Wednesday, April 30, 2008

La reforma electoral. Y van…

Comentar las disfunciones del sistema electoral español en lo que hace referencia a la elección al Congreso de los Diputados se ha convertido ya en un lugar común y no vale la pena insistir sobre ello. La prueba del “9″ de las mismas está en los resultados obtenidos por Izquierda Unida, la tercera fuerza política en número de votos del país, que ha obtenido únicamente dos escaños y desaparecido como grupo parlamentario.

Que aparte de esas disfunciones citadas el sistema presenta aspectos positivos, está claro, y tampoco merece mayores comentarios. Entre ellos, el principal, la estabilidad que da a los gobiernos surgidos del Parlamento, independientemente del número de escaños de la mayoría gubernamental.

Unas y otras, disfunciones y ventajas, las expone con claridad en su artículo de hoy en El País el politólogo Rubén Ruiz-Rufino, miembro del Centro de Estudios Avanzados en Ciencias Sociales del Instituto Juan March, profesor del Instituto Universitario Europeo de Florencia y autor del estudio titulado “La reforma del sistema electoral español en las elecciones al Congreso de los Diputados” (Fundación Alternativas, Madrid, 2004).

Nunca está de más insistir en ambos aspectos, pero resulta difícilmente creíble que los dos grandes partidos mayoritarios españoles tengan excesivo interés en la modificación del sistema, por otra parte, una cuestión no excesivamente complicada.

El profesor Ruiz-Rufino, y otros expertos, proponen un aumento del número de Diputados de los actuales 350, hasta los 400, en el que los nuevos cincuenta escaños serían atribuidos a los partidos en una lista única de ámbito nacional de manera proporcional al número de votos totales obtenido por cada formación política. Es una solución sencilla y que, desde luego, ayudaría a corregir la actual desproporcionalidad del sistema, sin necesidad de modificar la Constitución.

Desde mi condición de mero aficionado a la Teoría Política, interesado sobre todo en el estudio de los sistemas electorales, me atrevería a proponer una reforma más en profundidad del español, sin desvirtuarlo del todo de sus condicionamientos actuales, bajo los siguientes supuestos:

1. Aumento del número de Diputados del Congreso desde 350 a 400.

2. Reparto de los cuatrocientos escaños entre las 19 comunidades y ciudades autónomas en razón de uno mínimo para cada una y el resto, proporcionalmente, en función del número de electores de cada una de ellas. Este reparto se actualizaría cada cuatro años.

3. La circunscripción electoral para las votaciones y atribución de escaños correspondiente sería la comunidad y ciudad autónoma respectiva.

4. Los electores tendrían opción en cada papeleta de atribuir el orden de adjudicación de escaños de la candidatura, al menos hasta un 50% por ciento de la misma, respetando la paridad legal hombre-mujer.

5. Se suprimiría el límite mínimo de obtención de votos para la adjudicación de escaños.

Respecto al Senado, la cuestión es más problemática y novedosa, y sin entrar en las funciones que corresponderían a ese nuevo Senado del que todo el mundo habla pero nadie propone nada en concreto, mi propuesta sería:

1. El Senado estaría compuesto por representantes de los gobiernos de las 19 comunidades y ciudades autónomas.

2. Cada comunidad y ciudad autónoma dispondría de 1 voto, y otro voto más por cada millón de habitantes de la respectiva comunidad y ciudad autónoma. Cada cuatro años se haría una nueva distribución del número de votos correspondiente a cada una de ellas.

3. El Senado se renovaría cuando correspondiera hacerlo al parlamento de cada comunidad o ciudad autónoma.

4. El Senado no podría ser disuelto por el presidente del gobierno ni, por tanto, exigir por su parte la responsabilidad del gobierno.

5. Las votaciones en el Senado exigirían para su validez una mayoría simultanea del total de votos atribuidos al conjunto de las comunidades y ciudades autónomas en él representadas y de al menos, diez de ellas.

6. El voto de cada comunidad y ciudad autónoma sería indivisible y único.

¿Política ficción? Soy realista, y me temo que sí… Sean felices. Y disfruten del puente… (HArendt)

http://www.socialesweb.com/mapas/mapacomunidad.jpg
Mapa político-administrativo de España (Faltan las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla)


“A vueltas con el sistema electoral”, por Rubén Ruiz-Rufino

La estabilidad de los partidos políticos y la cohesión interna de los gobiernos son los logros del actual sistema electoral. Por contra, la falta de proporcionalidad y las listas cerradas resultan aspectos negativos.

Nunca en nuestra reciente historia democrática habíamos asistido a un debate tan intenso sobre nuestro sistema electoral como el que hemos presenciado antes, durante y después de las últimas elecciones generales. El penúltimo ejemplo lo hemos visto en la primera sesión del debate de investidura. Allí, el líder de Izquierda Unida (IU), Gaspar Llamazares, exigió al candidato a la Presidencia del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, una reforma del actual sistema electoral y el líder socialista, por su parte, se comprometió a crear una comisión para estudiar esta posibilidad.

El interés de todo el debate generado en torno al sistema electoral está más que justificado, pues estamos hablando del conjunto de reglas que organizan el aspecto más esencial de la democracia: las elecciones periódicas y competitivas por las cuales elegimos a nuestros representantes políticos. Sin embargo, cuando hablamos y discutimos sobre el sistema electoral solemos centrarnos en los aspectos más negativos olvidando, creo que injustamente, los importantes logros que ha generado. Convendría, por tanto, hacer una pequeña reflexión sobre las luces producidas por una de nuestras instituciones políticas que ha permanecido intacta desde el inicio de nuestra democracia.

El sistema electoral español se ha empleado en diez ocasiones desde 1977, y dos han sido sus principales consecuencias positivas. En primer lugar, hay que destacar la escasa fragmentación del sistema de partidos. Así, el Congreso de los Diputados ha estado fundamentalmente dominado por dos grandes partidos que se han alternado en el poder, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y el Partido Popular (PP), y una serie de partidos menores, fundamentalmente nacionalistas y regionalistas, que han jugado papeles importantes en determinados momentos.

En segundo lugar, y gracias en parte a nuestro sistema de partidos, España ha disfrutado de una relativa calma institucional que ha tenido su mejor reflejo en la duración de los distintos equipos de gobierno. Como es bien sabido, la ley electoral establece que las elecciones se celebren cada cuatro años y, si observamos la duración de todos los gobiernos desde 1977, el valor medio ha sido de aproximadamente cuarenta meses, algo más de tres años. Hay que mencionar, por excepcionales, los tres primeros gobiernos bajo el mandato de la Unión de Centro Democrático (UCD). Con una duración media de unos veinte meses, estos tres gobiernos estuvieron además sometidos a una grave crisis en el propio partido que originó la existencia de gobiernos dirigidos por distintos responsables. Exceptuando estos equipos, que se pueden considerar de transición, los gabinetes formados a partir de octubre de 1982 se han caracterizado por su longevidad. Es más, desde las elecciones de 1996, todos los gobiernos resultantes han cumplido escrupulosamente el plazo legalmente establecido.

Junto a esta longevidad, la cohesión interna de los equipos de gobierno es otro rasgo positivo que ha definido a nuestro Poder Ejecutivo desde 1977. De hecho, la escasa conflictividad en los diferentes gobiernos es uno de los elementos fundamentales para comprender el asentamiento de la democracia en España. En tan sólo treinta años, España ha pasado de ser una dictadura a una democracia cuyo funcionamiento se puede equiparar perfectamente a las del resto de democracias europeas. Nuestro sistema electoral ha permitido la creación de cuatro gobiernos donde un partido ha ganado la mayoría absoluta de escaños en el Congreso de los Diputados y seis donde el partido vencedor ha estado en minoría parlamentaria. En estos últimos casos, hay que señalar que los gobiernos han sobrevivido gracias a apoyos parlamentarios con otras formaciones políticas y, curiosamente, no se han producido gobiernos de coalición. La ausencia de coaliciones en circunstancias que habrían favorecido su aparición es una particularidad del sistema político español. Si se observan datos de otras democracias occidentales, e Italia es un buen ejemplo, se aprecia que la forma de gobierno de coalición, esto es, un gabinete formado por miembros pertenecientes a dos o más partidos políticos, ha sido y es muy frecuente. Sin embargo, en España ha predominado la idea de que el partido ganador de las elecciones es el partido que controla el gobierno, a pesar de haberse dado las condiciones para generar gobiernos de coalición.

La ausencia de gobiernos de coalición y, sobre todo, las mayorías absolutas generadas por el sistema electoral han facilitado que los partidos en el gobierno hayan podido llevar a cabo las importantes reformas económicas y estructurales que han colocado a España en los vagones de cabeza entre las democracias más industrializadas. Es difícil imaginar que estos mismos logros se hubieran alcanzado si nuestro sistema electoral hubiera generado gobiernos inestables y poco duraderos. El ejemplo más cercano al que podemos recurrir es el sistema electoral empleado durante la II República. Y sus resultados no son precisamente alentadores. De 1931 a 1939 se celebraron tres elecciones generales que produjeron más de veinte gobiernos distintos. Sin duda, esta inestabilidad institucional fue uno de los factores negativos que impidió llevar a cabo las reformas que promovían los distintos partidos políticos y que además contribuyó a la polarización política con el resultado trágico que todos conocemos.

Por supuesto, estos efectos positivos generados por el sistema electoral español deben contraponerse a las consecuencias negativas que son las que han dominado el debate actual. La falta de proporcionalidad es, seguramente, el reproche más claro que podamos atribuirle. La desproporcionalidad afecta principalmente a partidos nacionales con apoyos sensiblemente inferiores a las grandes formaciones políticas. El ejemplo más contundente se encuentra en Izquierda Unida (IU), que en estas últimas elecciones ha vuelto a ser la tercera fuerza más votada y, sin embargo, se ha convertido en la sexta fuerza parlamentaria llegando incluso a perder su propio grupo en el Congreso de los Diputados. Pero junto a la desproporcionalidad, también hay que considerar la rigidez con la que los ciudadanos eligen a sus representantes.

El sistema de listas bloqueadas y cerradas puede generar al menos dos restricciones a los electores. Por un lado, restringe la libertad del votante para decidir al representante más preferido. El votante ve limitada su capacidad de elección a una única dimensión: la ideológica. Por otro, esa falta de capacidad del votante para elegir a la persona que lo represente tiene la consecuencia más grave en la ausencia de mecanismos para premiar o castigar la actuación de un diputado durante su mandato. El elector no puede responsabilizar a un representante concreto de la mala gestión realizada durante el periodo para el que fue elegido sin castigar a la formación política a la que pertenece. El votante no tiene, pues, una opción para castigar al mal político y a la vez votar por su fuerza política preferida. Como consecuencia de ello, el elector puede bien abstenerse o bien votar a su segunda opción política preferida. O dicho de otro modo, el propio sistema electoral podría estar promoviendo la abstención de ciertos votantes.

Estas sombras no son irresolubles y existen propuestas que tratan de solucionar, si no totalmente, al menos parcialmente estos defectos. Por ejemplo, a nuestro sistema actual se le podría añadir un colegio electoral de 50 diputados elegidos a nivel nacional que se repartieran de forma totalmente proporcional para reducir la desproporcionalidad que genera. Sin embargo, es injusto centrar toda la atención del debate en estas últimas cuestiones sin reconocer que disfrutamos de un sistema electoral que ha contribuido de manera fundamental al lugar que ocupa hoy España entre las democracias industrializadas. (El País, 30/04/08)

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Fachada principal del Palacio del Senado (Madrid)

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Tuesday, April 29, 2008

Gran Canaria en la Historia

Hoy hace 525 años de una derrota que no fue tal. Tal día como hoy del año 1483, los últimos aborígenes que resistían a las tropas de Pedro de Vera en la fortaleza natural de Ansite (actual municipio de Santa Lucía), en las cumbres centrales de la isla de Gran Canaria, deponían sus armas y se entregaban en vasallaje, conservando sus bienes y la libertad de sus personas, a los reyes de Castilla y Aragón doña Isabel y don Fernando. En ese final pactado, aunque triste, habían tenido papel principal el último guanarteme (rey) aborigen, Tenesor Semidán, y su hija y su sobrina, las guayarminas (princesas) Thenesoya Vidina y Matsequera, convencidos de la inutilidad de la resistencia. Desde la llegada de Juan de Bethencourt a Gran Canaria hasta ese mismo momento habían pasado 79 años… Dice mucho de la valentía y coraje de un pequeño pueblo que mereció para su patria el apelativo de “Grande” otorgado con admiración por los mismos que lo derrotaron… Ese día, la isla de Gran Canaria entraba por la puerta grande en la Historia…

Les dejo con la lectura del hermoso texto que el poeta y compositor grancanario Néstor Álamo, dedicó a la triste historia de la última guayarmina aborigen de la Gran Canaria, la princesa Thenesoya, de la que todos los grancanarios, sea cual sea su origen, se sienten orgullosos descendientes. Sean felices. Y disfrútenlo. (HArendt)

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Relieve homenaje a la última reina de Canaria en el Real Alcázar de Córdoba


THENESOYA VIDINA
Por Néstor Álamo

NADA IGUAL A LAS TIERRAS DE GRAN CANARIA! ALTOS cerros morenos sobre los cielos limpios de las cumbres. Nervatura de rocambres milenarias y palmeras infinitas que limpian las rutas de las palomas salvajes, de las tórtolas del Sur y las alpispas nerviosas. Trigos calientes sobre laderales y faldeos. Soles altos, vuelos altos. Nada jácara ni donaire en las líneas precisas de la tierra. Y el mar nacido de caminos como punto de eterna referencia.

