos de la relativa juventud y la mezcla étnica de Obama, del papel de Clinton como mujer y de la edad y la condición de blanco protestante de McCain, en una sociedad joven y cada vez más multicultural. Los historiadores discuten aún sobre las elecciones de los dos siglos anteriores, y ésta no será distinta.

La coalición republicana se formó a partir de la victoria de Eisenhower sobre los herederos de Franklin Roosevelt en 1952. Sus tres grandes componentes son los tradicionalistas cultura les y religiosos (tanto católicos como protestantes), los que piensan que el mercado es más eficaz (y más justo) que el Estado como última instancia económica, y los que consideran que el país tiene el deber y el derecho de ejercer la hegemonía en el mundo. Existe un cuarto elemento muchas veces inconfeso: la resistencia a la igualdad de los negros y su integración en la economía y la sociedad.

La eficacia de la coalición se ha visto aumentada por su extraordinaria capacidad de movilización cultural y social, por los servicios prestados por los gobiernos republicanos a los intereses económicos, étnicos, ideológicos y regionales más variados y por el hecho de que los medios de comunicación han aceptado de forma casi absoluta la versión republicana de la historia reciente. A pesar de la oposición de los republicanos al “gran gobierno”, son ellos quienes han aumentado de forma sistemática los poderes de la presidencia de EE UU, que han ocupado durante 36 de los 56 años transcurridos desde 1952.

Las mayorías de las que históricamente disfrutaban los demócratas en el Congreso se han ido reduciendo poco a poco, pero además, en las últimas décadas, cuando los demócratas han dominado las Cámaras, muchos de ellos han aceptado las premisas políticas de los republicanos, hasta el punto de llegar a bloquear iniciativas de su propio partido. Eso es lo que ha convertido la mayoría demócrata actual en el Congreso en un grupo que protesta ruidosamente… para luego aceptar con pasividad las medidas de la Casa Blanca.

Ahora, la coalición en la que debe apoyarse un candidato republicano para poder vencer está desgarrada y parece exhausta. Los tradicionalistas culturales y religiosos se han ganado la antipatía de la mayoría de los ciudadanos con su hipocresía y su agresividad, así como con su oposición a los avances en investigación médica. Las amenazas económicas que se ciernen sobre la existencia de decenas de millones de familias son demasiado serias como para responder con referencias despreciativas al sistema de bienestar social europeo. La idea de la omnipotencia de Estados Unidos se ha desvanecido en Afganistán e Irak, y la población es consciente de que el mundo no va a considerar la retirada de Bush como una tragedia. (Los neoconservadores llegaron más tarde a la coalición y, en cualquier caso, su compromiso fundamental es con Israel).

No obstante, los demócratas se han mostrado demasiado dubitativos y lentos a la hora de proponer alternativas. Obama se ha presentado como el líder que encabezará la búsqueda nacional de un nuevo consenso político, como alguien diferente dentro de su partido. Pero más de uno de cada 10 estadounidenses cree que es musulmán y, por tanto, inaceptable, y muchos demócratas de clase obrera le tienen miedo por ser negro.

Los hombres blancos han votado siempre, en su mayoría, a presidentes republicanos. Se sienten amenazados por la independencia de sus esposas y sus hijas, el traslado de sus puestos de trabajo en las fábricas a otros países y los vecinos que de pronto hablan español… y reaccionan ante ese desposeimiento cultural y económico con indignación. Han aceptado la explicación de que los responsables de sus problemas no están en Wall Street sino en Harvard. La historia personal del veterano de Vietnam le permite simbolizar las virtudes que estos votantes -muchos de los cuales lucharon en aquella guerra- consideran mancilladas. Lo sorprendente es que la oposición al belicismo de McCain está muy extendida entre los altos mandos militares, tanto en activo como retirados.

Es posible que las propias fisuras en la coalición republicana le permitan a McCain crear una nueva. No tiene por qué durar mucho; sólo hasta la medianoche del 4 de noviembre. Los diversos grupos republicanos, al final, terminarán votando por él. Los que preferirían a un presidente más activo en su cristianismo tal vez se conformarán con el apoyo profano que pueden obtener de una Casa Blanca republicana. Los que tienen unas ideas económicas que empiezan y acaban con la bajada de impuestos y la reducción del gasto público temerán lo que pueden costar las ideas de solidaridad social de los demócratas. Y los que se identifican con el poder de Estados Unidos verán en McCain la personificación de la fuerza nacional. Con esa capacidad de atraer a demócratas e independientes, McCain tiene grandes posibilidades de ser elegido. (El País, 16/03/08)

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El candidato republicano John McCain

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Wednesday, March 12, 2008

Al Qaeda


A los cuatro años de los atentados de Madrid y condenados en primera instancia los autores materiales del mismo, cabe preguntarse que es lo que los españoles sabemos de Al Qaeda. Y la impresión es que no mucho. Una de las personas que más sabe sobre terrorismo internacional en España es el profesor Fernando Reinares, director del Programa sobre Terrorismo Global del Real Instituto Elcano, catedrático de Ciencia Política y Estudios de Seguridad de la Universidad Rey Juan Carlos y miembro del Council on Global Terrorism. Hoy escribe un interesante artículo en El País titulado “¿Existe o no existe Al Qaeda?”, que es un excelente resumen sobre la situación actual de esa organización terrorista. Dos apuntes tangenciales: Ya comienzan a dejar caer que la victoria de Zapatero está “teñida de sangre” (un cargo del PP orensano y otro de ATI-CC en Tenerife), y el cardenal-arzobispo toledano reinsiste en que el gobierno socialista lleva a España “a la ruina”. Eso, a los dos días de las elecciones… Nunca mejor dicho: Dios los cria y ellos se juntan… Sean felices. (HArendt)

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Osama Bin Laden y su segundo, en algún lugar de Afganistán


“¿Existe o no existe Al Qaeda?”, por Fernando Reinares.

Aunque algunos expertos consideran que hoy es más una ideología que una organización, Al Qaeda sigue existiendo. Aún más, está potenciando su propaganda y alcanzando acuerdos con grupos afines.

