Friday, May 2, 2008

Conmemoraciones


A mi el pasado no me produce sentimiento alguno de melancolía o nostalgia. No soy de los que dicen que “todo tiempo pasado fue mejor”. Pero, eso sí, las conmemoraciones me ponen sentimental. Quizá en exceso. Tengo una agenda bastante ordenada donde anoto los cumpleaños, onomásticas y aniversarios correspondientes a familiares, amigos y acontecimientos que tienen o han tenido especial significado para mi… Y los paso de un año para otro a la nueva agenda…

A pesar de eso, de mi sentimentalismo, creo que tiene razón José María Ridao en su artículo de El País en ponernos en guardia frente a la ola de conmemoraciones que hoy se inicia y que tiene todos los visos de durar al menos hasta marzo de 2012, con el aniversario de la Constitución de Cádiz.

Esta tarde veía en directo por Telemadrid los actos que se celebraban en el Ayuntamiento de Móstoles, con la presencia de la Familia Real al pleno, en conmemoración del bicentenario del famoso Bando de sus Alcaldes llamando a la rebelión del pueblo español frente a la ocupación francesa. Quiero suponer que el aristócrata que lo redactó, Juan Pérez Villamil, y los alcaldes que lo suscribieron, Andrés Torrejón y Simón Hernández (Móstoles era en 1808 una localidad de no más de cien vecinos) no fueron conscientes de la trascendencia que ese Bando tuvo en la historia posterior de la Guerra de Independencia. Reelaborada o no esa historia con posterioridad, su llamamiento a la insurrección prendió una mecha que dio paso a un sentimiento nacional español que no existía hasta ese momento. Cuatro años después “nacía” políticamente la “Nación española”. Pero esa es otra historia… Esperemos a entonces para glosarla… Sean felices. (HArendt)

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El Bando de los Alcaldes de Móstoles