1.460 y Gran Canaria. Año mas, año menos. En la noche incierta de la antedominacion española, ¡qué difícil fijar fecha precisa en sucesos menudos!, a tal punto se halla falto de alta investigación histórica este periodo. Pero, una vez mas, llevémosnos de historiadores y cronistas: 1.460 y Gran Canaria.

Viene de la Isla de El Hierro Diego de Herrera, enderezadas las proas de sus naves hacia Lanzarote, sede feudal del navegante. Allí, su esposa, doña Inés Peraza, le aguarda con ansias dominadas. En sus ausencias, ella hace de Gobernadora de la Isla y administra justicia y corre a las armas, si es preciso, por incursiones del perro marroquí… Así venga la morisma los desafueros cristianos en jaimas y morabitos.

Viene Herrera de apaciguar a los isleños nativos de El Hierro, que ya no trabajan para Armiche, su señor y Rey, sino para los conquistadores venidos de una tierra extraña y lejana. Los hijos del “Garoé” se han levantado contra el poder brutal de los sucesores de aquel normando fanfarrón que se llamo Juan de Bethencourt. De consuno, los gobernadores de la Isla, un vizcaíno y un francés, violaban, robaban, asesinaban…Seguían fieles la tónica del coloniaje aventurero. Y los isleños no hallaron mejor medida que colgarlos de unos árboles para regocijo cierto de cuervos y buitres. Que es esta, en muchos casos, elemental medida de higiene publica.

Diego de Herrera, buen diplomático, endulzó agriores, engordó la vista ante ciertas gravedades y consiguió dos cosas: que no se acabara de despoblar la isla –cosa inminente—y que el buen Armiche se bautizara. Así ganaban su hacienda y la gloria de Dios; que desde aquellas témporas de rudos conquistadores eran estos conceptos parejos.

Así que, Diego, hijo de Pedro García de Herrera, rico-home y Mariscal de Castilla, señor de Ampudia y Capitán de la Frontera de Jerez, venia contento. Bien sabia él aquello de “paños lucen en palacio, que no hijosdalgo”. Y lo otro no menos cierto: “Abátense los adarves y álzanse los muladares”. Porque el buen suceso de su viaje significaba amor más prieto en su esposa doña Inés, “dama virtuosa, hermosa y varonil”, y más seguridad en la valía de hombre cuya obligación era la de defender el feudo de su dama y esposa.

Sobre la punta de Sardina del Norte, a orden de la Almiranta, recogió velas la breve flotilla. Cosa sería de la media noche larga. Había que aprovechar la buena fortuna y piratear lo que bien se pudiera en la costa; así sería mayor el gozo de la doña Inés amada. A lo mejor prenderían algunos esclavos que se pudieran enviar al mercado de carne sevillana de Sevilla. Esto ayudaría a salir de apuros al arnero del señorial bolsillo, alcanzado siempre.

Así que, a la madrugada quieta, los navíos a la capa y a tierra. Allá fueron las gentes con ansias de rapiña y asalto, que en El Hierro no pudieron desbravarse, ni tampoco en la todavía insumisa Isla del Infierno.

Por un sitio que los nativos en su lengua querenciosa llamaban “el Bañadero”, playa suave y fina, tomaron tierra. Ducha en esta guerra, entreverada de cacería del hombre, la espuma de la gallofa se enmantojó en unos hierbajos altos, espesos. Y esperó con paciencia la ocasión de pillería.

Y la ocasión llegó.

* * *

Dos o tres horas lleva el sol sobre unos cielos de porcelana. Al rayar claro del alba, la Princesa Thenesoya Vidina, de la Casa de los Guanarthemes de Agalda, ha hecho su tocado en el cenobio de La Iraga, más allá del barranco del Aguamastel. Allí tiene hace tiempo las rayas que han de orientar su vida de esposa y ama de casa. En la serena altura aprende las oraciones a Alcorah; a tejer juncos mimosos y coser gamuzas finas y ensanchar su talle hasta el límite máximo; que no ha de engordar buen hijo la mujer canaria de vientre enjuto.

Veinte años y hermosa. Brillante como el agua de las fuentes claras y blanca como la espuma de la leche caliente de los ganados de la Isla. Y dulce como el fruto maduro del mocán. Honesta y señora siempre, bajo el tamarco de pieles curtidas. Los pies sujetos en unas como abarcas y en el cuello, sobre el alto seno de virgen intocada, collares de barro cocido y una diadema de conchas blancas sobre el largo cabello castaño. Así viene, acompañada de sus dueñas de cámara y labor, Thasirga y Orchena, a tomas el baño diario en el suave y deleitoso bañadero.

Por la vereda –polvo rojiblanco, orlas de hinojales frescos–, canta la Princesa núbil su pagana alegría de todo. Porque es feliz y pronto aumentará su dicha. Su padre, el noble y tuerto Aymedeyacoan, Faycan de Telde, está contento. Su hija Thenesoya casará presto y bien. El “punapal” ( I ) y valiente guerrero Autindana, da por ahora gloria nueva a la raza. Y es difícil conocer los humores al soberbio Señor del Sur, que además de soberbio es mañoso; hombre que había de repudiar mas tarde, como impropias de canarios, las mansas benignidades de su pariente el Guanarteme regente de Gáldar: Thenesor Semidán.

Pero ahora resbala la Princesa por su camino, alegre rebosante de ligeros afanes de llegada. Un poco enfebrecida, como los capirotes que revuelven locos de verano, las hojas de los higuerales. Hoy no la acompaña su prima, Masequera, Princesa heredera del Reino de la Gran Canaria, quien desde niña crióse con Thenesoya en desventuras y placeres.

Llegan las viajeras a la lengua del agua y la espesura del matojal cruje de deseos reprimidos. Cayeron las gamuzas de colores cándidos. Cayó el calzado extraño, sujeto al tobillo por correas de traza menuda. Y la diadema de conchas blancas, sostén de la cabellera suelta sobre la espalda. Y la virgen Thenesoya, libre Venus atlántica, hundió la nieve fresca de sus veinte años en la codicia de las aguas, hervidas de espumas.

( I )“Punapal”: primogénito. Este valiente guerrero fué enterrado en Gáldar, en el viejo templo de Santiago de los Caballeros. Aunque debió bautizarse, conservó su nombre canario, ya que a fines del siglo XV o comienzos del XVI aparece en aquellos libros parroquiales el asiento del pago hecho por abrir la fosa de “Autindana” en aquel templo.
Pero oíd cómo un juglar anónimo cantó el suceso en dos octavas que a fines del XVII una mano curiosa envió desde Lanzarote al ingenio erudito, parsimonioso, de don Pedro Agustín del Castillo: ( I )

Estándose bañando con sus damas
De Guadartheme el Bueno la sobrina,
Tan bella, que en el mar enciende llamas,
Tan blanca, que la nieve mas se empina,
salieron españoles de entre ramas
y desnuda fue presa en la marina,
aunque pudo librarse, cual Diana,
del que la vió bañar en la fontana.

*

Partir se vio la nave a Lanzarote,
donde con el santísimo rocío
la bañó en la fuente el sacerdote
de Dios; salió con tal belleza y brío
que con ella casó Monsieur Maciot,
que el noble Bethencour era su tío:
Y de estos dos, cual de jardín las flores,
Proceden los ilustres Betancores.

Gritos y lagrimas y femenil desasosiego rompieron la quietud de la costa. Pronto repararon los salteadores que la sirena aprisionada era de calidad. Las ayas, durañonas, nada alcurniado ofrecían en sus vestimentas. Pero a pesar de todo no sospecharon que habían hecho presa, al buen tuntún, en la humana arquitectura de una Princesa Real.

Al batel los desembarcados y a bordo de la Almiranta. Con ellos, las cautivas. En la carabela, los intérpretes que Diego de Herrera llevaba pusiéronse al habla con ella. S´´upuse la sangre de la hermosa muchacha y di´´eronle al punto el trato a que tenía derecho. La cámara mejor de la nao y el mas fino cuidado para la Princesa de la Real Casa de Semidán.
Ahora, apuntan a Lanzarote sus proas alegres. A Lanzarote, sobre los lomos sumisos de las aguas azules, roncas de plañir indignaciones. Porque se acababa de jugar la suerte de Gran Canaria y la raza perdió. Se había jugado –y perdido– a cara o cruz la suerte del integro albedrío isleño. Ya podían contarse los hijos de la raza pura de Maninidra y Bentejui entre el coloniaje mestizón que había de enriquecer las arcas de Castilla. Toda la fiera altivez de un pueblo de excepción quedó englobada en este tópico del tiempo: “cristiano viejo”. Desde ahora, todo anhelo del pueblo canario se reducirá a llevar con verdad la etiqueta impuesta. Lo austero de la raza vencida puede enriscarse ya y a callar como muerta, ahíta de soledades, cuando la flor de la brivia conquistadora –“nobles caballeros fijosdalgos de casa y solar reconocidos”—quisiera hocicar en sus tradiciones sagradas, en toda su vida anterior, doméstica y publica.

( I ) Una versión contemporánea asigna –un tanto alegremente—la paternidad de estas octavas al canónigo Cairasco de Figueroa.

A todo ello contestará con un silencio fijo, perdiendo los ojos en mares de lejanías amargas, porque así lo querrá Guadayeda o Thenesor Semidan, su Guanarteme último ahijado y vasallo de Sus Altezas, los señores Reyes de Aragón y Castilla.

1.52…. y Gáldar. Ya la isla es española. Hoy, del César bembudo y genial, comilón hervido de gulas. Ayer, de Isabela y del zorrocloco viejo del de Aragón su marido casquiveleto. Doña Juan llora en su oscuro agujero de la paramera castellana la belleza `perdida del hermoso Filipo y entre sus nubes estoposas de la Inglaterra marina, el comerciante procaz y tripudo, saturado de fortunas buenas que es Enrique Tudor, juega al esposo mal esposado con la tosca escuetez de Catalina de Aragón, que se encostra de olvido y telarañas por los rincones de su palacio como vihuela desclavijada, sin mano amante que la temple y taña.

Se ha consolidado la unidad española. Desde el instante del finiquito de Isabel hasta el actuadle inquietudes sociales, será el hilo quebradizo de esta unidad aguijoneo constante en la conciencia de la nación.

Ahora finaliza el quinto lustro de siglo XVI. Ha muerto hace tiempo el otoño de la Edad Media, y una nueva estética, y un concepto nuevo de la vida cimbran los contornos del mundo, ahuyentando los principios viejos. El Renacimiento es señor absoluto de los cuatro puntos de la rosa de unos vientos que quieren ser libres.

Gáldar y 1.52… Un lecho alto; tocas de viuda, ayes de cristiana vieja y rezo de todos los rezos que para esta ocasión la Santa Madre Iglesia prescribe. Hábitos de San Francisco y el Escribano de las Villas del Norte, Alonso de San Clemente, que por la abertura del acuchillado jubón de veludillo saca el canuto oficialero. Papel, tinta, pluma y negra arena secante. La que en edad gentil llamóse Thenesoya, Princesa de Semidán, se apresta a morir devotamente, como cualquier hidalgüela oscura y sin ruido de metal en la escarcela. Pobre, pero con títulos de “cristiana vieja” y mujer viuda de Maciot de Bethencourt; se llama Doña Luisa y sostiene el apellido que su amante esposo le diera.

Aquí, en torno al lecho familiar, los hijos, fruto de su matrimonio único: Andrés y Arriete de Betancor y Juan Perdomo. A éste se acompaña su mujer, Francisca de Cerezo, hija de Antón de Cerezo “el Viejo”, Señor del vasto Heredamiento del Laguete.

En este instante final de su vida noventona, Luisa de Betancor hojea el diario mental de su existencia, rica en interés y sucesos. Su arribada a Lanzarote y la alegría de doña Inés Pereza ante la nueva dama que tomaba lugar en su corte de romance. Los desposorios con el bizarro Maciot, miembro sin mucho lustre de su destartalada familia y la muerte del esposo, acaecida hacia 1.480, antes de la rendición total de Gran Canaria, asentado ya el matrimonio en nuestra Isla. En la capilla que en el primitivo templo de Santiago de los Caballeros de Gáldar hicieran levantar ambos bajo la advocación de Santa Ana, esperan los huesos del difunto esposo la llegada de su compañera, ejemplar y fiel.