Desde hace algunos años se escucha o se lee con frecuencia, como si de un hecho irrefutable se tratara, que Al Qaeda ya no existe. Se aduce que ha dejado de ser una organización para convertirse en una ideología o que ha dejado de ser una organización para convertirse en un movimiento. Igualmente se afirma que el conjunto del terrorismo yihadista ha evolucionado hacia entidades amorfas e independientes. Que, como consecuencia, la amenaza ya no emana de Al Qaeda, sino de grupos locales independientes o de células autoconstituidas, de precaria articulación interna, que intentan emularla y que formarían un disperso entramado de yihad global sin liderazgo. Pero las cosas no son exactamente así.

Esos argumentos invitan desde luego a que nos interesemos en una serie de cambios recientes por los cuales parece haber atravesado Al Qaeda, ahora parte de un conjunto más amplio y diversificado de actores que, aunque heterogéneos, en lo fundamental comparten sus mismos planteamientos. Pero al mismo tiempo tales argumentos adolecen de imprecisión y suscitan no pocos equívocos, que a su vez pueden afectar, distorsionándola, nuestra percepción sobre la actual urdimbre del terrorismo global. Como también pueden distorsionar la valoración que se haga sobre los retos para la seguridad nacional o la paz mundial inherentes a este fenómeno tan inusitadamente extendido dentro y fuera del mundo islámico.

El caso es que Al Qaeda continúa existiendo, si bien se ha transformado a lo largo de los últimos años. Más concretamente, tras haber perdido el santuario del que disfrutó en Afganistán, al amparo de los talibanes, entre mediados de los años noventa y el otoño de 2001. Entonces fue cuando tropas estadounidenses, con la aquiescencia de la comunidad internacional, invadieron dicho país, reaccionando con medios militares a los atentados ocurridos semanas antes en Nueva York y Washington. Hasta ese momento, aquella estructura terrorista dispuso en suelo afgano de una amplia infraestructura, incluyendo campos destinados al adoctrinamiento ideológico o la capacitación en el uso de armas y explosivos.

Una vez que estas instalaciones fueron destruidas y buena parte de sus miembros cayeron muertos, fueron capturados o emprendieron la huida, Al Qaeda quedó seriamente debilitada. Pero consiguió reubicarse al otro lado de la frontera, más concretamente en las áreas tribales de Pakistán y, por extensión, los territorios colindantes de Afganistán. Allí es desde donde sus máximos dirigentes esperaban que, tras haber provocado a los Estados Unidos y una vez que tropas de este país hubiesen entrado en Afganistán, masas de musulmanes se movilizarían a su favor en todo el mundo islámico. Las cosas no ocurrieron de ese modo, pero tampoco Al Qaeda desapareció. Más bien se transformó, obligada por las nuevas circunstancias.

Pero no sólo eso. Al Qaeda ha dado muestras de una gran resistencia, se ha regenerado y su situación organizativa es en la actualidad de una relativa robustez. Aun cuando no pocos de sus dirigentes han sido detenidos o abatidos desde 2002, sobre todo pero no exclusivamente en Asia del Sur y Oriente Medio, el núcleo de liderazgo se ha reconstituido en distintas ocasiones y permanece básicamente asentado en la zona fronteriza de Pakistán con Afganistán. Incluidos Osama Bin Laden y el segundo en la jerarquía de autoridad, Ayman al Zawahiri. Ambos estarían acompañados en esa misma demarcación por otros destacados subalternos y, por debajo de ellos, entre algunos centenares o quizá incluso unos pocos miles de miembros propios.

Al Qaeda dispone además de tramas y células con capacidad operativa, así como de un reseñable elenco de intermediarios y colaboradores, fuera de aquella zona donde se localiza su nueva base de operaciones. Más concretamente, en Asia Central y el sudeste asiático, Oriente Medio y la región del Golfo, el este de África o el norte del Cáucaso, por ejemplo. La presencia de miembros destacados de aquella estructura terrorista en esas regiones obedece en parte al hecho de que muchos de ellos se dispersaron tras la pérdida del santuario afgano a finales de 2001. Durante los años 2006 y 2007, individuos con esas características fueron detenidos o abatidos en países como Rusia, Turquía, Líbano, Jordania, Yemen o Kenia.

Eso sí, a lo largo de los últimos años, Al Qaeda ha venido subsanando su nuevo estado, como remanente de la estructura terrorista que existía antes del 11-S, con una extraordinaria campaña de propaganda a través de canales de televisión vía satélite y sobre todo de internet. Lo cual no significa que haya dejado de ser una organización para convertirse en una ideología, como tan a menudo se sostiene. Se trata de una estructura terrorista hoy sustancialmente recuperada y que mientras tanto ha dedicado una atención especial a tareas de producción y reproducción ideológica, como referencia para sí misma, otros componentes insertos en las redes del terrorismo global y, por supuesto, la población a la que se dirige.

Aunque las capacidades operativas de Al Qaeda no sean ahora las mismas que en el pasado, han vuelto a ser considerables. Sus dirigentes continúan empeñados en tareas de financiación y reclutamiento, en la formación de adeptos con muy diversos orígenes gracias a nuevos campos de entrenamiento, o en la consolidación de alianzas y la difusión transnacional de tramas afines. Han logrado establecer extensiones territoriales en la Península Arábiga -a partir de sus propios elementos-, en Irak y más recientemente en el Magreb -por medio de acuerdos con organizaciones preexistentes en esos dos ámbitos-. Asimismo, han logrado que Al Qaeda absorba algunos grupos yihadistas y estreche vínculos con cerca de una veintena de otros.

Pero esos mismos dirigentes continúan también empeñados en la planificación de atentados dentro y fuera de las zonas tribales de Pakistán o las áreas colindantes de Afganistán. En estas, para las que disponen de un mando específico de operaciones, a menudo actúan en colaboración con los talibanes, colectivos foráneos de yihadistas e incluso algún señor de la guerra local que ha ofrecido sus servicios. Fuera de ese conflictivo escenario, el control que Al Qaeda ejerce sobre la planificación y ejecución de atentados parece ser mucho más limitado, aunque mantenga otro mando para operaciones externas y continúe aspirando a perpetrar algunos espectaculares, sobre todo, pero no exclusivamente, contra blancos occidentales.