“La efeméride permanente”, por José María Ridao

Parece haber triunfado la consigna de “ningún año sin celebrar un aniversario”. Hoy, sin ir más lejos, nos toca conmemorar el bicentenario del Dos de Mayo. Y ya tenemos la agenda bloqueada hasta el fin del mundo. La conmemoración de la revuelta contra los franceses el 2 de mayo de 1808, última manifestación de una obsesión política que comenzó con el Quinto Centenario del Descubrimiento de América y que, aparte de otros episodios con menor repercusión, ha llegado hasta el Cuarto Centenario del Quijote (sin olvidar, por descontado, los fastos del 98 y los actos sobre el inicio de la Guerra Civil), obliga en verdad a preguntarse si alguien habrá tenido la gentileza, incluso la piedad, de prever alguna fecha, algún periodo sabático, para descansar de esta efeméride permanente. Por el camino que van las cosas, la Acción Paralela para cantar las grandezas de Kakania, según la imaginó Robert Musil en una de las novelas más penetrantes del siglo XX, El hombre sin atributos, dejará de ser una parodia del fervor por la historia que precedió a la catástrofe de los años 30 para convertirse, en contra de la intención irónica de su autor, en un imprescindible manual de uso a disposición de administraciones y comisarios de grandes eventos. La consigna que parece haber triunfado de un tiempo a esta parte es “ningún año sin aniversario”. Y puesto que, en efecto, a poco que se rebusque en el pasado cualquier año es siempre el aniversario de algo, habría que asumir sin arredrarse las consecuencias de esta obsesión, y bloquear, acto seguido, la sedicente “agenda cultural” de las conmemoraciones de aquí al fin del mundo. Uno de los argumentos más frecuentes para justificar la actual sobredosis de conmemoraciones remite a una vieja conjetura elevada a la categoría de ley de hierro de la historia, según la cual recordar el pasado es la mejor manera de no incurrir de nuevo en sus errores. Resulta cuando menos sorprendente que, entre los españoles, estas palabras en apariencia cargadas de sentido no evoquen la vocecilla aflautada y el gesto mecánico de una mano sobresaliendo de un uniforme militar, ese que Francisco Franco vestía en las ocasiones solemnes para decir de corrido, sin apartar los ojillos del papel: “Los pueblos que olvidan su historia, están condenados a repetirla”. En boca de quien desencadenó una devastadora Guerra Civil y, para aducir una justificación extravagante, se declaraba convencido de haber combatido en una Cruzada medieval contra los infieles -cuando no se refería al general Moscardó como reencarnación de Guzmán el Bueno, sacrificando su hijo a los sitiadores del Alcázar-, la ley de hierro de la historia, la vieja conjetura, aparece como lo que es: una feroz amenaza. Y no por casualidad, puesto que, a poco que se haga recuento, buena parte de las catástrofes del siglo XX, desde la Primera Guerra Mundial a la tragedia de Yugoslavia, no han sido resultado del olvido, sino de la embriaguez colectiva provocada por la evocación oficial de gestas patrióticas mejor o peor contadas. Baste recordar a Slobodan Milosevic proponiendo a los serbios repetir en 1989 la hazaña del Campo de los Mirlos, arengándolos desde el mismo escenario en el que tuvo lugar la batalla contra los otomanos seis siglos atrás. Gestas patrióticas mejor o peor contadas: ése suele ser el clavo ardiente al que se suelen aferrar los defensores de las conmemoraciones para afirmar su imperiosa necesidad. Aprovechando la magia artificial de los números redondos, se trataría de contar bien lo que hasta ahora se habría contado mal. En realidad, no existe ninguna razón para dudar de la honestidad del propósito, sino que es el propósito mismo el que resulta, más que deshonesto, descabellado. Salvo que se conceda a las administraciones y a los comisarios de grandes eventos el privilegio de ser juez y parte en los hechos que conmemoran -y éste es, en resumidas cuentas, el privilegio que se les concede-, nadie está en condiciones de asegurar que la manera en la que cuentan los episodios del pasado sea la correcta. Tampoco los propios protagonistas, ni aun en el supuesto de que resucitaran y tuvieran, así, la ocasión de comparecer y pronunciarse: la historia se construye sobre el principio tautológico de que sólo el paso del tiempo, la adopción de una “perspectiva histórica”, es lo que permite conocer la historia. Es decir, la historia no es un diálogo con los protagonistas y los hechos del pasado, sino una interminable disputa entre nosotros, los contemporáneos, que toma a los protagonistas y los hechos del pasado como pretexto. Es en esta disputa en la que, de un modo u otro, pretenden interferir las conmemoraciones oficiales, alegando, sin duda, argumentos mejores y peores, pero, sobre todo, poniendo el peso de los medios públicos, además de una asfixiante publicidad que se confunde con la propaganda, al servicio de la celebración del pasado. El riesgo que se corre, y que los partidos de credo nacionalista convierten en realidad tan pronto alcanzan el poder, es llegar a una variante del integrismo en la que el Estado no establece cuál es la religión verdadera, pero sí la historia verdadera. Los aniversarios, centenarios, bicentenarios y tantas otras fechas consagradas a la exaltación del pasado están consagrando, no ya un nuevo almanaque patriótico, sino un nuevo santoral. A favor de las conmemoraciones, y a fin de conjurar los riesgos de ese integrismo que se vale, no de la religión, sino de la historia, se suele aducir que sólo se plantean como ocasión para “abrir un debate” sobre tal o tal acontecimiento, recurriendo, incluso de buena fe, a una expresión a menudo utilizada para encubrir las verdaderas intenciones de proposiciones muchas veces inconfesables. Lejos de conjurar los riesgos, la explicación los confirma en algún extremo: la libertad de opinión no sólo consiste en expresarse sin trabas acerca de un asunto, sino en escoger, además, el asunto sobre el que expresarse. Si es el poder quien suministra el asunto, y también quien estimula que se opine sobre él mediante la asignación de presupuestos generosos, además de incitaciones menos tangibles pero no menos eficaces, la independencia de pensamiento se resiente y la frontera entre el intelectual y el intelectual orgánico se va desvaneciendo. Mejor haría el poder en prestar a las escuelas y universidades la atención que dedica a las conmemoraciones, mejor haría en extender y dotar de medios a la red de bibliotecas públicas, para que esos debates que se propone abrir cuando llega una fecha sean, por el contrario, la sustancia cotidiana del conocimiento y de la educación, únicos instrumentos para que los ciudadanos forjen con libertad sus opiniones sobre los asuntos que estimen oportuno. Robert Musil, valiéndose de una ironía teñida de preocupación y desengaño, describió como “poesía” la historia de Kakania, y subrayó que sólo se empezó a llamar “historia de la nación” cuando los proyectos de la Acción Paralela para cantar sus gestas comenzaron a dar frutos; poesía, explica Musil, en la que “se versificaba una historia conforme al gusto europeo que entonces hallaba sus complacencias en novelas históricas y en dramas de disfraces”. Y el resultado fue, siempre según el autor de El hombre sin atributos, “un fenómeno digno de atención y todavía no justamente valorado: hombres encargados de la tramitación de un asunto cualquiera, como la edificación de una escuela o el nombramiento de un jefe de estación ferroviaria se ponían a hablar del año 1600 o 400, discutían acerca del candidato que deberían elegir atendiendo a la colonización de las estribaciones de los Alpes en tiempos de los bárbaros, y también teniendo en cuenta las luchas de la Contrarreforma”. La cita es larga, pero esclarecedora. Las novelas históricas proliferan desde hace años y, en cuanto a los dramas de disfraces, estos días se han puesto a disposición de los ciudadanos espectáculos para sublevarse en Móstoles o hacerse fusilar en Moncloa, según las preferencias. Y a poco que se sostenga el esfuerzo oficial, la efeméride permanente que se ha apoderado de la sedicente “agenda cultural” en España puede acabar cosechando una victoria tan sonada como la de la Acción Paralela en el extinto imperio de Kakania. Pero también el mismo fracaso: el fin del mundo se quedará sin conmemoración. (El País, 02/05/08)
 
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La carga de los mamelucos (Francisco de Goya, 1814. Museo del Prado, Madrid)

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Thursday, May 1, 2008

A la búlgara…


Aunque mis simpatías por el partido Popular son nulas, comienzo a sentir sienta conmiseración por sus votantes de buena voluntad y espíritu sinceramente democrático, que estoy seguro, han de ser muchos… Y lo digo sin segundas. No se merecen esos votantes el espectáculo que están dando sus dirigentes… O lo que va quedando de ellos. Como en una comedia bufa, los esfuerzos de su principal líder por apartar de su camino a todos los que con él establecieron las premisas de su derrota electoral en estos últimos cuatro años, como si la “cosa” no fuera con “él”, como si “él” no hubiera tenido el más mínimo papel en ella, más que patético resulta grotesco… En fin, allá ellos, pero ni los votantes del PP ni los demás españoles nos merecemos esta indigna representación. Como siempre, los humoristas suelen recoger la esencia del hecho con perspicacia natural. Sean felices. (HArendt)

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Romeu (El País, 01/05/08)