En el recuerdo, el primer retorno al solar nativo, una vez cristiana y casada. El buen Guanarteme buscaba su rescate a cualquier precio, “porque demás de su condición angélica era muy bella dama”. De negarse Diego de Herrera a concierto, serían ahorcados los cristianos prisioneros de canarios. Y esto movió el corazón de Thenesoya. Liberal y animosa, dijo allá en Lanzarote a los que ya eran suyos:

“—Sabed que puedo devolveros a vuestros hijos y hermanos de darme mi esposo y señor licencia; Diego de Herrera, a mí y a Thasirga por compaña. Dejadnos sobre las costas de mi tierra, en el lugar mismo donde fuimos apresadas. Pasarán quince noches; en la última, surgid el carabelón en tal abrigo, que allí estaré, presta a tornarme con mi dueño, una vez libertados los cautivos cristianos: Esto os digo”.

Y así se hizo y lo cuenta Fray José de Sosa:

“Placióle mucho a todos el parecer y bizarría de doña Luisa de Betancurt, porque habían experimentado de su juicio, capacidad y ánimo, que no había de retroceder un punto, ni faltar a su trato y palabra, néctar con que se había amamantado desde los gentiles pechos de su canaria madre, y así, como urbano rendimiento, cada uno de por sí le besaba las manos y en lo que podían alcanzar políticamente le hacían agradecidos su cortejo”.

Llegaron a Gran Canaria. Salió la Corte a recibir con alegría a las cautivas y por ellas se entregaron ciento quince cristianos. Hubo fiesta en honor de Thenesoya, trocada en Luisa. Vencióse el plazo, y una madrugada, dejando dormida a Masequera desatranco las puertas del palacio del Guanarteme, donde moraba, y sin despertar a la guardia ni a un gran perro que vigilaba los patios en silencio, salió a la marina, donde ya la esperaba anheloso Maciot. La voluntaria huía de su sobrina dolió tanto al Rey, que enfermó de melancolía al punto, y de este mal de amores dicen que murió. “Que quien se empeña en amar, se empeña por la cosa amada a padecer,– dice el franciscano historiador, con raro conocimiento, a este respecto.

Ahora, en el punto quieto de la muerte, Thenesoya repasa la mala fortuna de sus familiares: los hombres, unos destripados por la guerra; los otros marcharon a hacerla a la América nueva y a la vecina Berbería. A las tierras de Salé y de Túnez y a Granada. O quedaron tendidos en los campos borrachos de sangre de Tenerife y la Palma. Un Fernando Guanarteme, gustador impenitente de mozuelas, rueda por Nivaria un tanto aislado por los de su sangre y vive en unas cuevas del camino ácido de Adeje; y no sabemos si es éste el rey postrero de la Gran Canaria que según Fray Juan Suárez de Quintana, el genealogista, murió por el veneno tras un banquete ofrecido por el Adelantado, que le había otorgado datas y no viera mas camino para recobrarlas nuevamente que el crimen.

De las Princesas reales, Masequera se ha convertido en doña Catalina de Guzmán. La hija de don Fernando de Guanarteme y es mujer legitima, en legitimo matrimonio, de don Miguel de Trexo. Todo es ya distinto y extraño, y el centro de la vida nueva no es la metrópoli antigua, ni Telde, su rival, dorada por los vientos y los soles eternos del Sur. Es la villa nueva y aventurera que se ha levantado con prisas en torno a las barbas del Real de los invasores, junto al arroyo del Niguiniguada. Ya hay escribanos y doradores y borceguineros, y tundidores de lo fino, y el pichelero andaluz vocea sus picheles por las empinadas calles nuevas en lengua de germanía. Hay canónigos de capa larga y genio pronto y un obispo guerreador, vestido de tafetán morado. Hay bubas y hospitaleros, y hay junto a la inquisición que el obispo Muros ordeno en 1.499 y la plaza de verdugo creada por los Reyes, campanas de conventos y una mancebía que la Reina Juana concediera para aumento del caudal de propios de la ciudad futura.

Frente a estas ventajas de la civilización nueva los Guaires vencidos han de soportar al almoxarife y al alcabalero feudal, trotón de los caminos, demonio de villanos sin padrinazgo fuerte.

Así fue el domingo, 15 de marzo de 1.528. Después de misa. Están en su casa Luisa de Betancort y sus hijos. Aparecen el Alcalde Mayor de la villa de Gáldar, Juan de Vargas y el Regidor de la Isla, Jerónimo de Pineda, tío del famoso –por su muerte airada—Hernando de Pineda. Todos gentes de Castilla. Vienen con mandamiento de la autoridad superior a cobrar al tributo de la moneda forera a los pecheros y villanos. Y la familia de Betancort esta comprendida en el padrón de estos.

La raza orgullosa, se revolvió en doña Luisa y volvió a ser la Princesa Thenesoya. Denostó e hizo valer los derechos de su sangre. Además había casado con hidalgo notorio; y en sus armas, por campo de plata, rampaba un león, de sable la lengua…

–Conque idos con Dios, mis señores, que hidalgos somos y no villanos pecheros, y no hemos de pagar pechos ni alcabala alguna. Así que idos con Dios y Santa Maria.

No fue bastante la respuesta y ordenaron los señores de la autoridad tomar prendas a Thenesoya y sus hijos. El alguacilejo silbante puso su mano bellaca sobre el cuerpo noble de quien tanto contribuyó a hacer española la Isla, y tomó de él un manto negro de sarga; de Arriete de Betancort una escopeta y de su hermano Juan Perdomo, un moquero, labrado de negro.

Largo hubieron de litigar doña Luisa y sus hijos para que su origen y nobleza les fuesen reconocidos. En información de hidalguía incoada para hacer valer sus derechos, declaran la Princesa Masequera, llamada ahora doña Catalina de Guzmán; Gonzalo de Aguilar, Adán de Acedo, Juan de Soria, Antón de Cerezo, Pedro de Argüello y Fernando de Vera. Y en litigio enredado anduvieron hasta el sábado, veinte y siete del mes de febrero de 1.529 en que el Licenciado Espinosa reconoce la nobleza de la Casa de Bethencourt o Betancor, más noble aun por su entronque don la Diana nadadora de la Gran Canaria.

* * *

Y así finó, buena y honrada esposa amante y amadísima, la dulce Princesa Thenesoya, por cuya belleza y brío murió un Rey de la Gran Canaria y quedo hechizado un hidalgo con origen en las tierras mojadas de Normandía.
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FUENTE: Leyenda de la Guayresa Abenahoara que esta recogida en el libro titulado “Thenesoya Vidina y mas tradiciones” que fue publicado por el Instituto de Estudios Canarios en La Laguna en el año 1959. Transcripción de Práxedes Álamo.

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Paisaje de Santa Lucía, en las cumbres centrales de Gran Canaria

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Monday, April 28, 2008

Marías en la Academia

Javier Marías ya ocupa su lugar en la Real Academia Española. No es una novedad que uno de los más grandes novelistas españoles contemporáneos ingrese en ella. Felicidades. A él, a la Academia y a toda la gran familia de habla española. De sus novelas recuerdo con especial predilección “Mañana en la batalla piensa en mí” y “Corazón tan blanco”, que precisamente son las que cita Villena en su artículo. ¡Y qué decir sobre la alusión del mismo Marías a Ramón J. Sender y su “La aventura equinoccial de Lope de Aguirre”, sin duda, la gran novela española sobre la aventura americana…

Juan Cruz y Miguel Ángel Villena nos cuentan en sendos reportajes el acontecimiento. Y yo les recomiendo encarecidamente que lean y disfruten el discurso de ingreso del nuevo académico titulado “Sobre la dificultad de contar”, y la contestación al mismo por parte del ilustre filólogo y también académico, Francisco Rico. Les aseguro que merece la pena. Sean felices. (HArendt)

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Javier Marías entrando en la Real Academia Española

“La tarde redonda del joven Marías”, por Juan Cruz

El novelista madrileño ocupa el sillón ‘R’ de la Academia de la Lengua con una defensa encendida del oficio de escritor. Cuando Ian Michael, el profesor de Oxford que escribe novelas españolas con el seudónimo de David Serafin, me dijo anoche, al entrar en el salón de actos de la Academia, que esperaba que “nuestro Rey” se hubiera vestido bien para la ocasión, me pasó por la cabeza la idea de que a lo mejor Don Juan Carlos asistiría a esta inauguración de Javier Marías como miembro de la Real Academia Española de la Lengua.

Pero, claro, en seguida caí en la cuenta: Ian Michael esperaba la entrada de su Rey, y su Rey es el Red de la Isla de Redonda, Xavier Marias, o Javier Marías, soberano de un territorio literario y real que él ha convertido en símbolo y metáfora de un conjunto de personas que ya se consideran amigos y por tanto súbditos del autor de Negra espalda del tiempo.

Así que Ian Michael esperaba al Rey de Redonda, y allí estuvo Javier Marías, risueño, metido dentro de su impecable traje de académico, caminando hacia un estrado que su padre, el filósofo Julián Marías, ocupó durante más de cuarenta años y en el que él, desde anoche, tiene el mismo sitio que tuvo Fernando Lázaro Carreter, a quien el nuevo académico dedicó el homenaje que se merece el recordado filólogo por su ingente labor a favor de la modernidad de la Academia, continuada sin desmayo por Víctor García de la Concha.

Iba a ser una tarde redonda para Javier, y para muchísimos de los amigos que acudieron a la sede de Felipe IV a cumplir con un rito que es mucho más simbólico, y más cálido, que una simple sesión solemne. Fernando Savater, que estaba allí, en las primeras filas, hizo con la palabra Redonda, o redonda, el juego de palabras que siempre dibuja con la cálida maestría de un amigo que nunca envejece: “¡Será una tarde redonda para Javier!”.

Lo hubiera sido del todo del todo si el Real Madrid, el equipo de Javier, hubiera ganado –ya— la liga; pero fue una tarde grande, hermosa y central en la biografía de Marías, por muchísimas razones. Le respondió Francisco Rico a su discurso sobre la dificultad de contar, y Rico, que sufrió de carraspera como si estuviera al principio de un examen de alto grado, y aun así hizo gozar de su esgrima, situó a Javier en el inicio de esa autobiografía. Le conoció en casa de Juan Benet, en la calle Pisuerga, 7, de Madrid; allí iba Javier cuando aún era un adolescente, y allí se fue fraguando su primera relación seria y constante con la literatura.

Y de ahí, de aquel entonces, proviene una manera de ser, la de Javier Marías. Esa referencia a Benet, que él inició en su discurso de ingreso y que luego corroboraría Rico en su respuesta, tenía un correlato en la sala, en la presencia de los hijos y la hermana de Juan, en Jaime Salinas, en Antonio Martínez Sarrión, en Javier Pradera, en todos aquellos que, sentados ahora en los sillones rojos del salón de actos, asistían al encuentro del discípulo con la historia de sus mayores, los que no están y los que siguen estando.

Javier Marías es un escritor total, un escritor de memoria y un escritor de fábulas y de memorias; su reflexión sobre lo que hay detrás de la ficción (o de la literatura) tiene que ver con el inicio de aquella educación sentimental que tuvo en su padre un gozne espiritual muy bien trabado, muy hondo, y que guarda de Benet una autoexigencia que cambió –lo dijo bien Rico, en su discurso—la manera de ser de la literatura de los 70, que aun hoy marca una novedad en la actitud literaria española.

En la esgrima que se lanzaron el nuevo académico y el académico veterano había esa complicidad, ese juego dialéctico que Benet propició y que subyace en la inteligencia literaria de Javier Marías como una herencia que es también la herencia íntima de una actitud. Allí estaban, escuchándole, conocedores de toda esa historia, gente como Emilio Lledó, o como Gregorio Salvador, o como Álvaro Pombo, o como Arturo Pérez-Reverte, colegas suyos de la Academia y éste último cómplice de aventuras y de guiños a través de las empresas periodísticas que más les han juntado; y allí estaba la Academia, recibiendo a Marías. Le dijo Rico: “¿Qué puede darte en adelante la Academia?” Y se respondió el ilustre petrarquista, recuperando el aliento de una pertinaz carraspera: “Mirarás de otro modo la negra espalda del tiempo”. Lo que es seguro es que la Academia ha visto entrar, esta tarde redonda para Javier Marías (¡más redonda hubiera sido si el Madrid ya hubiera ganado la Liga) un escritor de veras, hondo, decisivo, que nace de la exigencia de una generación que ahora le contempla como si aun fuera, en efecto, y lo es, el joven Marías.