Sin embargo, desde el 11-S se han registrado distintos episodios en los que esa estructura terrorista ha tenido una participación que fue más allá de la mera instigación. Entre ellos, los de abril de 2002 en la isla tunecina de Yerba, noviembre de 2003 en Estambul o julio de 2005 en Londres, además de otras tentativas fallidas. Quizá también el 11-M, cuestión ésta que aún no está cerrada. Según los casos, Al Qaeda puede implicarse bien para que en la realización de un atentado intervengan individuos bajo su inmediato control, bien para que lo hagan otros integrados en sus propias extensiones territoriales o en los grupos y las organizaciones afines, que a su vez pueden movilizar retículas locales ad hoc para culminar sus intenciones.

En suma, Al Qaeda ha compensado su minoración con la diseminación de propaganda, pero no es una mera ideología. Ha compensado su fragmentación mediante el establecimiento de extensiones territoriales y la intensificación de ligámenes con organizaciones afines, pero no se ha diluido en el movimiento yihadista global. Ha compensado sus restricciones operativas contribuyendo a las actividades de esos otros actores colectivos, que hoy perpetran la inmensa mayoría de los atentados atribuibles al terrorismo global, pero tiene renovadas capacidades. Conviene, claro está, no desdeñar el desafío de grupúsculos y células locales aparentemente independientes, especialmente en las sociedades occidentales. Ahora bien, sin tomar esta parte por el todo, olvidando que Al Qaeda no ha dejado de existir. (El País, 12/03/08)

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El profesor Fernando Reinares

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Wednesday, January 23, 2008

Vienen para quedarse

A pesar de haber trabajado cuarenta años en la banca nunca me ha preocupado lo más mínimo el mundo de las finanzas ni el bursátil. Aprendí lo suficiente como para saber que hay que vender cuando suenan los violines y comprar cuando rugen los cañones… Sigo pensando que es cierto. Los analistas no tienen ni idea del “por qué”, real, del batacazo bursátil mundial de estos días, así que no seré yo quién intente explicarlo. El dinero es miedoso por naturaleza, pero ésa no parece una razón suficiente ¿o sí? Lo que parece claro para esos mismos analistas, por ejemplo, el norteamericano Nathan Gardels, redactor jefe de la revista NPQ y de Tribune Media Services, o el Jefe de Internacional de El País, Lluís Bassets, es que el poder económico y financiero se está desplazando irreversiblemente hacia oriente: los chinos han llegado, pero no se hagan ilusiones; vienen para quedarse… Sean felices a pesar de todo. (HArendt)

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El pánico tumba las Bolsas

“Las visibles costuras de la globalización”, por Nathan Gardels

El perfil de un modelo inequívoco de modernización no occidental y la pujanza de los mercados emergentes como China y Brasil están cambiando sustancialmente el orden establecido por las grandes potencias

Mientras la élite mundial se reúne en Davos para reflexionar sobre “Innovación y colaboración” -el tema de este año- y estudiar cómo puede ayudar a unir al mundo, varios desafíos de un gran y amplio alcance sugieren que la tendencia actual es muy distinta e incluso opuesta.

En primer lugar, estamos presenciando el final del “final de la historia” a medida que se perfila un modelo inequívoco de “modernización no occidental”. En segundo lugar, 20 años después de que se produjera el deshielo del orden de la guerra fría, el mundo está volviendo a dividirse en un bando democrático y un bando no democrático. Y en tercer lugar, está cada vez más claro que los mercados emergentes que se apoyaban en las exportaciones, como China y Brasil, están alcanzando un nivel de consumo interno suficiente para “separarse” de las economías ricas y seguir creciendo incluso ahora que se tambalea hacia una recesión.

El cronista más destacado de la modernización no occidental es Kishore Mahbubani, el antiguo e irascible representante especial de Singapur ante Naciones Unidas y hoy decano de la Escuela de Política Pública Lee Kuan Yew. En el libro que acaba de publicar, The New Asian Hemisphere: The Irresistible Shift of Global Power to the East (El nuevo hemisferio asiático: el irresistible traspaso del poder mundial a Oriente), Mahbubani escribe: “En Occidente, muchos quieren creer que esta explosión actual de antiamericanismo no es más que una fase pasajera, causada por las duras e insensibles políticas de un Gobierno. Cuando Bush se vaya, todo cambiará y el mundo volverá a querer a Estados Unidos. Occidente volverá a ser objeto de veneración. Pero ése es un espejismo”.

Si antes los chinos, los musulmanes y los indios “tomaban alegremente prestadas las lentes y las perspectivas culturales de Occidente” para ver el mundo a través de ellas, ahora “tienen una seguridad cultural creciente en sí mismos y sus percepciones se alejan cada vez más”.

Como prueba de este cambio, Mahbubani no sólo recurre a las conocidas estadísticas económicas sobre el crecimiento en India y China, sino que cita además el aumento, en calidad y cantidad, de universidades asiáticas de primera categoría y el ascenso creíble del “sueño chino” como modelo para los países en vías de desarrollo. Toma nota asimismo del eclipse de series de televisión estadounidenses como El show de Lucille Ball y Dallas, en otro tiempo omnipresentes y ahora sustituidas por los dramas de la dinastía Qing, los popularísimos culebrones modernos coreanos y las epopeyas de Bollywood, que tienen éxito en el mundo musulmán por “el espíritu de inclusión y tolerancia” que domina la mentalidad india.

Mientras Occidente ve el mundo en blanco y negro y habla del “imperio del mal y el eje del mal”, dice Mahbubani, “la mente india es capaz de ver que el mundo tiene muchos colores distintos”, lo cual hace que los orientales sean unos “custodios de la civilización humana” más auténticos que los occidentales.

Es posible que el camino hacia este nuevo Oriente haya tenido que pasar por Occidente, pero, ahora que Oriente ha llegado a su destino, el futuro se construirá con arreglo a sus propios términos. En uno de sus fragmentos más perspicaces, Mahbubani escribe: “La gran paradoja de los intentos fallidos de exportar la democracia a otras sociedades por parte de Occidente es que, en el sentido más amplio del término, Occidente sí ha conseguido democratizar el mundo”.