“PP, política y dinero”, por Josep Ramoneda

Al perder las elecciones de 2004, Eduardo Zaplana explicó a todo aquel que quería oírle que la legislatura que entonces empezaba era la última oportunidad de la guardia pretoriana a la que Aznar había confiado la herencia. Zaplana era de los que pensaban que Aznar les había dejado una pesada carga: la guerra de Irak y los modos autoritarios con que se gestionó la legislatura de la mayoría absoluta hacían muy difícil la rectificación, el viraje hacia la moderación. No quedaba otro remedio que jugársela a una sola carta: la de la estrategia de la tensión. Zaplana bregó como el que más en una legislatura planteada a cara de perro que sólo tenía dos salidas: ganar o irse a casa. Perdió y se ha ido. Pocos días después de las elecciones bajó un primer escalón, anunciando que sólo sería diputado de a pie. Ahora, ha dado el paso definitivo después de haberse trabajado un puente de plata de un millón de euros. Con este premio es más fácil cumplir la palabra dada. Pero no por ello deja de ser cierto que ahora mismo, del núcleo duro del aznarismo ya sólo quedan dos nombres en primera línea del PP: Rajoy y Acebes.

La retirada de Zaplana plantea la cuestión de las pasarelas entre política y dinero. Ciertamente, en las sociedades democráticas, en las que los mecanismos de control funcionan de modo razonable, la política no es una actividad que permita enriquecerse. Pero la política se está convirtiendo cada vez más en una plataforma para ganar dinero al abandonarla, en una promiscuidad que en la cultura política americana está absolutamente asumida, pero que en la europea genera dudas y sospechas. Dos ejemplos, entre los más sonados: Gerhard Schröder, al poco tiempo de abandonar el cargo de canciller alemán, apareció como alto ejecutivo de la turbia empresa rusa Gazprom. José María Aznar ha capitalizado sus servicios a la revolución conservadora, guerra de Irak incluida, con interesantes beneficios como empleado de Murdoch.

Este tránsito del cargo político al cargo empresarial transcurre a menudo a través de empresas crecidas a la sombra del poder político. Es el caso del ya citado Gazprom, por ejemplo, una de las fuerzas de choque del neoimperialismo ruso, y es el caso, entre nosotros, de Telefónica, de reciente emancipación del Estado. Puesto que en el sistema de valores vigente ocupa un lugar privilegiado el dinero como medida de todas las cosas, muchos pensarán que estamos ante una demostración más de que los vicios privados pueden devenir virtudes públicas. Los salarios de la política son un freno para la gente con talento, que debilita sensiblemente la calidad de la clase gobernante. La expectativa de poder usar después la agenda y las relaciones para ganar dinero sería un incentivo para atraer a los mejores a la cosa pública. Sin negar este argumento, tan propio de los tiempos que corren, me parece que sigue siendo imprescindible señalar que esta promiscuidad entre dinero y política genera zonas de sombra que, en democracia, reclaman transparencia. ¿Cómo se preparó ayer el salto de hoy?

A su vez, la retirada de Zaplana es la enésima señal sobre la crisis política de la derecha. El PP aplazó hace cuatro años su renovación con la esperanza de ganar una apuesta de alto riesgo. La perdió, y mientras unos se van, Mariano Rajoy, el jefe, sigue. Rajoy actúa como si tuviera un ataque de amnesia y hubiese olvidado que fue designado, por obra y gracia del ex presidente. Todo su empeño está ahora en soltar lastre: los que le acompañaron desde el principio y los que le acompañaron a petición propia al final (Manuel Pizarro y Juan Costa, por ejemplo, otros dos casos de promiscuidad entre política y dinero) en una curiosa operación de blanqueo de su responsabilidad en la derrota.

¿Por qué Rajoy se empeña en resistir? Si lo hace por obnubilación, como un gesto de supervivencia personal, puede entenderse por los problemas con el reconocimiento y la autoestima que todo humano tiene, pero es una vía casi segura al desastre. Si es por presión de los barones periféricos del partido, cabe imaginar que Rajoy es plenamente consciente de que su papel es transitorio, para dar tiempo a que los potenciales candidatos acumulen fuerzas para la batalla de verdad, allá por 2010. Y si es porque sinceramente cree que es el único que puede salvar la unidad del partido, se equivoca buscando reafirmar su legitimidad en un congreso a la búlgara. Nada de lo ocurrido desde el 9-M ha fortalecido la autoridad de Rajoy. Si sale elegido presidente por aclamación, todo el mundo sabrá que la crisis se habrá cerrado en falso. Con lo cual empezará para él un verdadero vía crucis de elecciones (vascas, gallegas, catalanas, europeas) a las que difícilmente sobrevivirá dada su precariedad. Y el PP acabará perdiendo cuatro años más. Son las irremediables pulsiones autodestructivas de los partidos, que aparecen siempre cuando el poder se resiste. (El País, 01/05/08)

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Caricatura de Mariano Rajoy (2004)

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Wednesday, April 23, 2008

Las lenguas de mi Patria


Hoy, 23 de abril, es el Día Grande de las Letras Españolas, 392 aniversario de la muerte de Miguel de Cervantes. Y hoy también, en Alcalá de Henares, su cuna, entregan los reyes el Premio que lleva su nombre, el de Cervantes, al poeta argentino Juan Gelman. Me sumo a la efémeride compartiendo con ustedes poemas de Ausiàs March (1397-1459), Miguel de Cervantes (1547-1616), Arnaut Oihenarte (1592-1667), Rosalía de Castro (1837-1885), y del propio Juan Gelman (1930). Poemas escritos desde el corazón en todas las lenguas de mi Patria. Bendita sea la Patria del idioma y de la lengua… (HArendt)

Desde mi jardín (Maspalomas, Gran Canaria)

“VELES E VENTS HAN MOS DESIGS COMPLIR”, (Ausiàs March, 1397-1459)

Veles e vents han mos desigs complir,
ffahent camins duptosos per la mar.
Mestre y ponent contra d’ells veig armar;
xaloch, levant los deuen subvenir
ab lurs amichs lo grech e lo migjorn,
ffent humils prechs al vent tremuntanal
qu·en son bufar los sia parcial
e que tots cinch complesquen mon retorn.