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Javier Marías momentos antes de pronunciar su discurso de ingreso en la RAE

“Marías defiende que sólo la novela relata “sin objeciones ni cortapisas”, por Miguel Ángel Villena
       
El escritor reivindica la ficción literaria en su discurso de ingreso en la RAE. Dijo el académico Francisco Rico, encargado de contestar el discurso de ingreso de Javier Marías (Madrid, 1951) que el nuevo miembro de la Real Academia Española (RAE) había empezado su parlamento “con una confesión de humildad y lo ha acabado con una manifestación de arrogancia”. La citada arrogancia radicó en que el autor de Mañana en la batalla piensa en mí o Corazón tan blanco defendió que el novelista “es el único facultado para contar cabalmente, a diferencia de los ya mencionados cronistas, historiadores, biógrafos, autobiógrafos, memorialistas, diaristas, testigos y demás esforzados de la narración abocados a fracasar”. Como fuerza y sentido de la ficción literaria, Marías argumentó en su discurso ante más de 300 personas: “Necesitamos saber algo enteramente de vez en cuando, para fijarlo en la memoria sin peligro de rectificación. Necesitamos que algo pueda contarse a veces de cabo a rabo e irreversiblemente sin limitaciones de zonas de sombra o sólo con aquellas que el creador decida que formen parte de su historia. Sin posibles correcciones ni añadidos ni supresiones ni desmentidos ni enmiendas. Y lo cierto es que sólo podemos contar así, cabalmente y con sus incontrovertibles principio y fin lo que nunca ha sucedido”.
       
A las siete en punto de la tarde, en el impresionante salón de plenos de la RAE y bajo la presidencia de la ministra de Educación, Mercedes Cabrera; y del titular de Cultura, César Antonio Molina, el escritor madrileño había comenzado su intervención con una interrogación sobre el papel de los novelistas. Utilizó Marías una cita de Robert Louis Stevenson para calificar de “pueril tarea” la actividad de los creadores de ficción y manifestó ante los académicos reunidos: “No sé cuál es el criterio que los lleva a ustedes a admitir en el seno de su digna institución a algunos novelistas. En realidad, se me hace difícil entender que admitan a cualquier novelista”. Javier Marías había titulado su importante discurso Sobre la dificultad de contar. De hecho, una buena parte de su intervención, que leyó en una hora, estuvo dedicada precisamente a subrayar los obstáculos que impiden relatar una historia, cualquier historia, de un modo objetivo, completo e indiscutible. Evocó el nuevo académico incluso sus tiempos de traductor y de profesor universitario para concluir que “la traducción es imposible, si nos ponemos muy estrictos o muy teóricos, ambas cosas vienen a ser lo mismo”.

Hasta tal punto llevó el nuevo académico su reivindicación de la novela que se preguntó en voz alta “¿por qué estamos familiarizados con seres que no han existido, en mucha mayor medida que con los que sí cruzaron el mundo y pudieron dejar su huella?” Contestó Javier Marías con ejemplos como el Cantar del Mío Cid o las obras de Shakespeare donde los personajes de ficción han pervivido, a lo largo de los siglos, con más fuerza que los individuos reales. “Quizás sea eso”, manifestó, “lo más llamativo: que las figuras históricas parezcan borrarse y desaparecer para la gente en general a menos que un literato, o también hoy un cineasta, se molesten en imaginarlos y ficcionarlos”.

Como uno de los ejemplos más sobresalientes de esta paradoja, el novelista citó el caso de la expedición de Lope de Aguirre en busca de El Dorado y hasta qué punto eran hoy del todo irrelevantes los relatos de sus contemporáneos. En cambio, una “excelente novela” como La aventura equinoccial de Lope de Aguirre, de Ramón J. Sender, o una película como Aguirre, la cólera de Dios, del alemán Werner Herzog, habían prolongado la figura del aquel visionario conquistador a través de los tiempos. En esa línea situó también Marías la novela Un día de cólera, del también académico Arturo Pérez-Reverte, sobre la sublevación del 2 de mayo de 1808 en Madrid contra las tropas francesas que equiparó con los episodios nacionales de Benito Pérez Galdós.

El nuevo académico, que ocupará el sillón R que dejara vacante el fallecimiento de Fernando Lázaro Carreter, tuvo palabras de agradecimiento tanto para Pérez-Reverte como para Gregorio Salvador y el desaparecido Claudio Guillén, que fueron los proponentes de su candidatura a la Real Academia Española. Javier Marías ingresa en una institución a la que perteneció durante más de 40 su padre, el filósofo y ensayista Julián Marías. El nuevo académico recordó que había ficcionalizado la figura de su padre en una reciente novela, bajo el nombre de Juan Deza. Al hilo de toda la línea argumental de su discurso mostró su temor y el de sus hermanos a que en el futuro se recuerde más al trasunto literario del famoso filósofo que a la persona real.

“De suceder así”, comentó Javier Marías con una ironía desplegada a lo largo de todo su parlamento, “ya no sé si le habría hecho un favor o causado un perjuicio”.

Bajo la sombra de Lázaro Carreter y de Julián Marías: La figura de Fernando Lázaro Carreter (Zaragoza, 1923-Madrid, 2004) estuvo ayer muy presente en el discurso de Javier Marías que ocupará el sillón del fallecido filólogo. Si bien el novelista confesó que no había conocido personalmente al que fuera director de la Real Academia Española durante siete años, a su juicio, “Lázaro Carreter fue sin duda uno de los más perspicaces y notables lingüistas de los muchos que ha albergado y en número creciente sigue albergando esta institución”.
       
En una opinión de Marías, que comparten muchos de los actuales académicos, el lingüista aragonés “le quitó algunas telarañas a la RAE, la modernizó, la dotó de medios y logró que el conjunto de la sociedad la volviera a tener en cuenta”. La labor de divulgación del idioma que Fernando Lázaro Carreter abordó en sus artículos periodísticos y que más tarde agrupó en un libro bajo el título de El dardo en la palabra fue especialmente elogiada por Marías.

Al igual que fueron inevitables las referencias a Lázaro Carreter, la personalidad de Julián Marías se proyectó ayer en el precioso edificio de la RAE, en pleno centro de Madrid, que el filósofo frecuentó como miembro de la institución durante cuatro décadas. De hecho, Francisco Rico terminó su discurso de contestación con una evocación del padre de Javier Marías. “Lo que sin duda sucederá”, señaló Rico, “es que junto al sillón que tantas tardes ocupó tu padre, y alguna vez probablemente en ese mismo sillón, oirás a ratos cómo el río corre hacia atrás, hacia las fuentes, mirarás de otro modo la negra espalda del tiempo, y sin dejar de serlo, sabrás también que ya no eres joven, Marías”.

Había hecho alusión Francisco Rico a la carrera literaria del novelista madrileño y a su condición de “joven Marías” en sus comienzos y por contraste con su padre. En un tono desenfadado y lleno de guiños cómplices hacia Javier Marías y su generación de novelistas, Rico recordó el eco que había tenido la literatura del nuevo miembro de la RAE desde que publicara Los dominios del lobro y, más tarde, Todas las almas. Al mismo tiempo que animó al novelista, cuyas obras han sido traducidas a numerosos idiomas, a utilizar a sus nuevos compañeros de la RAE como argumentos literarios, Francisco Rico subrayó que Marías se había convertido a sí mismo en un personaje literario. “La inmortalidad te la has dado tú mismo al hacerte no tanto novelista cuanto ente de ficción novelesca”. (El País, 28/04/08)

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Sunday, April 27, 2008

Recetas para la crisis

Mi artículo del día es, sin duda, ¡y mira que hay noticias para ser domingo!, el de Paul A. Samuelson en el suplemento dominical Negocios, de El País. Profesor de varias generaciones de economistas y autor del libre de texto más famoso de la historia de la Economía, de él se puede decir de todo, menos que es un aficionado. Y ahora, que hasta los “ultraliberales” reclaman unánimemente la ayuda del denostado Estado para salir de la crisis en que ellos mismos “nos” y se “han” metido, resucitar en buena medida a Keynes, aparte de una heterodoxia es una medida de prudencia. De Bush y sus “profetas” económicos dice que son “incompetentes” y “chapuceros”… La gente educada es terrible… Sean felices. (HArendt)

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El profesor Paul A. Samuelson

“Laboratorio de ideas: Cómo prevenir una larguísima depresión”, por Paul A. Samuelson

Aquí no puede pasar eso”. Son las famosas últimas palabras de la gente que construye en costas tropicales inmediatamente antes de que un huracán, un maremoto, un terremoto o un volcán destruyan sus felices hogares. La economía no es una excepción. Allá por 1929, justo antes de que las acciones de Wall Street cayeran en picado, la comisión de expertos del presidente Hoover declaraba, en efecto, que el futuro estaba despejado y que los ciclos empresariales no eran más que los dolores históricos que experimenta el capitalismo al crecer. Pero ahora estamos en una nueva era.

La mayoría de mis lectores ya habían nacido cuando tuvo lugar la denominada Década perdida de Japón. Eso puede considerarse una larguísima depresión: de hecho, el malestar económico japonés se ha prolongado hasta bien entrada la década de 1990. A fecha de hoy, el país no ha recuperado aún los niveles de tipo de interés positivo que prevalecen en todo el mundo; y mientras que sus homólogos tienen que esforzarse por contener una inflación impropia, Japón sigue luchando por poner fin a la deflación posterior a la década de 1990.

Pero sólo los historiadores saben que en la década de 1920, después de la recesión mundial posterior a la Primera Guerra Mundial, Japón ya había vivido previamente otra década perdida. Ese periodo de tensión no sólo hizo peligrar su democracia de tipo occidental; en un sentido metafísico, se puede sostener que fue la semilla que generó la aventura de Pearl Harbor en 1941. Moraleja: las décadas perdidas alimentan las tensiones políticas y crean vecinos geopolíticos peligrosos.

Si saco a colación estas pequeñeces es para ayudarnos a entender y resolver los próximos y fundamentales debates que se desarrollarán tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo. Quieran o no, las autoridades en todas partes -y eso incluye a los bancos centrales, las haciendas públicas y los organismos reguladores que controlan los mercados financieros- no tendrán más remedio que hacer algo para ayudar a curar las graves heridas nuevas de nuestros sistemas financieros.

Una duda importante: ¿debería limitarse la función del Estado a que (1) los bancos centrales establezcan tipos de interés oficiales a corto plazo para bonos del Estado más cortos (y más seguros); y a (2) diseñar programas de gasto deficitario limitados y de corta duración?

En los habituales altibajos moderados de los ciclos económicos, esas armas convencionales hacen bastante bien su trabajo. Pero no bastaron en el Japón de entre siglos. Y tampoco fueron suficientes cuando se probaron a regañadientes durante la gran depresión de 1929-1939.

Sabemos que los grandes dirigentes, los grandes ejecutivos de empresa e incluso los grandes especialistas pueden perder la calma, de manera temporal o incluso permanente. Actualmente, en Japón, tanto los consumidores como las empresas dan la impresión de estar sufriendo una crisis de identidad. De hecho, en la década de 1930, la antipatía por cualquier tipo de riesgo paralizó a la gente dada a gastar en cuatro continentes.

Por eso, hasta los tipos de interés cero establecidos por los bancos centrales se encontraron con una trampa de liquidez: dichos tipos no tenían el poder suficiente para hacer que la recuperación arrancara con normalidad y se mantuviera. Por el contrario, los consumidores y los inversores asustados se vieron racionalmente impulsados a ahorrar en vez de gastar.

¿Nos diferenciamos en algo de los traumatizados japoneses? Pensémoslo bien. Tras media docena de recortes de los tipos de interés oficiales por parte de la Reserva Federal, ¿el dinero y el crédito en Estados Unidos “escasean” o “abundan”? Formulen la misma pregunta en el caso de la Unión Europea.

El mundo atraviesa actualmente una estanflación híbrida: empleo y beneficios débiles coincidiendo con una aceleración de la inflación de precios. Gracias a las anteriores crisis del petróleo y de las cosechas en la década de 1970, hoy se entiende muy bien la estanflación. Lo que es bastante más novedoso y de importancia vital es la respuesta a la siguiente duda: en Nueva York, Londres, París, Seúl y Tokio, ¿escasean o abundan el dinero y el crédito? Respuesta: la nuestra es la enfermedad del crédito al mismo tiempo escaso y abundante. En los bonos del Estado más seguros, el dinero abunda. En los activos con riesgo, aunque sea moderado, el crédito puede ser mortalmente escaso.

Este análisis nos lleva a lo que los economistas aprendieron durante la gran depresión. Por aquel entonces el new deal de Roosevelt acabó dándose cuenta poco a poco de que tenía que crear una Sociedad Financiera para la Reconstrucción. Su función era la de asumir inversiones de riesgo, aunque al final muchas de ellas produjesen pérdidas. Pérdidas en el presupuesto de la Hacienda pública, sí, pero también un aumento del empleo y del PIB total entre 1933 y 1939.

Sociedades parecidas pero con distintos nombres -como la Sociedad de Préstamos a Propietarios de Viviendas, la Autoridad Nacional de la Vivienda y otras por el estilo- son herramientas que una economía mixta probablemente tendrá que emplear con cautela para zanjar o acortar la enfermedad que supone una depresión maligna de larga duración.