Para este diplomático de Singapur, incluso China, que para Occidente es un país antidemocrático, ha dado poderes a sus ciudadanos y les ha convertido en “dueños de su propio destino”, gracias a las nuevas libertades económicas. Sin embargo, en vez de celebrar esta “democratización del espíritu humano”, Occidente les reprocha sus “prácticas electorales imperfectas” porque teme lo inevitable: que una verdadera democracia en todo el mundo derribaría a Occidente de su pedestal.

Como es natural, hay un factor importante en esta cuestión que son las diferencias entre democracia liberal y democracia no liberal, pero no cabe duda de que Mahbubani tiene razón al hablar del histórico giro general que está produciéndose.

Un aspecto que está estrechamente relacionado con la nueva reafirmación cultural de Oriente es lo que la ex secretaria de Estado norteamericana Madeleine Albright considera “el endurecimiento del cemento entre los mundos democrático y no democrático”. “Quizá lo que indica el futuro son las falsas democracias o autocracias de Putin y Chávez”, lamentaba en una conversación reciente, “más que gente como Walesa, Havel y Mandela, que fueron precursores de la democracia en su época”. Por ahora, el ingrediente que endurece el cemento es el petróleo, pero hay que preguntarse, como hizo el futurista Alvin Toffler hace unas semanas, durante una visita a Moscú, ¿cómo es posible que Rusia progrese mediante la centralización del Estado y la restauración de la nomenklatura en una era de la información en la que el reparto de poder y la descentralización son las claves del éxito?

En cualquier caso, la respuesta de Albright para impedir esta nueva división mundial es reforzar las alianzas entre Estados Unidos y Europa para promover la democracia, “porque somos los que más cosas tenemos en común”. Para Rusia y China, el objetivo fundamental de la Organización de Shanghai para la Cooperación, en la que están unidas, es mantenerse firmes frente a iniciativas de ese tipo de la potencia hegemónica en declive y sus antiguos aliados colonialistas, que tratan de aferrarse a un poder que está trasladándose a Oriente.

Por último, cualquiera que llore las pérdidas de su cartera de valores en los mercados estadounidenses, en comparación con los internacionales, tiene que ser consciente de las diferencias, cada vez mayores, entre los que están sufriendo una desaceleración y los que están despegando. El Banco Mundial prevé que el crecimiento en los países de rentas altas en 2008 será del 2,2%. Los países en vías de desarrollo crecerán un 7,1%, el sur de Asia un 7,9%, el este de Asia un 9,7% y China un 10,8%.

A partir de estos datos, varios analistas de inversiones de Hong Kong afirman que China ha superado un umbral crítico y ya puede “separar” su suerte económica de los problemas financieros de Occidente, es decir, mantener su ritmo de crecimiento e inversiones a pesar de la recesión que se avecina en Estados Unidos. Algunos expertos van más allá y creen que las economías emergentes, especialmente China, pueden convertirse en la “locomotora” de la economía mundial que antes era Estados Unidos. Esta nueva realidad describe otro movimiento de placas tectónicas con el que contar a medida que nos adentramos en el siglo XXI.

Ninguna de estas cosas significa que la globalización esté desintegrándose, aunque las costuras son cada vez más visibles desde todos los puntos de vista, cultural, político y económico. Desde luego, las acciones comunes a propósito del calentamiento global, que afecta a todo el mundo, no van a dejar de llevarse a cabo. Pero el orden mundial que vemos aparecer es muy distinto del que el Hombre de Davos -el famoso nombre que el profesor de Harvard Sam Huntington dio a la élite globalizadora que se reúne cada año en el Foro Económico Mundial- se ha acostumbrado a contemplar. (Diario El País, 22/01/08)

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La ciudad de Shanghái (China)

“Crisis, desaceleración, recesión…”, por Lluís Bassets

Mucho me temo que lo que se nos está viviendo encima está cargado de novedades que todavía no hemos alcanzado a interpretar. Hay muchos elementos distorsionantes. El primero de todos, el clima político pre electoral que hay en España, que lleva a unos a disparar todas las señales de alarma y a los otros a intentar templar y mandar como si aquí no pasara nada. Con las cifras en la mano llevan razón los segundos: para que se pueda hablar de recesión la economía debe encogerse durante dos trimestres seguidos. Aunque aquí, con que se nos encoja el ánimo, ya podemos hablar de recesión. También hay que reconocer que la teoría de la desaceleración, bien diferenciada de la recesión inexistente, de poco o nada sirve a quien se ha quedado sin trabajo o a quien ha perdido parte de sus ahorros en la bolsa. Y ahí es donde quiere auparse el PP. Llámele como quiera, recesión o desaceleración, pero esto es una crisis como la copa de un pino y el Gobierno en éste y en todos los casos es quien tiene la culpa. Lo pregonan los precios de los alimentos, el incremento de las hipotecas, las cifras del paro, el repunte inflacionario y el argumento más importante, inventado hace muchos años en Italia: ¿piove?, ¡porco governo¡

Bush padre perdió la reelección en 1991 gracias a la crisis, mientras que Clinton se benefició de la recuperación iniciada ya cuando el perdedor estaba todavía en la Casa Blanca. Eso es a lo que aspira Rajoy, a que la crisis se lleve a Zapatero por delante y el pueda hacer surf sobre la recuperación. De ahí que sea necesario un esfuerzo de concentración enorme para conseguir que los votantes acudan a las urnas pensando que la recesión ya ha llegado aunque todavía se la espere o incluso aunque no llegue nunca a su destino. Todo es cuestión de convicción, persuasión y psicología. La economía también está tejida con estos mimbres. La caída ayer de las bolsas europeas, a la espera de lo que haga hoy Wall Street, que ayer cerraba por fiesta nacional, se atribuye a la falta de credibilidad de Bush. Por bueno que sea el paquete de estímulo y por amplio que sea el consenso, la experiencia demuestra que si se ha hecho todo mal hasta ahora lo que se haga a partir de ahora seguirá haciéndose mal. Descalificado para resolver la guerra de Irak; arruinado por la gestión del huracán Katrina; enfangado en la política antiterrorista; desautorizado por sus propios espías sobre la confrontación con Irán, y unas vez demostrado día a día, también ayer con el corte de energía para Gaza, que no lleva a ninguna parte su plan de paz para Israel y Palestina preparado en Annapolis, ¿quién iba a creer que pudiera preparar un paquete de estímulo eficaz y solvente?