Bullirà·l mar com la caçola·n forn,
mudant color e l’estat natural,
e mostrarà voler tota res mal
que sobre si atur hun punt al jorn;
grans e pochs peixs a recors correran
e cerquaran amaguatalls secrets:
ffugint al mar, on són nudrits e fets,
per gran remey en terra exiran.

Los pelegrins tots ensemps votaran
e prometran molts dons de cera fets;
la gran paor traurà·l lum los secrets
que al confés descuberts no seran.
En lo perill no·m caureu de l’esment,
ans votaré hal Déu qui·ns ha ligats,
de no minvar mes fermes voluntants
e que tots temps me sereu de present.

Yo tem la mort per no sser-vos absent,
perquè Amor per mort és anul.lats;
mas yo no creu que mon voler sobrats
pusqua esser per tal departiment.
Yo só gelós de vostre escás voler,
que yo morint, no meta mi·n oblit;
sol est penssar me tol del món delit
-car nós vivint, no creu se pusqua fer-:

aprés ma mort, d’amar perdau poder,
e sia tost en ira convertit,
e, yo forçat d’aquest món ser exit,
tot lo meu mal serà vós no veher.
O Déu!, ¿per qué terme no y à·n amor,
car prop d’aquell yo·m trobara tot sol?
Vostre voler sabera quant me vol,
tement, fiant de tot l’avenidor.

Yo son aquell pus estrem amador,
aprés d’aquell a qui Déu vida tol:
puys yo son viu, mon cor no mostra dol
tant com la mort per sa strema dolor.
A bé o mal d’amor yo só dispost,
mas per mon fat Fortuna cas no·m porta;
tot esvetlat, ab desbarrada porta,
me trobarà faent humil respost.

Yo desig ço que·m porà sser gran cost,
y aquest esper de molts mals m’aconorta;
a mi no plau ma vida sser estorta
d’un cas molt fér, qual prech Déu sia tost.
Ladonchs les gents no·ls calrrà donar fe
al que Amor fora mi obrarà;
lo seu poder en acte·s mostrarà
e los meus dits ab los fets provaré.


(Traducción castellana):
“VELAS Y VIENTOS CUMPLAN MI DESEO”, (Ausiàs March.1397-1459)

Velas y vientos cumplan mi deseo:
harán caminos por la mar dudosos,
contra el maestre y el poniente veo
levante y el jaloque muy furiosos,
con griego y tramontana, que bien creo
le ayudarán con ruegos amorosos;
porque estos cinco soplen de manera
que vuelva yo do siempre estar quisiera.

El mar hirviendo como el agua al fuego,
y su color veréis andar mudando;
traerá cualquiera cosa sin sosiego,
que sobre sí hallare estando airado;
los peces todos juntos irán luego
lugar buscando oculto y encerrado;
huyendo al mar que los crió y sustenta,
en tierra saltarán sin otra cuenta.

Los peregrinos votarán turbados
dones de cera en viéndose en sus puertos,
y el gran pavor descubrirá pecados
que en confesión no han sido descubiertos;
allí os ternán presente mis cuidados
y luego votaré mis votos ciertos,
que nunca habrá mudanza, y que en ausencia
no olvidaré vuestra gentil presencia.

La muerte temo por no verme ausente,
porque el amor por ella es acabado,
y no se partirá ni se consiente
que partir pueda de este amor sobrado;
mas vuestro poco amor me mata, y siente
el mío que en morir seré olvidado;
sólo este pensamiento me cautiva,
mas no creo que será si vos sois viva.

En yo muriendo no ha de amar ninguno,
y amor se queda en ira convertido;
mas cuando morir quiera, ¿qué importuno
será el dolor de ausencia y cuán crescido?
Si término en amor hubiera alguno,
en él yo fuera solo y escogido,
y viera vuestro amor si se extendía
o si en lo verdadero teme o fía.

Yo soy el amador más extremado,
después de los que ya no tienen vida;
por verme vivo y veros no he quejado,
¿cómo haré cuando el vivir me impida?
A bien o mal estoy aparejado,
mas no cabe en mi hado haber guarida;
que yo con humildad lo estó esperando,
la puerta le abro y allí estoy velando.

Deseo aquello que ha más de costarme,
y la esperanza de esto me recrea;
mi vida no querrá, ni aun yo, salvarme
de un caso fiero, y pido a Dios que sea;
las gentes todas luego podrán darme
más fe que no al amor, como se vea
que en actos su poder será mostrado,
y en hechos mostraré lo que he hablado.




Desde mi jardín (Maspalomas, Gran Canaria)

“AL TÚMULO DE FELIPE II EN SEVILLA” (Miguel de Cervantes, 1547-1616)

«Voto a Dios que me espanta esta grandeza
y que diera un doblón por describilla;
porque ¿a quién no sorprende y maravilla
esta máquina insigne, esta riqueza?