No existe una norma perfecta que pueda seguirse para las necesarias intervenciones públicas. A modo de lista imperfecta, que siempre es mejor que no tener ninguna, me atrevo a plantear las siguientes consideraciones prudentes:

1. No se debe premiar la estupidez de los compradores de viviendas más insensatos que adquirieron casas que no se podían permitir.

2. No se debe ni se puede volver a poner en pie a los prestamistas más temerarios, ya sean agentes hipotecarios de mala muerte, Bear Stearns Investment Bank o Merrill Lynch. Los Gobiernos deberían asumir sólo sus mejores operaciones subsidiarias, que pudieran ser temporalmente (¡!) ilíquidas debido al pánico financiero. Warren Buffet, astuto multimillonario, intentó una estratagema cuando se ofreció a hacerse cargo de los activos buenos de los aseguradores de bonos y préstamos incautos. Ellos rechazaron la oferta porque tenían la esperanza de usar lo bueno como llave maestra para abrir la puerta a una ayuda estatal.

3. La mayoría de las propuestas sugeridas hasta ahora en Estados Unidos y en Europa sólo proporcionan soluciones a corto plazo a prestamistas y prestatarios. Eso no hace más que retrasar el día terrible, porque sólo podría ser una ayuda a largo plazo si se tiene la dudosa esperanza de que el precio de la vivienda vuelva a subir pronto.

Esto pasa por alto una verdad fundamental. Como la vivienda y los edificios comerciales son en sí tan duraderos, no hay más remedio que aceptar la posibilidad de que los mercados inmobiliarios sigan cayendo durante un número considerable de años.

Afortunadamente, en noviembre de 2008 las elecciones sustituirán a los legisladores y a los jefes de gabinete de los tiempos de Bush por otros menos incompetentes. El realismo le impide a uno confiar en que un cambio del partido en el poder vaya a hacer de manera fácil y rápida lo necesario para devolver cierta estabilidad a los mercados financieros de Estados Unidos y de otros países. Pero siempre será mejor, aunque no sea lo mejor, que las chapuzas de los últimos tiempos. (Negocios, 27/04/08)

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El profesor John Maynard Keynes

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Leer, leer, leer…

¿Para qué leemos? La pregunta se la hace a sí mismo, y a nosotros, el escritor Vicente Verdú, y después de un lúcido y hasta cierto punto desengañado análisis, llega a una conclusión: leemos para obtener placer… Sencillamente. A mi me basta. Sean felices. Y lean… (HArendt)

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El escritor Vicente Verdú

“¿Para qué tanto leer?”, por Vicente Verdú

El libro constituye un bien tan significativo de una determinada cultura que esperar a que se lea cuando su sistema desaparece es lo mismo que reclamar que perviva una hormiga sobre una superficie de alquitrán. La vida de la hormiga es tan improbable en la Gran Vía como la vida del libro es exigua en el angosto y hasta alicatado ocio de la cotidianidad

El insecto queda exterminado sin infligirle un mal directo, pero no se reproducirá en la ciudad. Igualmente, el fin del libro y su lectura no proceden, en especial, de la educación deficiente, la impericia de las editoriales o una siembra de cizaña (¿televisión?, ¿videojuegos?) que lo matan directamente y de raíz. Simplemente, la lectura va a menos porque no encuentra suelo donde arraigar ni espacio donde esponjarse.

La actualidad del mundo, la realidad de los intervalos de trabajo y tiempo libre, coinciden con una disponibilidad para leer tendente a cero. Y no se diga ya para leer a fondo. Los momentos en que aún se lee se obtienen de intersticios de una construcción cuya fachada central repele lo libresco como materia ajena a su iluminación natural. Se lee, efectivamente, en los cantones del sistema, en los estrechos itinerarios de transporte público, en los puentes o en las vacaciones, en los tiempos muertos.

Todo tiempo oreado y candeal se ocupa, generalmente, en otros gozos, sean los viajes, el sexo, Internet, las copas, los juegos en las pantallas, las cenas o los cines. ¿Tiempo para leer? Quien lee se extrae literalmente de la cadena nutricional reinante para insertarse en un nicho marginal. Todo lector, y tanto más cuanto más lo es, traza su fuga y, a su pesar, se convierte en fugitivo de la contemporaneidad.

Efectivamente, los lectores de Harry Potter y otros best sellers internacionales no abandonan el reino, pero ¿quién puede decir que encarnan al profundo lector? Son lectores mutantes que como la presunta clase de himenópteros futuros hallará albergue en el asfalto. No ya en la fisura del asfalto sino en el mismo piso puesto que esta tipología no alude a un lector convicto, sino al libro de recreo importado de lo audiovisual. Son lectores de letras pero no letrados, siguen la línea de la página pero según los patrones del hilo cinematográfico o del musical.

El resto, los lectores conspicuos que aún permanecen, son hoy trabajadores autónomos, artistas profesionales, jubilados, impedidos, enfermos, críticos literarios, editores, directores de colección, traductores, autores. Fuera de ese ejército marcado y en declive creciente, apenas unas unidades más pueden sumarse al mundo lector.

Los libros, infantiles, juveniles, de autoayuda, de intriga, de salud, de consejos prácticos, de empresa, de texto, etcétera, componen la mayoría del tonelaje que trasladan todavía los contenedores del sector editorial y que pronto serán reemplazados masivamente por la superior eficiencia de las pantallas. No hay ocasión, pues, para complacerse en los libros literarios o en los libros del saber, ni tampoco una razón firme para confiar en su ventaja utilitaria.

En consecuencia, toda lectura de El Quijote con el ánimo de propagar la lectura como signo de salvación social no será sino la chusca representación de una función agotada y la teatralización de la impotencia. No se lee por El Quijote, no se lee siquiera por consejo o ejemplo de los padres, se lee cuando el bocado de tiempo que pertenece al libro procura sabrosas y efectivas sensaciones de placer. Sin embargo, para ello no basta cualquier tiempo marginal, contaminado o intersticial, ni tampoco el tiempo urgido o el intervalo fatigado del fin del día. Quienes leemos y leen el libro no se alistan entre quienes se integran más y mejor, sino entre los que añoran ese producto que aprendieron saludablemente a paladear.

¿Escuelas gastronómicas para la lectura? Todas las escuelas gastronómicas se dirigen a acrecentar la variedad de los restaurantes, esos espacios donde efectivamente el mundo joven acude con insólita frecuencia y cuyo disfrute pertenece de pleno derecho a los entretenimientos de esta cultura reinante que atiende, en sus acortados tiempos libres, a las benditas sensaciones del cuerpo y no a los enrevesados ejercicios que a menudo exige la degustación mental. (El País, 26/04/08)

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Cualquier momento es bueno para leer…

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Elecciones USA


Se comenta solo el artículo de Timothy Garton Ash, historiador y profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Oxford. sobre los tres candidatos en liza (los democrátas Barack Obama y Hillary Clinton y el republicano McCain) para la presidencia de los Estados Unidos de América. Gane quien gané, dice, nos espera, seguro, una decepción… A pesar de todo, su favorita es Hillary. Y la mia, también… Sean felices. Por cierto, la isla de La Gomera arde de nuevo. Y en el sur de Gran Canaria hemos llegado hoy a los 45 grados… (HArendt)

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El profesor Timothy Garton Ash

“Prepárense para una gran decepción”, por Timothy Garton Ash

El maratón demócrata protagonizado por Clinton y Obama ha ayudado al candidato republicano. Pero seguramente ninguno de los tres podrá ser todo lo que el mundo desea.

Esta es la conclusión que saco del último acto del espectáculo de títeres en Pensilvania: gane quien gane las elecciones presidenciales en noviembre, el mundo se sentirá decepcionado.

Una consecuencia evidente de la interminable contienda de los demócratas, sobre todo si se prolonga hasta la convención de Denver en agosto, es que mejorarán las posibilidades de victoria de John McCain. De hecho, el resultado de Pensilvania es el mejor resultado al que podían aspirar los republicanos. Hillary obtuvo una victoria suficiente para permanecer en la carrera, pero no lo suficientemente clara como para empezar a dar la vuelta a la situación. Los responsables de la campaña de McCain deben de estar frotándose las manos de satisfacción.

La elección de McCain como presidente sería en sí misma una decepción para un mundo fascinado con Barack Obama. Habría una sensación de que las cosas no cambian y un montón de bromas cansadas sobre McBush. McCain, a diferencia de George W. Bush, tiene una biografía que impone respeto. Desafío a cualquiera que lea sus memorias, Faith of my fathers, a no sentirse conmovido por los fragmentos que recuerdan su cautiverio y sus torturas en Vietnam. Cuando los republicanos dicen de él que es un auténtico héroe americano, por supuesto, están llevando a cabo una operación de marketing político; pero además es verdad.

Por desgracia, eso no quiere decir que pueda ser un buen presidente para esta era en la que vivimos. Si estuviéramos envueltos en una Tercera Guerra Mundial contra una nueva Alemania nazi, lo sería; pero no es el caso. Seguramente, los múltiples desafíos que afrontará el nuevo presidente son, en conjunto, no menos serios que la amenaza nazi, pero exigen otro tipo de líder. Me temo que McCain no posee el temperamento, la experiencia, la mentalidad ni el atractivo internacional que necesita este momento. Como personaje, es un volcán. Estalla y luego se apaga. Es una característica que está muy bien en muchas situaciones (en una redacción de periódico es casi un requisito), pero no precisamente en las relaciones internacionales. Tiene amplia experiencia como senador, pero no en instancias de gobierno. Su mentalidad se corresponde con su edad: en Irak está, en cierto modo, todavía combatiendo en Vietnam. Y es un héroe muy americano. Su atractivo para otros países es muy limitado.

Sigo pensando que Hillary Clinton está mejor preparada para ser una buena presidenta en estos tiempos. Pese a su reciente fanfarronería a propósito de Irán (“podríamos aniquilarlos por completo”), creo que tiene el temperamento, la experiencia y la mentalidad imprescindibles para ser lo que el mundo necesita en Washington en los próximos cuatro años: un timonel seguro. Sobre el papel, su experiencia es menor que la de McCain, pero eso es no tener en cuenta el carácter extraordinario de la Casa Blanca de Clinton, en la que, según recuerda todo el mundo, fue mucho más que una típica primera dama. Con cuidado de evitar toda referencia a Lord y Lady Macbeth, la sociedad formada por Hillary y Bill es una de las más formidables de la historia política. Pese al fracaso de sus reformas sanitarias, o en parte debido a esa amarga experiencia, sabe exactamente cómo trabaja la maquinaria -cada vez más disfuncional- del Gobierno en Washington, qué palancas conviene engrasar, a quién hay que adular y a quién gritar. Obama tiene razón: es un personaje de los de Washington de toda la vida. Y Obama se equivoca: ésa es una de sus grandes ventajas. Sobre prácticamente cualquier tema, siempre está muy bien informada y entiende las complejidades (incluidas las de Irán), pese a que las simplifique con fines electorales.

Hace un año habríamos dicho que además posee atractivo internacional. Nos preocupaba una alternancia aparentemente interminable entre los Bush y los Clinton, pero la mujer a la que el mundo conocía ya simplemente como “Hillary” era una marca de imagen asombrosa, y la estrella Bill iba camino de ser, para tomar prestado el chiste que él mismo atribuye a un amigo suyo escocés -y un chiste escocés no es cosa de risa-, “el primer laddie” (con un juego de palabras entre lad = chico y lady = dama). Pero eso fue antes de que Obama se convirtiera en Obama. Hoy, la Obamamanía es un fenómeno mundial, quizá mayor que la Dianamanía, porque los nuevos medios surgidos en los 10 años desde que murió Diana -los vídeos de YouTube, la blogosfera, etcétera- han multiplicado su alcance por 10. La suerte de Hillary es la del golfista brillante que tiene la desgracia de competir en los mismos años que Tiger Woods. Todo es relativo. De modo que ahora, aunque la superwoman Hillary destrozase el techo de cristal supremo, el mundo sentiría una punzada de desilusión.

¿Y si gana Obama? En primer lugar, cada vez parece menos probable. El otro día le dijo a Jon Stewart en el programa The daily show que “la senadora Clinton me ha hecho un favor”. Dice que, tras sus ataques, está mejor preparado para soportar una ofensiva de la maquinaria de ataque republicana en unas elecciones generales. Clinton le ha puesto a prueba, “como en unos entrenamientos”. Pero la verdad es que el espectáculo de títeres no ha favorecido la imagen de ninguno de los dos. Pensilvania ha puesto de relieve que Obama sigue sin poder conquistar a los trabajadores blancos ni a los llamados “demócratas de Reagan”. Según John Dickerson, de la revista Slate, los comentarios que se filtraron de Obama sobre los habitantes de pueblos pequeños en situación de desventaja económica que “se aferran a las armas, o la religión, o la antipatía por quienes no son como ellos” le han perjudicado enormemente. Entre los votantes en la primaria de Pensilvania, dice Dickerson, Clinton obtuvo el apoyo del 60% de los dueños de armas, el 59% de los habitantes de pueblos pequeños y la mayoría de los que practican alguna religión.