Así es como están las cosas, y si todos estos razonamientos son exactos quiere decir que muy mal, porque mientras el pato cojo no se haya ido nada tendrá remedio. También puede suceder lo contrario, que unos y otros razonamientos sean especulaciones y análisis parciales. En Francia estamos viendo cosas que nos permiten establecer algunos puntos de analogía: Sarkozy se persuadió a sí mismo con la idea de que su llegada al Elíseo, más algún pequeño toque sin coste político, produciría el milagro de hacer arrancar la economía e incrementar la capacidad de compra de los franceses: el pato cojo era Chirac. Pero por más esfuerzos de concentración que hizo para que sus deseos se hicieran realidad se encontró con la agradable sorpresa de que se le hacían realidad otros deseos no tan buenos para los franceses pero óptimos para él. Dijo que no podía hacer milagros porque no hay dinero en la caja y empezó a dedicarse a la dolce vita.

Pero regreso al punto de partida. Estamos viendo cosas extraordinarias que deberán obligarnos a reflexionar sobre una crisis hipotecaria que ha empezado en el corazón del capitalismo, en el sistema bancario norteamericano. Ha sucedido por un pésimo control de la información y de las garantías de las hipotecas, algo impropio de una economía tan moderna como la norteamericana. Pero se ha complicado por la sofisticación con que se ha financiado este tipo de hipotecas, a base de fondos de inversión de riesgo, formados por paquetes mixtos con otros productos más solventes a los que ha contaminado. Este es uno de los elementos más peligrosos, puesto que nos impide ver el fondo del pozo: no sabemos hasta dónde llegan las hipotecas basura. A ello hay que añadir la titulización de las compras con tarjeta de crédito e incluso del crédito para la compra de automóviles, en los que se suman los dos elementos: la falta de información y garantías y la sofisticación del producto financiero. La propia salida de la crisis está llena de novedades: los fondos soberanos de países productores de petróleo son los que están salvando por el momento a muchos bancos en crisis. Y encima, si la economía norteamericana entra en recesión, nos podemos encontrar con otra novedad: que no haya recesión mundial, porque sean las economías asiáticas las que tiren del conjunto. La fuerza del crecimiento asiático es tal que incluso puede suceder que impida la llegada de la recesión. No podría terminar esta nota sin dejar constancia de la conjetura más apocalíptica, que todavía nadie ha esgrimido: que la crisis sea tan fuerte que llegue a afectar también a las economías asiáticas y sobre todo a China. Invito a los lectores a que hagan sus predicciones y apuestas. (Diario El País, 22/01/08)

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Thursday, December 27, 2007

Benazir Bhutto, asesinada

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Benazir Bhutto, lider política pakistaní

Muere en un atentado la ex primera ministra paquistaní Benazir Bhutto. La líder de la oposición aspiraba a dirigir de nuevo el Gobierno tras las elecciones legislativas del 8 de enero

La ex primera ministra paquistaní y líder de la oposición Benazir Bhutto ha muerto víctima de un terrorista suicida al término de un mitin electoral de su partido, el Partido Popular de Pakistán, en la localidad paquistaní de Rawalpindi. En el atentado han resultado muertas al menos otras 15 personas. Bhutto aspiraba a dirigir de nuevo el Gobierno de Pakistán, ya que era una de las candidatas a primera ministra en las elecciones legislativas previstas para el 8 de enero. El presidente, Pervez Musharraf, ha condenado el atentado, ha decretado tres días de luto y ha puesto en alerta máxima a las fuerzas armadas por los conatos de violencia que se han producido tras el magnicidio.

Bhutto, de 54 años, ha muerto en el hospital de Rawalpindi, donde había sido trasladada por las heridas que había sufrido. La información es aún confusa: algunas fuentes sostienen que ha recibido un disparo en la cabeza; otras, que ha sido alcanzada por la metralla de la bomba que portaba el terrorista suicida.

Según la versión de la policía, el terrorista suicida ha disparado contra la comitiva de Bhutto cuando ésta salía del mitin junto a otros miembros de su partido y después se ha inmolado junto a ellos. Además de Bhutto, otras varias personas más han muerto: 15 ó 16, según las fuentes. Su consejero de seguridad, Rehman Malik, ha explicado que Bhutto fue alcanzada por dos disparos -uno en la cabeza y otro en el cuello- cuando se disponía a subir en su coche. Tras los dos disparos, el asaltante se ha suicidado.

No era el primer intento de asesinar a Bhutto, que fue primera ministra de Pakistán entre 1988 y1990 y entre 1993 y 1996, la primera mujer que accedía a la jefatura de Gobierno de un país islámico. El pasado 18 de octubre, cuando volvía de un exilio de varios años en Inglaterra, su caravana de bienvenida que paseaba por Karachi fue objeto de un ataque suicida que se cobró la vida de más de 140 personas. En aquella ocasión salió ilesa.

El Consejo de Seguridad de la ONU ha convocado una reunión de urgencia para tratar la situación en Pakistán tras la muerte de Bhutto. Mientras, Musharraf ha puesto en máxima alerta a las fuerzas de seguridad para controlar cualquier altercado. Ya se han producido algunos conatos y la policía ha tenido que actuar en Karachi e Islamabad.

Lucha con Musharraf. Pese a que Musharraf ha aparecido en televisión para llamar a la “paz” en Pakistán y condenar el asesinato de Bhutto, lo cierto es que ambos libraban una dura pugna en el país. Bhutto iba a intentar repetir al frente del Gobierno paquistaní como candidata a primera ministra en las elecciones legislativas del 8 de enero. Estas elecciones llegan finalmente tras una crisis política que ha puesto al país al borde del caos. El problema comenzó cuando, en octubre, las asambleas provinciales eligieron a Musharraf para un nuevo mandato como presidente. La oposición, incluido el partido de Bhutto, impugnó esta elección ante el Supremo, considerándola ilegal porque Musharraf era militar.