Por Jesucristo vivo, cada pieza
vale más de un millón, y que es mancilla
que esto no dure un siglo, ¡oh, gran Sevilla!
Roma triunfante en ánimo y nobleza.

Apostaré que el ánima del muerto
por gozar este sitio hoy ha dejado
la gloria donde vive eternamente.»

Esto oyó un valentón y dijo: «Esto es cierto
cuanto dice voacé, seor soldado,
y quien dijere lo contrario, miente.»

Y luego, incontinente,
caló el chapeo, requirió la espada,
miró al soslayo, fuese, y no hubo nada.

Desde mi jardín (Maspalomas, Gran Canaria)

“NEGUAN, ELURTE BATEZ”, (Arnaut Oihenarte, 1592-1667)

Neguan, elhurte batez,
Laztanak eskutabatez
Sudurra zapaturik;
Sudurrak min-har etzezan,
Bana bertan sendi nezan
Bihotza suharturik.

Elhurraz gaineti, hotzik
Bai karroinik, bai izotzik,
Badeia deus lurrean?
Elhurrak alabadere
Naduka ni, hotz badere,
Errerik bihotzean.

Haur da lurreko legea,
Gauz’ orok ber’ ekoiztea,
Bera iduri du egiten;
Ban’ orai, miragarritan,
Hotzak beroa du nitan,
Urak sui’ eraikiten.

Bero huntarik liparbat,
Su huntarik huts inharbat
O laztan’ erexeki
Ahal banezazu zuri,
Nitzatela zait iduri
Sendo hainbertzereki.

Beraz otoi, Jainkoagati,
Lipar, inhar bategati,
Iraitz enezazula;
Ban’ erakutsu maitari
Gaizoak, bai urrikari,
Bai gupida tutzula.

Egitez horla, zinetsu
Eder bezain onbidetsu
Izanez, aipatua
Zirat’ ororen ahoetan,
Et’ amorosen gogoetan
Zerurano alxatua.

(Traducción castellana)
“UNA NEVADA EN INVIERNO” (Arnaut Oihenarte, 1592-1667)


Era invierno, nevaba,
Y mi amada me aplastó
Un puñado en la nariz;
Mi nariz no sufrió daño,
Pero al instante sentí
Un incendio en mi corazón.

Sea hielo, sea escarcha,
¿Habrá en la tierra algo
Más frío que la nieve?
Sin embargo, la nieve,
Aunque fría,
Me quema el corazón.

Esta es la ley de la tierra,
Cada cosa produce
Su propio igual;
Pero ahora, por un milagro,
El frío se hace calor en mí,
El agua fuego.

Si pudiera daros
Una pizca de este calor,
Una simple chispa de este fuego,
¡Oh amada mía!,
Creo que sería suficiente
Para curarme.

Os lo ruego, por Dios,
No me rechazéis
Por una pizca, por una chispa;
Mostrad que os compadecéis
Y que tenéis piedad
De los pobres enamorados.

Actuando así, tan bella
Como bienhechora,
Seréis celebrada
En boca de todos,
Y elevada hasta los cielos
En el corazón de los enamorados.


Desde mi jardín (Maspalomas, Gran Canaria)

“FOLLAS NOVAS” (Rosalía de Castro, 1837-1885)

¡Follas novas!, risa dame
ese nome que levás
cal si a unha moura ben moura
branca lle oíse chamar.

Non Follas novas, ramallo
de silvas e toxos sós,
hirtas coma as miñas penas,
feras, coma a miña dor.

Sin olido nin frescura,
bravas magoás e ferís…
¡Si na gándara brotades,
cómo non serés así!

(Traducción castellana)
“HOJAS NUEVAS”, (Rosalía de Castro, 1837-1885)

¡Hojas nuevas!, me da risa
ese nombre que lleváis
cual si a una negra bien negra
blanca le oyese llamar.

No Hojas nuevas, ramillete
de aliagas y zarzas sois,
yertas como mis penas,
fieras como mi dolor.

Sin olor ni lozanía,
bravas dañáis y herís…
¡Si en la gándara brotáis,
cómo no vais a ser así!

Desde mi jardín (Maspalomas, Gran Canaria)

“LA ECONOMÍA ES UNA CIENCIA”, (Juan Gelman, 1930)

En el decenio que siguió a la crisis
se notó la declinación del coeficiente de ternura
en todos los países considerados
o sea
tu país
mí país
los países que crecían entre tu alma y mi alma de repente
duraban un instante y antes de irse
o desaparecer
dejaban caer sábanas llenas de nuestros sexos que salían volando alrededor como perdices
quiere decir que cada vez que hicimos el amor dejábamos nuestros sexos allí?
y ellos seguían vivitos y coleando como perdices suavísimas?
qué raro
mirá que lavábamos las sábanas con subordinación y valor
para que los jugos de la noche pasada no inauguraran el pasado
y ningún pasado pusiera una oficina entre nosotros para ordenarnos el hoy
porque el alma amorosa es desordenada y perfecta
tiene mucha limpieza y lindura
se necesita todo un Dios para encerrarla
como le pasó a don francisco
que así pudo cruzar la agua fría de la muerte
es bien raro eso de nuestros sexos volando
pero recuerdo ahora que cada vez que yo entraba en tu sexo
y me bañaban tus espumas purísimas con impaciencia
y dulzura y valor
me parecía oir un pajarerío en el bosque de vos
como amor encendiendo otro amor
o más, es cierto que cada vez nuestros sexos resucitaban
y se ponían a dar vueltas entre ellos
como maripositas encandiladas por el fuego
y se querían morir de nuevo buscando incesantemente la libertad
y había un país entre la vida y la muerte
donde todo era consolación y hermosura
y no poseíamos nuestro corazón
y nuestros sexos se perdían como almas en la noche
y nunca más los volvíamos a ver
para entender
estudio los índices de la tasa de inversióún bruta
los índices de la productividad marginal de las inversiones
los índices de crecimiento del producto amoroso
otros índices que es aburrido hablar aquí
y no entiendo nada
la economía es bien curiosa
al pequeño ahorrista del alma lo engañan en wall street
los sueldos de la ternura son bajos
subsiste la injusticia en el mercado mundial del amor
el aprendiz está rodeado de nubes que parecen elefantes
eso no le da dicha ni desdicha
en medio de las razones
las redenciones
las resurrecciones
se lleva el alma a la nariz para sentir tus perjúmenes
estoy viendo volar los pajaritos que te salían del sexo
mejor dicho
de más allá todavía
de todo lo que valías
o brillabas
o eras
y dabas como jugos de la noche.