No obstante, supongamos que gana Obama. La gente de todo el mundo se sentiría encantada, llena de esperanza. Ése sería su primer problema. Las expectativas mundiales son tan elevadas que son imposibles de cumplir, igual que Diana no pudo volver a ser una persona normal y corriente.

Si existen dudas sobre la experiencia de gobierno de McCain y Clinton, ambos parecen Washington y Lincoln en comparación con Obama. Su inexperiencia ha quedado patente en la campaña y se vería aún más en el Despacho Oval. Nunca ha dirigido ninguna gran organización; ahora tendría que dirigir la mayor de todas. A diferencia de Hillary, no sabe exactamente qué palancas conviene engrasar para salir adelante en las oscuras y sucias calderas de Washington, y, al menos al principio, quizá le diera asco tener que hacerlo. Los antecedentes de la política exterior practicada por presidentes demócratas inexpertos durante su primer mandato no son alentadores, desde Kennedy hasta Clinton, pasando por Carter (hay que dejar aparte a Truman: siempre hay una excepción a la regla).

Por último, pero igualmente importante, está la diferente situación que ocupa Estados Unidos en el mundo hoy con respecto a la época de Kennedy, para no hablar de la de Truman. Pese a todas las dificultades estructurales que afronta China, pese a las ventajas de la sociedad libre de Estados Unidos y su dominio militar, su poder relativo ha disminuido, sigue disminuyendo y disminuirá aún más. Ocurre, sobre todo, en el caso del poder económico, porque el país ha vivido por encima de sus medios, el gasto oficial se ha centrado en los usos militares y los grandes bancos de Nueva York acuden con la gorra en la mano en busca de los fondos soberanos de Arabia y Asia. Puede que Obama se parezca a John F. Kennedy cuando habla, pero su Estados Unidos no podrá “pagar cualquier precio, soportar cualquier carga, hacer frente a cualquier dificultad, apoyar a cualquier amigo” (como dijo Kennedy en su legendario discurso de toma de posesión). Ya no puede permitírselo.

Es decir, sea cual sea el resultado de las elecciones, prepárense para una gran decepción. Si lo hacen, es posible que la decepción no sea tan grande. (Domingo, 27/04/08)

http://images.huffingtonpost.com/gen/4604/thumbs/s-CLINTON-OBAMA-MCCAIN-ENDORSMENTS-large.jpg
Los senadores Clinton, McCain y Obama

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Friday, April 25, 2008

¡Hostias con los liberales!

¡Hostias con los liberales!… Lo de esta señora, doña Esperanza Aguirre, liberal de pro, de las de la Constitución del 12, comienza a ser de juzgado de guardia… Ayer, a mitad de camino en mi ruta habitual Las Palmas-Maspalomas, a las nueve y un minuto de la mañana (hora de Canarias) la Cadena SER adelanta la noticia de que doña Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid, ha firmado un convenio con el Arzobispado de Madrid por los que un sacerdote, designado por las autoridades eclesiásticas, formará parte de todos los Comités de Ética de los hospitales públicos de la comunidad autónoma. Unos Comité que deciden sobre los cuidados paliativos a adoptar en los pacientes terminales… Por supuesto, no importa que el paciente sea católico, de cualquier otra confesión, agnóstico o ateo, o que simplemente no desea asistencia religiosa de ningún tipo…

Si esta señora presidenta es liberal, yo soy arzobispo de Canterbury… Doña Esperanza, por decirlo suavemente, no tiene ni pajolera idea de lo que significa la palabra “liberalismo”… Repugna a cualquier conciencia con un mínimo de sensibilidad la osadía y desvergüenza torera con que la jerarquía católica española en general, y la madrileña en particular, se pasa por el forro de la sotana los derechos de los pacientes y los ciudadanos. Y esta vez, con la complicidad de las autoridades de una región que, cada vez más, comienza a parecerse a la Italia de la Liga Norte y Berlusconi…

No es extraño que la noticia saltara a la prensa inmediatamente, y que en la versión electrónica de El País de ayer, fuera la noticia más visitada y comentada por los lectores. En su versión impresa de hoy, también le dedica El País un destacado espacio, con un crítico artículo de la periodista Soledad Gallego-Díaz, cuya lectura recomiendo, y varias informaciones relacionadas con la noticia. Y esta misma tarde, tras el Consejo de Ministros, la vicepresidenta ha anunciado en la rueda de prensa habitual para dar nota de lo acordado, que el Gobierno ha ordenado a la Fiscalía del Estado y a la Agencia de Protección de Datos que procedan a denunciar dicho Convenio si consideran que vulnera derechos fundamentales de las personas.

Todo este trasiego me ha hecho recordar una viñeta de Romeu en El País del día 22 en la que uno de sus protagonistas habituales le dice al otro: “A mi, Espe, me parece un híbrido de la Thatcher, Berlusconi y Putin. ¡Me da miedo”, dice. Y le contesta el otro personaje, con cara de tribulación; “¡Pues no veas a nosotros que la tenemos en casa!”.

Pues eso, que esta mujer da miedo: no se si por su ignorancia, su soberbia, su desvergüenza o su desfachatez… Sean felices. (HArendt)

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Romeu (El País, 22/04/08)

“Ni curanderos ni sermoneadores”, por Soledad Gallego-Díaz

¿Por qué tiene que haber un cura, nombrado por el obispo, en todos los comités de ética de los hospitales públicos de la Comunidad de Madrid? ¿Acaso el hecho de ser cura equivale a ser especialista en cuestiones morales en las sociedades modernas? Un cura no pasa a ser un experto en temas éticos porque así lo decida su superior, ni mediante un cachetito del cardenal en la mejilla.

Por supuesto que muchos comités de ética en el mundo cuentan entre sus miembros con religiosos o sacerdotes. Pero no porque les haya nombrado la jerarquía católica, ni por su condición de tales, sino que han sido elegidos por su fama y prestigio, sus publicaciones, debates o ensayos sobre el tema. Nadie con sentido común tendría algo que oponer a que el jesuita Teilhard de Chardin hubiera formado parte, por ejemplo, del comité de ética del hospital de la Paz. Ojalá. Lo malo es que, muy probablemente, hubiera sido el propio cardenal arzobispo de Madrid quien le hubiera puesto inmediatamente el veto, por poco obediente, o quizás, por excesivamente conocedor del tema.

De lo que se trata ahora es de un convenio firmado entre la Comunidad de Madrid y monseñor Rouco por el que los curas que asisten en los hospitales a los enfermos católicos que solicitan sus servicios, entran a formar parte, también, de los llamados Comités de Ética y comités interdisciplinarios de Cuidados Paliativos de todos los centros sanitarios de propiedad pública de Madrid. ¿Para qué? ¿Para que rocíen con agua bendita la mesa de reuniones?

No tiene sentido que la Comunidad llegue a un pacto semejante con la jerarquía de la Iglesia católica. Ya sabemos lo que piensa esa jerarquía: a Jesús nadie le abrevió la agonía en la cruz. Para ellos, de nada sirve que hayan pasado XXI siglos desde entonces y que nadie muera en España ni en la cruz, ni por sus ideas o creencias. Es verdad que tienen derecho a pensar lo que quieran y a recomendar a sus seguidores que sigan el ejemplo de su líder. Los Testigos de Jehová tampoco aceptan determinados tratamientos. Mientras sean adultos, no hay nada que discutir.

Pero por esa condición de curas o de jerarquía religiosa, católica o de cualquier otra fe, no tienen derecho a decidir sobre el tipo de asistencia médica que debe recibir el conjunto de la ciudadanía ni a participar en el debate sobre cuestiones de moral social que afectan a todo tipo de ciudadanos, creyentes o no. Los ciudadanos, que tenemos derecho a tratamientos médicos de calidad, deberíamos exigir también que los debates sobre cuestiones morales que afectan a nuestra vida y a nuestra muerte no queden en manos de ignorantes o aficionados, cuyas únicas credenciales demostradas o demostrables sean tener fe y obediencia. Ni curanderos para tratar nuestras enfermedades ni sermoneadores para debatir la moral social.

Por supuesto que han surgido nuevos problemas comunes a la humanidad que requieren de nuevos instrumentos teóricos para comprenderlos y para actuar sobre ellos. Por supuesto que hay sacerdotes y religiosos, católicos y de otras creencias, que han dedicado su esfuerzo y su capacidad intelectual a debatir estos temas. Bienvenidos sean a la mesa de discusión con profesores de ética y con expertos en derecho. Pero eso no tiene nada que ver con firmar un acuerdo con el cardenal arzobispo de Madrid sobre el papel o la influencia de los curas en los hospitales públicos.

Lo más increíble de todo este asunto es que el laicismo, la doctrina que defiende la independencia de los hombres y mujeres, de la sociedad, y muy particularmente del Estado, respecto a cualquier organización o creencia religiosa, no fue un invento del socialismo, sino del liberalismo. Es una lástima que los políticos españoles que se reclaman hoy liberales aparentemente no hayan leído siquiera algún manual escolar sobre el tema y que se crean que el liberalismo es una palabra que significa lo que a cada uno le viene bien en cada momento.

En el caso de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, la única persona dentro del PP que ha dicho claramente que es liberal, que defiende el liberalismo y que quiere que su partido se acoja a esa doctrina, da la impresión de que cree que es algo que nació con la escuela económica de Chicago y que se refiere sólo a la privatización acelerada, por las buenas o por las malas, de todos los servicios públicos que se pueda, incluida la educación y la sanidad. Resulta asombrosa la naturalidad con la que la presidenta ignora buena parte de la doctrina que dice representar, en concreto todo lo que ayudó a la modernización de las sociedades europeas del XIX y que tenía que ver, precisamente, con la vigorosa y tenaz defensa de la libertad de conciencia ante cualquier tutela teológica o religiosa. Lo más contrario al liberalismo no es un hospital de gestión pública. Lo radicalmente contrario a todo lo que significa y significó esa doctrina política es, precisamente, el convenio que ha firmado en Madrid Esperanza Aguirre. (El País, 25/04/08)

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Esperanza Aguirre jugando al padel (Diario La Razón)

“Dos vías a la muerte digna”, por M.R.S.

Una española que exige su derecho a quitarse la vida y una holandesa que lo hizo legalmente lo narran en Cuatro.

María Ross vive en Holanda. Tiene unos 65 años y padece un cáncer terminal. Sufre dolores muy fuertes. Asegura que cuando no pueda aguantar más recurrirá a la eutanasia. Está tranquila, la ley de su país le permite hacerlo. Montse Caba tiene 48 años y vive en Cataluña. Sufre una enfermedad degenerativa y muy dolorosa, el síndrome pospolio, que la ha dejado en una silla de ruedas. Teme empeorar tanto que no pueda valerse por sí misma. Asegura que si llega ese caso querría recurrir a la eutanasia. Sin embargo, en España no es posible. “No sé lo que haré, pero espero que haya alguna mano amiga que me ayude”, dice.

Mi muerte es mía, el documental que Cuatro emite esta noche (0.20) visita dos realidades. Rodado durante meses narra la historia de María, atendida por su médico de cabecera -en su país son ellos los que llevan los casos de eutanasia- que la ayudará a morir en su casa, acompañada por su marido y una amiga; y la de Montse, asociada a la organización Derecho a Morir Dignamente, que muestra sus temores a terminar su existencia con dolor y no poder recurrir a la eutanasia.

El cuerpo de María se adivina a través de las mantas de su cama, instalada en el salón frente a un gran ventanal. “Lucharé hasta el último momento, de verdad”, dice. Desde allí recibe al médico que ha llegado para reconocerla. “¿Cómo te ha ido la medicación nueva? No debes angustiarte tanto, hace unas semanas te ahogabas, ¿recuerdas?”, le pregunta él. “Sí…”, responde María, y baja la mirada. “No voy a mejorar, creo que me iré muy pronto”. Holanda ha regulado por ley la eutanasia, una práctica a la que enfermos como María, retratada en el documental producido por La Quimera, pueden recurrir. Todos han de pasar por una segunda opinión médica. “¿Ha indicado que cuando el sufrimiento empeore y el dolor sea tan fuerte que no pueda vivir con él quiere morir de manera suave ayudada por el doctor?”, cuestiona el segundo facultativo. “Quiero aguantar hasta que yo decida y quiero morir aquí”, dice María. “Cuando llegue el momento quiero directamente la eutanasia”.

Montse también lo tiene claro. Ha firmado el testamento vital y sabe en qué casos querría ayuda para morir: “Si algún día dependiera de una persona para todo, si no puedo hacer lo que me gusta, no quiero seguir viva”.