Antes de que el Supremo se pronunciara, Musharraf purgó la institución, relevando a todos aquellos no afines, incluido el presidente. Las protestas por estos manejos se extendieron y el presidente, para evitarlo, decretó el estado de excepción el 3 de noviembre, que no levantó hasta el 16 de diciembre. Entretanto, se produjeron disturbios y miles de detenciones de partidarios de los partidos de oposición. Finalmente, el Supremo, ya convenientemente diseñado, rechazó los recursos contra la elección de Musharraf, dando vía libre a su toma de posesión, que llevó a cabo un día después de abandonar su puesto de comandante del ejército.

Antes de verse obligado a decretar el estado de emergencia, Musharraf pactó con Bhutto un reparto de poder por el que ella sería primera ministra y él presidente, pacto que no fue aplicado en ningún momento por el deterioro de la situación en el país. Incluso la ex primera ministra fue puesta en arresto domiciliario un par de veces. También apareció en escena el ex primer ministro Nawaz Sharif, el hombre al que Musharraf derrocó en 1999 en un golpe de Estado incruento. Sharif también se postuló como candidato a las legislativas de enero.

Antes de su exilio a principios de 1999, Bhutto, nacida en junio 1953, representó un papel muy importante en la escena islámica. Fue la primera mujer en regir los destinos de un Estado islámico cuando en 1988 a la edad de 35 años se convirtió en jefa del Gobierno de Pakistán tras tomar el testigo de su padre, Zulkifar Ali Bhutto. Sin embargo, nunca alcanzó el éxito que se esperaba. Los dos Gobiernos (1988-90 y 1993-96) que encabezó no llegaron a completarse y no pudo cumplir sus mandatos, acosada por acusaciones de corrupción y presionada por una fuerte oposición. Una situación que propició que optase por exiliarse en 1999.

Los problemas con los líderes militares de su país son una constante en la carrera política de Bhutto. Tuvo que hacerse cargo de la dirección del Partido Popular de Pakistán (PPP) cuando el dictador Zia ul-Haq ejecutó a su padre. Desde entonces intentó aplicar sus enseñanzas universitarias en ciencias políticas recibidas en Harvard y Oxford dentro del partido que representaba la defensa más importante de la democracia paquistaní. Durante años al frente del partido sufrió largos periodos de prisión y arresto domiciliario.

El pasado 18 de octubre, Bhutto regresó a Pakistán tras ordenar Musharraf el cierre de varios procesos contra ella por corrupción. Pese a repudiar la “dictadura” del presidente paquistaní durante años, Bhutto había llegado a un acuerdo de reparto de poderes pactado con los militares. Algo que no sentó bien entre algunos de sus fieles seguidores aunque ella se describiera como la “líder de los pobres”.

El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, ha condenado “duramente este ataque cobarde” y ha instado a los paquistaníes a honrar la memoria de Benazir Bhutto continuando con el proceso democrático. En una declaración desde un hangar adyacente a su rancho de Crawford (Texas), Bush ha subrayado que “Estados Unidos está al lado de los paquistaníes en su lucha contra las fuerzas del terror y el extremismo”. “Estados Unidos condena con dureza este ataque cobarde por parte de extremistas asesinos que están intentando debilitar la democracia paquistaní”, ha declarado el presidente estadounidense, que no admitió preguntas tras su intervención. Bush ha trasladado sus condolencias a las familias de los fallecidos en el atentado que ha costado la vida a la ex primera ministra y a todos los paquistaníes; asimismo, ha señalado que quienes lo han perpetrado deben ser llevados ante la justicia.

El ex primer ministro paquistaní Nawaz Sharif, ha prometido “continuar la lucha” de Benazir Bhutto a favor de la democracia. Varios seguidores de Sharif, que al igual que Bhutto acaba de regresar al país tras varios años de exilio para participar en las elecciones legislativas de enero, han sido tiroteados después de que el líder opositor pronunciara un mitin en Islamabad; cuatro personas han muerto.

El portavoz de Asuntos Exteriores ruso, Mikhaïl Kamynine, ha presentado sus condolencias al pueblo paquistaní por el asesinato de la ex primer ministro, Benazir Bhutto. “Esperamos que la dirección del país tome las medidas necesarias para asegurar la estabilidad del país”, ha declarado el portavoz

Las autoridades indias han señalado que el asesinato de Bhutto es una tragedia y un terrible golpe para el proceso democrático. “Con su muerte, el subcontinente [indio] ha perdido a una prominente líder que trabajaba en favor de la democracia y de la reconciliación en su país” ha declarado Sanjaya Baru, portavoz del primer ministro indio, Manmohan Singh. El ministro de Exteriores, Pranab Mukherjee ha abundado en “la conmoción y horror” causadas por el asesinato. “Este bárbaro ataque terrorista es particularmente trágico”, ha señalado, alabando la “contribución a la democracia” y a la “mejora” de las relaciones con la India de la líder del Partido Popular de Pakistán (PPP).

El presidente francés, Nicolas Sarkozy, ha condenado el atentado calificándolo de “acto odioso”. La presidencia francesa ha informado de que Sarkozy, de vacaciones en Egipto, ha remitido una carta al presidente paquistaní, Pervez Musharraf, en la que afirma que Bhutto “ha pagado con su vida su compromiso con sus conciudadanos y la política de su país”. El ministro francés de Exteriores, Bernard Kouchner, también ha condenado a través de su gabinete el “odioso acto” que ha costado la vida a Butto, manifestando además la “gran conmoción” que le ha causado el fallecimiento de la ex primera ministra paquistaní.

El primer ministro británico, Gordon Brown, ha lamentado que la líder opositora paquistaní Benazir Bhutto haya sido asesinada “por cobardes que temen a la democracia”. “Este es un día triste para la democracia. Es una hora trágica para Pakistán”, ha señalado el jefe del Gobierno británico, quien describió a Bhutto como “una mujer de inmenso coraje” que “arriesgó su vida en un intento de conseguir democracia para Pakistán”.

El presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, ha enviado un telegrama al jefe del Estado paquistaní, Pervez Musharraf, en el que condena el atentado y muestra sus condolencias en un momento de “indignación y profundo dolor”. En el telegrama, Zapatero expresa a Musharraf “la más firme condena ante el salvaje atentado terrorista” y pide al presidente pakistaní que traslade las condolencias del pueblo y del Gobierno españoles a las víctimas de este crimen y a sus familias. Además, el presidente español ha subrayado que España tiene “la determinación de colaborar estrechamente con Pakistán en la consolidación de la democracia y la erradicación del terrorismo”.

El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, ha señalado que el asesinato de Bhutto es un “ataque contra la democracia y contra Pakistán”. “La Comisión Europea condena en los términos más firmes este atentado terrorista sin piedad cometido menos de dos semanas antes de las elecciones. Es una ataque a la democracia”, ha resaltado Durao Barroso en un comunicado. Por su parte, el Alto Representante de la UE para la Política Exterior y de Seguridad Común, Javier Solana, se ha mostrado consternado por el “despreciable” asesinato de la ex primera ministra paquistaní y ha afirmado que se trata de un ataque que persigue la desestabilización del país. En un comunicado, Solana ha reconocido estar muy preocupado por estos sucesos y ha pedido a los paquistaníes que se abstengan de recurrir a la violencia y que continúen con el proceso de reconciliación nacional en marcha.

El ministerio iraní de Exteriores a ha instado a las autoridades paquistaníes a perseguir a los “terroristas” que han cometido el atentado. “Condenamos con firmeza la acción criminal de hoy en Rawalpindi”, ha subrayado el portavoz del minsiterio, Mohammad Ali Hosseini en los medios estatales. “El gobierno de Pakistán no debería escatimar ningún esfuerzo para identificar al grupo terrorista que está detrás (del atentado) y castigarle para evitar cualquier otra acción de este tipo”, ha añadido.

El presidente afgano, Hamid Karzai, ha condenado lo que considera “un acto de extrema brutalidad” perpetrado por los “enemigos” de Pakistán. “Condenamos de la forma más vigorosa este acto de cobardía de una inmensa brutalidad”, ha declarado Karzai en una rueda de prensa convocada de urgencia. “Lo siento profundamente, estoy muy afectado porque nuestra valiente hermana, esa formidable hija del mundo musulmán, no esté más con nosotros”, ha añadido el presidente de Afganistán.

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, también ha expresado su conmoción por el asesinato de Bhutto, que ha calificado de “asalto a la estabilidad” de Pakistán. “Condeno firmemente este odioso crimen y llamo a que los autores sean llevadfos ante la justicia lo antes posible”, ha señalado en un comunicado.

Agencias / El País, 27/12/2007.

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Thursday, November 29, 2007

Diplomacia, algarabía y silencio

Ha hecho fortuna la frase del rey Juan Carlos al presidente venezolano Hugo Chávez en la reciente Cumbre Iberoamericana de Santiago de Chile. El gran historiador norteamericano de origen británico Paul Kennedy, catedrático de Historia en la prestigiosa Universidad de Yale (New Haven, Connecticut) y director de su Instituto de Estudios sobre Seguridad Internacional, la utiliza como excusa para enhebrar un interesante artículo en El País de hoy sobre los hábitos de la diplomacia internacional actual.

Autor de una de las más grandes obras de Historia Contemporánea: Auge y caída de los grandes imperios, Paul Kennedy contrapone con cierta dosis de humor los diferentes estilos de hacer política, y más concretamente Diplomacia, que se ofrecen en la escena internacional actual y que el autor resume en tres categorías: la diplomacia espectáculo, hiperactiva y personalista de Chávez, pero también del francés Sarkozy, el norteamericano Bush o el iraní Ahmadineyad; la diplomacia de las pocas palabras, de la que pone como ejemplo al ruso Putin; y la diplomacia del silencio, ejemplificada en los dirigentes chinos aactuales e históricamente en la personalidad del creador de la Alemania contemporánea, el canciller Bismarck.

Kennedy concluye su artículo con una petición que estima de improbable cumplimiento: que los políticos habladores callen al menos por una semana. Creo que todos lo desearíamos, sobre todo en España, pero lo que no puede ser no puede ser… y además es imposible. Sean felices a pesar de todo. (HArendt)

No se puede mostrar la imagen “http://ppc.unl.edu/PolicySeminarSeries/pssgraphics/paulkennedy.jpg” porque contiene errores.
El historiador Paul Kennedy

  

“¿Por qué no se callan?”, por Paul Kennedy.

        No sólo Chávez debería escuchar la exhortación del rey de España. Otros políticos, como Bush, Sarkozy y Ahmadineyad, también tienen demasiada labia. Los chinos, en cambio, son discretos y consiguen mucho

        Fue una escena deliciosa y muy divertida, aunque es probable que, como consecuencia, unos cuantos profesionales de la diplomacia tengan que pasar varios meses trabajando para controlar los daños.

        Durante la importante cumbre de líderes iberoamericanos celebrada en Chile a principios de este mes de noviembre, la deseada solidaridad del mundo luso-hispánico se vio gravemente dañada cuando el efervescente Hugo Chávez emprendió un ataque personal contra el ex primer ministro español José María Aznar.

        Cuando el primer ministro actual, José Luis Rodríguez Zapatero, pidió respeto para su predecesor, Chávez siguió despotricando y profiriendo cada vez más insultos.

        Ante esta situación, el rey de España, el respetado y tolerante Juan Carlos, exclamó: “¿Por qué no te callas?”.

        Como pueden imaginarse los lectores, esta intervención real no surtió el menor efecto en el irrefrenable presidente de Venezuela, pero las palabras pronunciadas han causado un efecto perdurable en toda Latinoamérica y han proporcionado enorme satisfacción a los detractores de Chávez, cada vez más numerosos.

        “¿Por qué no te callas?”. Qué buena idea. ¿Por qué no prueba el incansable dirigente venezolano a permanecer en silencio, al menos durante un tiempo?