Desde mi jardín (Maspalomas, Gran Canaria)

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Sunday, April 20, 2008

Tan cretinos como ruines…


“Lo cretino, en ti, /No excluye lo ruin. / Lo ruin, en tu sino, /No excluye lo cretino. / Así que eres en fin, / Tan cretino como ruin”. Con estos despreciativos y elegantes versos contestaba a finales de la guerra civil el poeta Luis Cernuda a los que se mofaban de su condición de homosexual, ya que no podían hacerlo de su condición de poeta. Lo dice el escritor Javier Rioyo en el suplemento Domingo de El País de hoy. Y eso mismo que denunciaba Cernuda hace setenta años, hacen los mamporreros “berlusconianos” hispánicos de hoy, creativos multicolores y vocingleros, salvapatrias insultones bajo el protector manto de una jerarquía indecorosa e indecente que no ve más allá de sus narices, de todo el que discrepa y se muestra diferente e indiferente a sus proclamas… Va por vosotros, varonil muchachada de copes, mundos y telemadrises… Y para los demás, que sean felices.
  (HArendt)

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El poeta Luis Cernuda (a la derecha) con la filósofa María Zambrano
(Diario El País)

“Machos, chulos y otros animales”, por Javier Rioyo

La semana arrancó alegre, confiada, republicana y callejera. Bebimos un vino, o dos, por Azcona, en un día muy poco cruel del mes de abril. Un buen día, el 14, para seguir brindando como alegres ilusos de una novela de Rafael. Y llegó Zapatero y brindó moderadamente por el guionista. Es sobrio, tiene control y al día siguiente prometía, en compañía de los/las suyas. Y ante el monarca que supo perder con el Getafe y ganar con el Valencia. Los reyes nunca pasan sed.

Y llegaron los machos, chulos, quintacolumnistas de lo cañí, camisas nuevas del viejo mundo, y se pusieron a escribir chistes de casino. Como patéticos mozos muy jaraneros. No estaban solos, estaban tomando cañas con Berlusconi. También de chulo teñido, subido en sus calzas y con sus televisiones de mujeres neumáticas, de salsas rosas y mamachichos. Flor de la chulería, compañero de viaje de lo peor de esa degradación italiana que vive entre nosotros.

Periodistas de pellizcos furtivos, de acosos en despachos o expertos en misses. Tropa de machotes, chulos con tirantes, morcilleros, pequeños, o altos, escribidores con tribunas pagadas y bendecidas por la reacción. Con ellos el berlusconismo se encuentra en casa. Batallón de modistillos que hacen un ruido incapaz de movilizar a hombres, a mujeres que merezcan la pena. Siguen encerrados en el nicho de los chulos. Una vieja historia.

Hay otros hombres, otros españoles que han escrito desde sus antípodas. Que supieron retratar a los mezquinos en verso. Fuimos a la presentación de la más completa biografía de Luis Cernuda, premio Comillas de biografía, escrita por Rivero Taravillo. Historia de un español, un sevillano amante del norte, del crepúsculo, la niebla, el sherry y el jazz. Años españoles al poeta que quiso ser inglés, que terminó en México deseando volver a su querida y malquerida tierra. Entre la realidad y el deseo nos dejó algunos de los mejores poemas de nuestro idioma. Esteta hasta en el frente, hasta en el batallón de la sierra de Guadarrama, donde tomó armas y uniforme. Soldado de poca fortuna, de pocas semanas. La homofobia no conoce ideologías. Pero no pudieron impedir que su pluma valiera muchas pistolas. Les dedicó -podía haber pensado en machistas de hoy- una respuesta en verso: “Lo cretino, en ti, /No excluye lo ruin. / Lo ruin, en tu sino, /No excluye lo cretino. / Así que eres en fin, / Tan cretino como ruin”.