La eutanasia de María está programada para dentro de 24 horas. Sus familiares llegan para despedirse. “La situación se ha complicado tanto que estoy segura de que esto es el final”, dice. En España, en su casa, Montse ve las imágenes de María. Dentro de unos días entrará en el quirófano. Podría salir para estar definitivamente en una cama. “Lo que me angustia es pensar que si sale mal alguien va a tener que ayudarme a morir. Eso para mí es una situación muy angustiosa”. (El País, 25/04/08)

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Rouco Varela, cardenal-arzobispo de Madrid

“Un cura en el comité de ética”, por O. Güell, A. Díez, E.G. Sevillano, R. Carranco, T. Constella, S. Rodrïguez, F. Ballsells, E. Azumendi y F. Simón

Polémica por la presencia de sacerdotes en órganos consultivos de los hospitales. La presencia de sacerdotes católicos en los comités de ética asistencial de los hospitales públicos, que asesoran sobre cualquier actuación que pueda suponer un conflicto moral o ético, ha levantado una gran polémica por el convenio que el Gobierno de la Comunidad de Madrid firmó el 2 de enero con el Arzobispado de la región, que así lo contempla. Este hecho ha levantado una gran polvareda y ha llevado incluso al PSOE a pedir “la inmediata retirada” del convenio, y a poner sus servicios jurídicos a disposición de médicos, familiares y enfermos que puedan sentirse afectados o, directamente, “perseguidos” por esta medida, según el responsable de Libertades y Justicia de este partido, Álvaro Cuesta.
        
Sin embargo, se trata de una posibilidad que ya establecía la Comunidad de Madrid en el anterior convenio, de 1997, sobre la asistencia religiosa católica en los hospitales. Y aún antes, en 1995 (con el PSOE en el Gobierno), el antiguo Insalud recomendaba que entre los médicos, enfermeros, juristas y expertos en ética que formasen los “multidisciplinares” comités, hubiera “profesionales no sanitarios de la Institución que, con preferencia, desarrollen su actividad en los servicios de Trabajo Social, de Atención al Paciente/Usuario y de Asistencia Religiosa”. Es decir, que se incluyera a unos sacerdotes que ya trabajaban para los hospitales (546 en toda España) y cuyos sueldos suponen sólo a las arcas de la Comunidad de Madrid 766.000 euros en 2008.

La tarea de los comités de ética suele ser la de proponer protocolos de actuación en casos que puedan plantear cualquier tipo de conflicto ético (abortos en avanzado estado de gestación, cuidados paliativos, etcétera) y, en el caso de que algún profesional lo pida, valorar situaciones concretas en informes no vinculantes. A pesar de que existe la posibilidad de incluir a los sacerdotes, lo cierto es que no suelen estar a no ser que sean expertos por su labor médica o su experiencia en filosofía o bioéticas.

De hecho, “en no más de dos o tres hay un religioso entre sus miembros” en la Comunidad de Madrid, que cuenta con un comité en la mitad de sus 32 hospitales, según una portavoz de la Consejería de Sanidad. Entre ellos, el Hospital de La Paz y el Gregorio Marañón.

En la regulación de la mayoría de las comunidades no existe referencia expresa a que haya un representante religioso en los comités, salvo en la Comunidad Valenciana. Lo mismo que dice la regulación madrileña, aunque en el convenio firmado con la Iglesia católica se dice expresamente que el capellán “formará parte del comité de ética”.

Algo con lo que no están de acuerdo, por ejemplo, en Andalucía. “La Administración pública no es confesional y los hospitales participan de ella”, indica el secretario general de Calidad y Modernización de la Consejería de Salud, José Luis Rocha. Tanto las autoridades gallegas como las de Castilla y León insisten en que no existe en sus autonomías acuerdos con los obispos y en Cataluña recuerdan que los profesionales sanitarios y sus familias siempre tienen la última palabra.

Sin embargo, en el País Vasco sí hay algún sacerdote en el comité del Hospital de Basurto, en Bilbao: “Se le aceptó como persona, no por su condición de religioso. Además tiene una formación en Filosofía”, asegura Elena Gutiérrez, la presidenta del comité. El presidente del comité de ética del Hospital de Txagorritxu, en Vitoria, Sebastián Iribarren, resalta que la presencia en el comité es voluntaria y que, de entrada, no diría que no a la presencia de un sacerdote en el mismo. “Se estudia su perfil. Lo que se trata es de evitar a los dogmáticos, sean religiosos o no”.

Religiosos que asisten a los enfermos pero sin opinar:

- Reino Unido. En el Reino Unido no hay ninguna normativa que permita expresamente la participación de sacerdotes en el asesoramiento a los médicos sobre el tratamiento a dar a un paciente, según portavoces de la Iglesia de Inglaterra y de la Asociación Médica Británica (BMA en sus siglas en inglés). Tanto la Iglesia como la organización médica suelen participar en las consultas que abre el Gobierno antes de legislar sobre temas médicos o sociales, pero los sacerdotes no opinan directamente sobre qué tratamiento es el más adecuado en casos concretos.

- Francia. La separación radical entre las Iglesias (en plural) y el Estado es una de las características de la República francesa. Las cuestiones que pueden presentar problemas éticos, como las relativas a los casos de eutanasia pasiva, son responsabilidad única de las familias de los enfermos y de los médicos.

- Holanda. Este país fue pionero en aceptar la eutanasia (la ley en vigor desde 2002 goza de una aceptación social cercana al 90% de la población) y en los últimos años ha desarrollado unidades de cuidados paliativos en todos los hospitales, una red nacional de residencias y un servicio de cuidados a domicilio. En cualquier caso, cada una de las cinco comisiones regionales facultadas por el Gobierno para revisar los expedientes de eutanasia cuenta con un jurista, un médico y un experto en ética, todos aconfesionales.

- Italia. Los curas son una presencia constante en los hospitales italianos. Tienen incluso libre acceso para asistir a los enfermos terminales (Lazio y Toscana lo han santificado por ley), pero no participan en las decisiones médicas. Cada hospital y cada zona sanitaria local (ASL) tiene un comité ético, formados por un médico legal, un anestesista y un patólogo, que ejecutan, cuando se produce la muerte cerebral, la decisión del paciente sobre la donación de órganos; si el fallecido no la hubiera tomado antes, se consulta a la familia. “La ley obliga a los médicos a curar hasta que no haya posibilidad de vida, pero también a administrar cuidados paliativos a los pacientes terminales que sufren”, señala Aldebrando Bossi, dirigente médico de la ASL. (El País, 25/04/08)

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Logotipo de la Asociación “Potala Hospice” (Madrid) de Ayuda a Enfermos Terminales

“¿Y por qué no otras religiones?”, por E.G.S. y J.A.A.

Las comisiones de ética asistencial de los hospitales “no son órganos decisorios”, y “se intenta que su composición sea plural”, explica la directora del Observatorio de Bioética y Derecho de la Universidad de Barcelona, María Casado. “El problema es que si estás obligando a que esté una confesión en concreto, se pone en peligro la separación entre Iglesia y Estado”.

Casado se queja de una corriente que recorre, no sólo España, sino toda Europa, de representación religiosa en órganos científicos, como está ocurriendo en el Grupo Europeo de Ética, asegura. “Los comités establecen líneas de actuación, y cuanto más conservadores, más pasos atrás se darán”, añade. En cualquier caso, Casado recuerda que en los hospitales existe esa figura del capellán, pagada por las administraciones públicas, que ya existía durante la dictadura, y a partir de ahí va a lo que considera la raíz del problema, los acuerdos del Gobierno de España con el Vaticano. “¿De qué nos sorprendemos?”, se pregunta Casado.

“Estamos en lo de siempre, en los privilegios que la Iglesia católica tiene en España”, dice la profesora de Derecho Penal de la Universidad de Valencia y miembro del comité de ética del Hospital Clínico de Valencia, en el que “hay un capellán”. “Habría que ver”, continúa, “si los hospitales públicos pueden garantizar también que un enfermo que lo pida sea asistido por un representante de cualquier otra confesión”. Es decir, estas dos expertas no discuten la pluralidad de estos organismos, sino más bien los privilegios para la confesión católica que persisten en España en muchos otros ámbitos.

Marcelo Palacios, presidente de la Sociedad Internacional de Bioética (SIBI), sin embargo, con el mismo argumento de la máxima pluralidad en relación con las personas que están involucradas en el proceso asistencial, asegura: “No creo que haya que poner ningún tipo de objeción” a la presencia de los capellanes en las comisiones.

Núria Terribas, directora del Instituto Borja de Bioética, el primero que se fundó en Europa (1976), dependiente de la Universidad Ramon Llull (Barcelona), y miembro de ocho comités de ética de hospitales catalanes: “En un contexto laico, el sistema sanitario público debería tener, en todo caso, una representación de las confesiones religiosas, de la pluralidad de pacientes: musulmanes, budistas, etcétera. Si sólo hablamos de una confesión, el sesgo está muy claro”. (El País, 25/04/08)

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Atención a enfermos paliativos en un Hospital
(El País)

“El Gobierno pide a la Fiscalía que estudie el convenio entre Aguirre y Rouco sobre los comités de ética” (Agencia EFE)

“No se puede imponer a los pacientes criterios basados en creencias religiosas”, afirma la vicepresidenta De la Vega.
El Gobierno ha pedido a la Fiscalía y a la Agencia de Protección de Datos que estudien si procede emprender acciones legales contra el convenio suscrito entre la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid y el Arzobispado, que permite la presencia de sacerdotes en los comités de ética de los hospitales públicos. Así lo ha anunciado hoy la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, en la que ha indicado que, de acuerdo con la Constitución, “los servicios públicos de salud no pueden imponer a los pacientes criterios basados en creencias religiosas”.

Por esa razón, el Ejecutivo, a través del Ministerio de Justicia, se ha dirigido al Ministerio Fiscal y al director de la Agencia de Protección de Datos para que analicen el contenido del convenio y estudien si vulnera derechos fundamentales, como los derechos a la intimidad, la autonomía personal, la salud y la libertad religiosa.

En tal caso, el Gobierno solicita que se proceda a “ejercitar las acciones que consideren oportunas en defensa de los derechos fundamentales de los ciudadanos”.

Fernández de la Vega ha subrayado que la voluntad de los pacientes sobre su salud no puede tener otros límites que los previstos en el ordenamiento jurídico y los que se derivan de los criterios profesionales. (El País, 25/04/08)

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La vicepresidenta del Gobierno, Ma. Teresa Fernández de la Vega

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Sobre revoluciones y revolucionarios

Leo en El País de hoy la entrevista que en Malmoe (Suecia) realiza el periodista Ricardo Moreno a Ciro Bustos, argentino, pintor, ex-guerrillero y revolucionario, compañero de armas de Ernesto “Che” Guevara, y del periodista y escritor francés Régis Debray, en la aventura revolucionaria boliviana, con el final de todos conocido: la muerte del “Che” y la condena y prisión de Bustos y Debray, más tarde liberados gracias a la presión internacional. Exiliado desde entonces en Suecia, Ciro Bustos, que acaba de publicar un libro en Argentina contando como fue su relación con Guevara y su versión de lo ocurrido en Bolivia (hay quienes le acusan de haber provocado indirectamente la captura y asesinato del “Che”) dice que sigue creyendo en los ideales por los que luchó.

Nunca he compartido, salvo en mi juventud -como todos o casi todos-, los ideales revolucionarios que impulsaron al “Che” a lanzarse a la aventura revolucionaria americana. Ya he comentado en este blog anteriormente las fundadas sospechas de que fue enviado por Fidel al desastre y a una muerte pre-fijada para quitárselo de encima, pues su trasnochado y delirante idealismo revolucionario le convertía en un grave peligro potencial para la figura de Castro… No creo que la verdad se sepa nunca. Un secreto más de la Historia…

Aunque cito de memoria, fue la teórica política Hannah Arendt quien en su “Sobre la Revolución” (Alianza Editorial, Madrid, 2004) dijo que la mayor importancia histórica de la Revolución americana (1776) sobre la francesa (1789), tuvo su razón de ser en que la primera “triunfó” porque “sólo” pretendía conceder derechos políticos y la soberanía a quienes carecían de ellos, mientras que la segunda “fracasó” y acabó en El Terror de Robespierre y en la tiranía napoleónica, porque lo que pretendía no era conceder libertad y derechos políticos a los ciudadanos sino “cambiar el mundo”…

Sobre el “desencanto revolucionario”, y el dolor inmenso que ha producido a una buena parte de la humanidad el ideal de transformar el mundo por la fuerza de las armas y la revolución, hay un libro espléndido y magnificamente escrito por el historiador francés, Francois Furet, titulado “El pasado de una ilusión: Ensayo sobre la idea comunista en el siglo XX” (Fondo de Cultura Económica de España, Madrid, 1995) que les recomiendo sinceramente. (HArendt)

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El pintor argentino Ciro Bustos

“Ni yo ni mis dibujos delataron al Che: Entrevista a Ciro Bustos”, por Ricardo Moreno

Sabe a remanso tibio el ambiente del restaurante Jensens Böfhus (La Casa del Bife de Jensen) al entrar y dejar atrás el viento y la llovizna del invierno nórdico, en la ciudad de Malmoe en el extremo sur de Suecia. “Si no hay vino de Mendoza, nos vamos”, bromea Ciro Bustos mientras repasa la lista en la semipenumbra del local, a la luz titilante de una vela colocada sobre la mesa. De pronto exclama sonriente: “Hay vino y se llama Paula como una de mis hijas”. Ahora falta el bife, de Jensen, para que la fiesta sea completa. “Igual que allá, en Mendoza”, agrega complacido. Hay una larga y azarosa historia en este argentino que nació hace 75 años en la provincia de Mendoza, junto a la cordillera de los Andes.
       