        Según The Financial Times, a Chávez el asunto no le ha hecho ninguna gracia. Sin embargo, es verdaderamente una buena idea. Aún más, ¿no sería un alivio para los oídos de la humanidad que los políticos, en general, hicieran menos comentarios -en forma de discursos, comunicados de prensa, entrevistas en los medios de comunicación- sobre la actualidad?

        En este aspecto, los peores son, seguramente, los estadounidenses. La pantomima electoral a la que estamos asistiendo, en la que individuos como Rudolph Giuliani, Mitt Romney, Barack Obama, Hillary Clinton, John Edwards y los demás sienten que es necesario que den su opinión sobre cualquier cosa, y que los medios de comunicación les citen varias veces al día, está haciendo que la gente empiece a pensar en tapones para los oídos. Y a los estadounidenses todavía nos queda un año de cháchara.

        Ahora bien, la Casa Blanca es igual de pesada, con sus sesiones de prensa diarias, los frecuentes discursos del presidente Bush (siempre ante públicos cuidadosamente escogidos) sobre cómo ganar la turbia guerra de Irak, y los altos funcionarios que vuelan sin cesar a otros países para promover los intereses estadounidenses en materia de comercio, proliferación de armamento, el programa nuclear iraní, la suerte de los palestinos, el futuro de Corea del Norte y otros diez o doce temas adicionales.

        No es que todos esos asuntos no sean importantes, pero el efecto de esa acumulación es el de un gigantesco espectáculo, mezcla de talk-show y juegos malabares, en el que las palabras pierden su significado, lo que importa son las apariencias y no hay tiempo para reflexionar.

        En Estados Unidos, incluso el tradicional descanso del séptimo día se ve interrumpido por los programas de entrevistas y debates políticos de los domingos por la mañana. Aunque también es verdad que la oportunidad de perderse todo ese ruido y esas tonterías hace que sea todavía más agradable asistir a unos callados servicios religiosos.

        La lista de políticos llenos de labia e hiperactivos puede muy bien extenderse a París, por ejemplo, donde nos enteramos de que los ministros y funcionarios que se ocupan de los asuntos exteriores y la economía las pasan canutas para estar al día de las incursiones verbales de Sarkozy en asuntos muy complejos y delicados y para explicar lo que ha dicho cada vez. ¿Y sería posible disfrutar de una semana en la que del entorno de Ahmadineyad no surgiera más que silencio?

        Hablar mucho y actuar demasiado no hace más que reducir la credibilidad de lo que uno pretende conseguir. En este sentido, la verdad es que respeto las declaraciones públicas de Vladímir Putin: secas y desalentadoras, sin duda, y a menudo llenas de advertencias dirigidas a Occidente, pero, por fortuna, poco frecuentes y sin histrionismos.

        Los maestros de ese arte casi olvidado de conseguir lo que uno quiere manteniendo la boca cerrada son los chinos. Sólo ofrecen sus opiniones cuando no les queda más remedio y preferiblemente en privado. Dirimen sus diferencias internas a puerta cerrada. Mientras no se trate de un asunto excepcionalmente delicado (como Taiwán), los dirigentes chinos son más partidarios de la diplomacia discreta que de la oratoria pública. Y suelen salirse con la suya.

        Me parece interesante observar que, aunque la República Popular de China ha utilizado su poder de veto menos que los otros cuatro miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, tampoco se ha mostrado indecisa. Los diplomáticos chinos se limitan a llevar a sus colegas de otros países por los pasillos del poder y a dejar entrever que, por ejemplo, no les gusta el lenguaje de un proyecto de resolución sobre Darfur, y, ¡voilà!, el lenguaje se modifica. Basta con insinuar discretamente que se podría utilizar el derecho de veto.

        A lo mejor es que los chinos han aprendido mejor que nosotros, los occidentales, la lección del gran dirigente alemán Otto von Bismarck. Por supuesto, el canciller decimonónico hablaba a veces en público (un ejemplo es su famoso discurso de “la sangre y el hierro” sobre la unificación de los Estados alemanes), pero, en general, prefería lograr sus objetivos mediante el arte de gobernar, la diplomacia y la negociación. Sus triunfos, hasta el último instante de sus veinte años como primer canciller de Alemania, fueron extraordinariamente numerosos.

        Lo más impresionante de todo era la tranquilidad de Bismarck cuando parecía que las rivalidades entre los Estados balcánicos y varias de las grandes potencias amenazaban con la posibilidad de una guerra europea a gran escala. En torno a 1870 y 1880, los ejércitos sólo podían luchar en los meses más cálidos, por lo que las amenazas de conflicto surgían en dichos periodos. Sin embargo, en verano, Bismarck prefería retirarse a su casa de campo, se negaba a recibir visitas y hacía que toda la correspondencia pasara por el Ministerio de Exteriores (y por las manos de su hijo Bill, que era subsecretario en ese ministerio). Las demás potencias, incapaces de descubrir cuáles eran las intenciones del Canciller de Hierro, empezaban a perder tiempo, porque nadie quería dar un paso sin saber cómo iba a reaccionar Berlín, cosa que, evidentemente, no podían saber durante las prolongadas ausencias de Bismarck. Y a medida que el tiempo se refrescaba, las posibilidades de acción militar disminuían.

        Fue, claro está, un periodo históricamente especial y extraordinario: Alemania era el motor del sistema europeo de grandes potencias, Bismarck era un genio de la diplomacia y -lo más importante de todo- no estaba limitado por parlamentos, opinión pública y medios de comunicación, como lo están los políticos de hoy. Cierto es que sería ridículo pretender que nuestros dirigentes se tomaran dos o tres meses de vacaciones para descansar de la tarea de gobernar sus países.

        Aun así, la actitud de Bismarck como ejemplo extremo de que “el silencio es oro”, y el modelo, más actual, de la reticencia demostrada por los dirigentes chinos a propósito de ciertos asuntos internacionales delicados, dan qué pensar. Aunque nuestros políticos no fueran capaces de permanecer callados mucho tiempo, y aunque no puedan apartarse del ruedo durante una temporada, ¿no podrían hacer la promesa de “callarse” durante un mes? Incluso bastaría con una semana. Por favor.

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