Y recordando a otro poeta que también sufrió y huyó de la soldadesca, José Miguel Ullán, que estrena obras completas, y entender cuáles son nuestras cadenas antes de hacernos los graciosos tabernarios: “Mero ahorro señor, Señor, hubiera sido hacernos todo desmemoria y sexo”. Lo malo es que algunos de los animales, aún desmemoriados, escriben. (Domingo, 20/04/08)

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Friday, April 18, 2008

No funciona

La Justicia no funciona en este país… Es una verdad tan evidente que no necesita justificación. Se justifica sola… Resulta imposible saber si PSOE y PP serán capaces de llegar a un acuerdo sobre la renovación del Consejo General del Poder Judicial. Esperemos que sí. Y si es así, intentar un pacto posterior sobre una completa reforma del sistema judicial parece una prueba para titanes… No creo que sea sólo cuestión de dinero ni de más medios humanos y materiales, que sí lo es… Es que es imposible ya caer más abajo en la nula consideración de los ciudadanos por una institución que es la base del Estado de Derecho. No creo en los consensos a cualquier precio, ni siquiera me parecen deseables; al contrario, los considero negativos para el buen funcionamiento de la democracia, pero si hay una sola cuestión en que es necesario un Pacto de Estado, quizá el único imprescindible, es sobre la reforma de la Justicia. Porque sin una Justicia, independiente, eficaz, rápida y honesta ni hay ni Estado ni Sociedad. En todo lo demás podemos pelearnos, o detestarnos cordialmente. En cuanto se refiere a la Justicia, no. Sean felices. (HArendt)

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Alegoría de la Justicia (www.oni.escuelas.edu.ar)

“Justicia: la regla de nadie”, por Javier Hernández García

Los trágicos y recientes sucesos de Huelva muestran que las dificultades para identificar las responsabilidades son la consecuencia del proceso de patológica burocratización de la administración de la justicia.

El ejercicio del poder por los jueces responde a la racional presunción de que disponen de una especial capacidad para interpretar los valores públicos contenidos en textos dotados de autoridad y resolver los conflictos que se les presentan. Pero su legitimidad no solo depende del cómo se les atribuye competencia para ejercerlo sino, de forma prioritaria, del cómo se ejerce. El déficit originario, y cuasi irreductible, en cualquier sistema político avanzado, de legitimación democrática de los jueces traslada el problema de la legitimidad a la necesidad de que aquéllos cumplan con un riguroso cuadro de condiciones legitimantes. La demanda social de justicia no se satisface solo porque se decida sobre el caso sino porque se decida bien, con buenas razones, explicadas y explicables, y, además, en un tiempo razonable.

Dichas condiciones deben garantizar, por un lado, que la firma de un juez al final de la resolución es la consecuencia de una adecuada reflexión y de su participación activa en el proceso dialógico que la precede y, por otro, que ha asumido una responsabilidad individual por la decisión adoptada. Este sentido de la responsabilidad del juez resulta indispensable como elemento fundacional del modelo de justicia en toda sociedad democrática pero, además, como factor decisivo para motivar que los jueces cumplan adecuadamente con las funciones que la Constitución les encomienda.

Pero sentado lo anterior ¿cómo puede asegurarse que los jueces y juezas que integran el poder judicial satisfagan el programa de condiciones legitimadoras? ¿Qué debe hacerse para que toda decisión judicial sea el resultado de un ejercicio de responsabilidad individual que permita, por un lado, la mejora interna del sistema y, por otro, el control constitucionalmente exigible de las consecuencias que se derivan de la concreta decisión adoptada?

El intento de respuesta a las anteriores cuestiones nos acerca al marco burocrático en el que se desenvuelve la función judicial. La creciente demanda de justicia y la mayor complejidad de los conflictos que llegan a los tribunales hacen indispensable y, en cierto sentido, deseable una organización de tipo burocrática. La firma reflexiva del juez reclama, por tanto, la puesta en funcionamiento de un complejo engranaje administrativo que organice los procesos decisionales. En lógica consecuencia al aumento de necesidades de respuesta judicial, la organización burocrática de los cauces que la permiten debe también ajustarse a elementales condiciones de eficacia.

La burocracia judicial, sin perjuicio de sus especialidades, debe responder a los tres rasgos propios de toda organización compleja: la presencia de una gran cantidad de actores, la división de funciones o de responsabilidad entre éstos y el recurso a la jerarquía como instrumento de control y coordinación de sus actividades.

¿Responde nuestro modelo burocrático de organización del poder judicial a los fines a los que debe servir? ¿Resuelve las necesidades crecientes de división del trabajo y de desarrollo coordinado de los complejos mecanismos funcionales, horizontales y verticales, en los que se desenvuelve la administración de justicia? ¿Es compatible con las exigencias del trabajo judicial responsable y eficaz?

Creemos, sinceramente, que no. Y no solo eso. La degradación del sistema burocrático además de no ofrecer respuestas compatibles con las crecientes tasas de complejidad de la organización está favoreciendo un inasumible proceso de burocratización que, en mayor o menor medida, afecta a todos los que participan en el mismo.

Esta pendiente pronunciada por la que se desliza la administración de justicia pone en evidencia la progresiva sustitución de la burocracia como sistema de reglas del modelo weberiano por la burocracia como regla de nadie, en los descriptivos términos utilizados por Hanna Arendt. Una burocracia amórfica, infradotada, desvinculada de la obtención de fines de mejora, que emerge como una estructura que, como precisa Owen Fiss, posibilita, por un lado, el uso irreflexivo del poder público y, por otro, la desresponsabilización de los que intervienen en el mismo. La ausencia de mecanismos organizativos que respondan a estándares racionales de reparto de funciones hace que la responsabilidad termine siendo compartida por una gran cantidad de personas y entes inanimados y, a la postre, diluyéndose.

Cabría objetar que, en todo caso, la imposibilidad de individualizar responsabilidades por los resultados patológicos no desplaza la responsabilidad corporativa. Pero siendo cierto lo anterior, el problema subsiste porque, precisamente, la clave de la bóveda para el adecuado funcionamiento de un poder como el judicial reside en garantizar las condiciones para que el sistema funcione desde la asunción motivada y ética de la responsabilidad individual. Si dichas condiciones no se dan se amenazan los fundamentos morales del modelo de justicia. Como ha destacado Arendt, la experiencia social ha demostrado que cuando en una organización de poder público se difumina la idea de la responsabilidad individual y se sustituye por la corporativa, aquélla puede embarcarse en cursos de acción poco sujetos a límites.

Los trágicos sucesos de Huelva creemos que sirven de triste confirmación de lo hasta ahora dicho. No pretendemos diseccionar el caso, analizando las fuentes de responsabilidad, sino poner sobre la mesa del debate público que, precisamente, las dificultades para identificarlas son la consecuencia del proceso de patológica burocratización que sufre la administración de justicia en nuestro país.

No podemos negar que los ciudadanos tienen motivos para pensar que la firma que cierra la resolución que da respuesta a su problema no es producto de la mejor reflexión y del más adecuado proceso dialógico. Y tienen motivo, también, para considerar que esa razonable presunción de que los jueces estamos capacitados para el ejercicio del poder que se nos confía no lo es tanto. Pero, al tiempo, creemos necesario poner de relieve que las condiciones para el ejercicio responsable de la función judicial son, en muchos casos, insuficientes y, en otros, simplemente irracionales.

Las fuerzas políticas fueron conscientes del grave problema organizativo que acecha a la justicia y pactaron, hace ya más de siete años, la necesaria reforma de su modelo burocrático, precisando, incluso, los ejes de racionalizacion en que se basaría. Pero lejos de acometerla, se han limitado a micromodificaciones que han puesto aún más de relieve la insuficiencia del modelo actual. Ni una palabra se dedicó a la administración de justicia en las cuatro horas de debate televisado entre los dos principales candidatos en las pasadas elecciones.

La oficina judicial sigue siendo un territorio promiscuo. Los que trabajan en ella no tienen claro a qué criterios o reglas de organización y dirección responde. El juez es, al tiempo, observador pasivo y director, el secretario judicial puede coordinar o abstenerse de hacerlo invocando reglas que se ubican en un mismo texto legal, los trabajadores se ven sometidos a tres tipos de relaciones funcionales, con reglas de jerarquización diferentes y, en determinados aspectos, contrapuestas.

Las cargas de trabajo entre órganos jurisdiccionales están descompensadas. Algunos disfrutan de cargas levísimas. Otros sufren cargas irracionales, inasumibles. Unos cuentan con medios materiales modernos y abundantes. Otros carecen de los más elementales, desarrollando, además, la función en condiciones precarias de seguridad e higiene laboral. La tasa de interinidad funcionarial en algunos territorios supera la de funcionarios de carrera. La movilidad, también en determinadas zonas del país, frustra cualquier planificación de mejora.

Mientras tanto, desde el Gobierno de los jueces algunos siguen empeñados en lograr su mayor deslegitimación social y constitucional y en generar una desconfianza generalizada entre sus propios gobernados. La situación es muy grave. No puede seguir aceptándose que la regla de nadie siga desmoralizando el sistema de justicia y favoreciendo que sus principales actores junto a las administraciones y el Parlamento miren a otro lado como si no fueran responsables del derrumbe. (Javier Hernández García es magistrado. Firman el artículo con él, nueve magistrados y jueces más, pertenencientes a la Asociación Profesional de la Magistratura, Jueces para la Democracia, Asociación Francisco de Vitoria y Foro Judicial Independiente / El País, 18/04/08)

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Monday, April 14, 2008

¡Viva la República!


¡Dos días sin poder acceder al blog!… ¡Cosas de la informática!… Hoy cumpliría la República española 77 años. El recordar la efemeride no significa una toma de postura en favor de la forma republicana del Estado español de hoy. Es un homenaje y un reconocimiento a la generación que la vivió y la protagonizó por cuanto ella significó de ansias de libertad, justicia y progreso. En ese sentido… ¡Viva la República!
(HArendt)

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Alegoría de la República

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Friday, April 11, 2008

El proceso de investidura (XV)

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Peridis (El País, 11/04/08)

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Thursday, April 10, 2008

El proceso de investidura (XIV)

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Forges (El País, 10/04/08)

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Diario de Sesiones


Terminó como se esperaba la segunda jornada del debate de investidura de José Luis Rodríguez Zapatero, que en primera vuelta no ha obtenido la mayoría necesaria para ser elegido presidente del gobierno. La solución, definitiva, el próximo viernes.

Puede sonar pueril, y muy probablemente lo sea, pero me parece que hay varias lecturas posibles sobre lo ocurrido ayer en el Congreso. Primera lectura: José Luis Rodríguez Zapatero ha tenido su primer fracaso al no obtener la investidura en primera votación. Segunda lectura: José Luis Rodríguez Zapatero va conseguir su investidura, en segunda votación, sin deberle nada a nadie. Tercera lectura: El PP sigue, como en la VIII Legislatura, más solo que la una, “yo contra todos”… Cuarta lectura: La abstención de PNV, CiU, IU y los partidos minoritarios del mixto es una buena noticia para el PSOE y mala para el PP. Quinta lectura: El voto negativo de ERC parece más un berrinche político que otra cosa… El de Rosa Díez un berrinche personal…

En el Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados pueden ustedes leer si lo desean (o bajarse el archivo en formato “pdf.” y leerlo cuando les plazca) el discurso del candidato y las intervenciones de los representantes de los grupos parlamentarios habidas el martes. La sesión correspondiente al día de ayer pueden leerla aquí. Sean felices y buenas noches. (HArendt)

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Zapatero durante la pasada campaña electoral

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Wednesday, April 9, 2008

El proceso de investidura (XIII)

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Peridis (El País, 09/04/08)

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