Viajó a Cuba en 1961 y su encuentro con el Che cambió su destino. El dirigente cubano le invitó a formar parte del grupo que organizaba para instalar un foco insurgente en Argentina. Bustos recibió el encargo de crear una red de apoyo al Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP), que operó en la zona selvática de la provincia de Salta y fue derrotado. Consiguió huir y la guerrillera Tania le transmitió el mensaje: “El Che quiere verte”, que daría título al libro que acaba de sacar Bustos para revisar su pasado y exponer su verdad sobre su encarcelamiento en Bolivia con Régis Debray mientras el Che era asesinado. Rebate con vehemencia la insinuación -atribuida a Debray- de que unos dibujos suyos facilitaron la captura y la muerte del líder guerrillero por miembros del Ejército boliviano. “Ni yo ni mis dibujos le delataron”, remacha.

La movilización internacional en favor de Debray -ambos fueron condenados a 30 años de prisión- consiguió que los dos salieran finalmente en libertad. Bustos se exilió en Malmoe. “Para salvar mi vida y la de mi familia, amenazada por la Triple A, que prologó con su terror selectivo, el gran terror que vino con el golpe militar de 1976″, rememora. Tras más de 30 años de silencio, ha publicado en Buenos Aires El Che quiere verte, un libro denso, minucioso y polémico.

¿Qué lo impulsó a escribirlo? “Llegando a cierta edad, es ineludible un repaso de la propia vida y corregir deformaciones y atropellos a la dignidad personal. El libro es una reformulación de los hechos con el objetivo de restablecer la verdad”, explica. “Las historias siempre resultan reescritas por los escribas que vienen detrás, condicionados por intereses ajenos a ella, ya sean estos comerciales, personales o ideológicos”.

La comida invita a recordar el pasado: “Infancia bucólica, provinciana, entre nísperos y cerezos. El futuro estaba recostado a la cordillera de los Andes. Suecia no existía, más que como una curiosidad en los textos de la escuela”. Otros sueños cambiaron el derrotero. “El impacto de la revolución cubana, en un continente marcado por abismales diferencias sociales, no dejó a nadie indiferente. Y la figura del Che, su integridad moral sin fisuras, fueron determinantes”, agrega, como explicando por qué está aquí, tan lejos del paisaje que acunó sus primeros sueños. Una última reflexión del veterano luchador al concluir la comida: “El mundo está peor que nunca porque la miseria universal no sólo es humana sino que afecta también al planeta, pero sigo creyendo en los ideales por los que luché”.
(El País, 25/04/08)

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Imagen del “Che” Guevara convertida en icono universal

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Thursday, April 24, 2008

Amnistía Internacional: 30 años en España

   
Fui miembro activo de Amnistía Internacional durante bastantes años. Me llevó hasta ella su oposición radical contra la pena de muerte, que es algo que comparto de forma absoluta: nunca, bajo ninguna circunstancia, puede quitarse legalmente la vida a otra persona. Y me atrajo de ella otra norma interna de esa organización que se cumple escrupulosamente: nunca, bajo ninguna circunstancia, sus miembros pueden implicarse en asuntos que afecten a su propio país. Más tarde, dejé la organización; no por discrespancia alguna con ellos ni con sus actuaciones, sino por cuestiones personales, aunque no he dejado de colaborar con mi firma en cuantas acciones me han solicitado ni de difundirlas entre mis amigos y conocidos. Hoy cumple Amnistía Internacional 30 años en España  y su director en nuestro país, Esteban Beltrán Verdes, escribe un interesante artículo en El País conmemorando el aniversario. ¡Bien por ellos! Y lo digo desde el corazón. Aunque a veces nos “duelan” sus informes, nos parezcan excesivas sus críticas, o pensemos sinceramente que se equivocan… Bien por ellos a pesar de todo… Y felicidades… Y gracias… (HArendt)

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Logotipo de Amnistía Internacional

“Solicitamos a Su Majestad…”, por Esteban Beltrán Verdes

Amnistía Internacional cumple hoy 30 años de existencia legal en España. Pero ya en 1975 reclamaba a don Juan Carlos la libertad de los presos políticos. Ahora también lucha por los “presos de la pobreza”.

No era cuestión de esperar más. Un día después de la muerte de Franco, el 21 de noviembre de 1975, don Juan Carlos de Borbón recibía un telegrama: “En ocasión de su coronación solicitamos a Su Majestad proclame amnistía general para los presos políticos en España”.

Llegado desde el Reino Unido, Amnistía Internacional no era por aquel entonces un movimiento legal en nuestro país, y tuvo que esperar para serlo hasta el año 1978. Un año antes, en 1977, la organización había recibido el Premio Nobel de la Paz, y ese mismo año el Premio de Naciones Unidas, pero también empezaba a acumular detractores; Ahmed Sekú Turé, presidente de Guinea en ese momento, se defendía ante la prensa de un informe sobre su país diciendo: “Si desean saber lo que realmente pienso, les diré que Amnistía Internacional es una basura”.

Hoy cumplimos 30 años en España, y aunque el mundo ha cambiado mucho desde entonces, la independencia e imparcialidad de Amnistía Internacional, que no admite fondos de Gobiernos nacionales, sigue siendo incómoda para políticos, Gobiernos y grupos armados en todo el mundo. Hace pocos meses, un dirigente del Partido Socialista de Navarra declaraba, tras la publicación de nuestro informe sobre torturas en España, que “Amnistía Internacional ataca a las instituciones democráticas del Estado”, mientras que la Confederación Española de Policía nos definía como “la vergüenza de las ONGs españolas”.

Cuando esta organización solicitó el año pasado que las mujeres puedan acceder a servicios de salud oficiales cuando sean violadas o surjan complicaciones derivadas del embarazo, el Consejo de Justicia y Paz del Vaticano pidió a los católicos “no más financiación para Amnistía Intrnacional después de su giro proabortista”. En agosto de 2006, el grupo armado Hezbolá declaró que “Amnistía, al criticar las acciones de Hezbolá junto con las de Israel, ha tratado de equiparar al verdugo con la víctima”, cuando denunciábamos los ataques a la población civil en Israel.

Que Amnistía Internacional haya recibido críticas furibundas de Gobiernos e instituciones de todo pelaje es sano, porque revela que es incómoda y relevante en las sociedades en las que opera. El puñado de pioneros y pioneras que se reunían en la calle Columela e Madrid bajo los tiros y las bombas incendiarias de grupos paramilitares a finales de los setenta son hoy, sólo en España, más de 50.000 personas que sostienen a la organización, junto a más de un millón de personas que se movilizan anualmente a través de Internet.

¿Y qué ha sido de los derechos humanos en España y en el mundo en estos 30 años? ¿Qué hemos logrado? ¿Qué queda por hacer? Estas son las preguntas que nos hacemos en nuestro aniversario.

En España contribuimos a que se aboliera la pena de muerte, aunque queda por eliminar una frase del artículo 15 de la Constitución: “salvo lo que puedan disponer las leyes penales militares para tiempos de guerra”. En el mundo, afortunadamente, se baten en retirada los verdugos a cargo de los presupuestos generales del Estado; aunque el año pasado se ejecutó, que sepamos, a unas 1.200 personas, ya hay 135 países que no ejecutan a nadie.

Ha avanzado también la justicia universal; cuando en 1998 un policía británico detuvo en Londres a Pinochet por orden de un juez español por las violaciones de derechos humanos cometidas en Chile, todo el mundo comprendió que el mundo era ya una aldea global donde los criminales y los dictadores tienen más difícil esconderse. ¿Quién hubiera pensado hace 30 años que más de cinco ex presidentes de Gobierno en América Latina estarían hoy detenidos o procesados por crímenes cometidos contra sus ciudadanos, o que se establecería un Tribunal Penal Internacional para juzgar los crímenes más atroces contra la Humanidad, o que se procesaría a Thomas Lubanga, reclutador de niños y niñas soldado en la República Democrática del Congo? ¿Quién hubiera previsto entonces que la Audiencia Nacional en España iba a aceptar a trámite demandas penales por violaciones de derechos humanos cometidas en Argentina, Chile, Guatemala, Tíbet o Ruanda?

Dos ejemplos más de la evolución de los derechos humanos en España en este periodo: entonces se encarcelaba por objetar alservicio militar; hoy soldados profesionales forman las Fuerzas Armadas españolas. A mediados de los noventa, Amnistía Internacional, junto a Greenpeace e Intermón Oxfam, denunciaba el secretismo de las exportaciones de armamento desde nuestro país: el año pasado se aprobaba una Ley de Comercio de Armas que lo hará mas transparente y debería evitar que las armas acaben en manos de Gobiernos que las utilizan contra sus ciudadanos.

La experiencia demuestra que todo es posible con la suma de miles de acciones individuales, y con la movilización de las personas. Si Amina Lawal y Safiya Husseini no fueron lapidadas hasta la muerte en Nigeria hace unos años fue porque Amnistía Internacional en España supo canalizar la indignación de nueve millones de personas. Si se ha conseguido un compromiso en la Asamblea General de Naciones Unidas para crear un Tratado Internacional que regule el comercio de armas fue porque un millón de personas presionaron a los Gobiernos del mundo.

Pero también hay logros en riesgo, como la prohibición absoluta de la tortura. En 1984 entraba en vigor la Convención Contra la Tortura de la ONU que la prohibía sin matices. Después de los atentados del 11-S no sólo hemos documentado  que la tortura se da todavía en más de 100 países del mundo, sino que Gobiernos democráticos como el de Estados Unidos la han legalizado en la práctica al aprobar al más alto nivel “la bañera” y otros métodos brutales, y al dictar la Ley de Comisiones Militares, que, en determinadas circunstancias, acepta las declaraciones obtenidas bajo tortura como prueba ante un tribunal de justicia.

¿A qué retos de derechos humanos nos enfrentamos hoy en España? ETA continúa matando, y el asesinato del ex concejal Isaías Carrasco es el último sangriento recordatorio de los riesgos que corren día a día amplios sectores de la población en el País Vasco, sometidos a amenazas y hostigamiento. El 10% de la población en España es extranjera, y sin embargo las políticas públicas para combatir el racismo y la xenofobia basculan entre la desgana y la invisibilidad y están a la cola de Europa, mientras los controles fronterizos son casi la única respuesta a la inmigración ilegal que se cobra anualmente unas 3.000 vidas. La tortura no se reconoce como un problema en nuestro país, a pesar de que todos los organismos internacionales constatan que está extendida y es persistente, y que se ceba especialmente con los inmigrantes. Varios de estos organismos han pedido que se suprima el régimen de incomunicación que se aplica a personas acusadas de terrorismo, que se extendió a 13 días en los últimos años, o que se le dote de mayores garantías como el uso de videocámaras en los interrogatorios. En los últimos años, por fin, la violencia de género se ha reconocido como un problema serio de derechos humanos, pero la falta de recursos, entre otras razones, ha hecho que más de 250 mujeres hayan muerto a manos de sus compañeros o ex compañeros en los últimos años.

Pero si hay un reto universal al que debemos enfrentarnos en los próximos años es el de la pobreza como violación de derechos humanos. En estos últimos 30 años, a pesar de todas las promesas, los pobres, especialmente en África, son mucho más numerosos. Millones de personas no tienen acceso ni a la salud ni a la educación; son víctimas de desalojos forzosos y son condenados al hacinamiento, a la miseria y a la muerte. Debemos conseguir que las víctimas del “crimen de pobreza” puedan reclamar, como las víctimas de la tortura, en los tribunales de justicia, y que sus responsables directos comparezcan en el banquillo de los acusados. Encontrar y juzgar a los “perpetradores de la pobreza” es el mayor reto al que nos enfrentamos. Hace 30 años liberábamos presos de conciencia; hoy hay que liberar también a los “presos de la pobreza”. (El País, 24/04/08)

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Foto de una campaña de Amnistía Internacional contra la tortura

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De libros y lecturas: Elogio del lector


No es fácil encontrar tiempo para leer. Un acto tan sencillo como abrir un libro (ya sea en la casa, el autobús, bajo un árbol o abrumado por el insomnio) se ha convertido en todo un reto. Al menos para mi, que he sido un lector compulsivo durante gran parte de mi vida, y que ahora, cuando dispongo de todo el tiempo del mundo para ello, me encuentro con que, abrumado por la oferta, me debato con el dilema de por donde comenzar… Y no comienzo…

Dice la escritora checa afincada en España, Monika Zgustová, que ya quisieran otros sectores de la creación artística como el cine, el teatro o las artes plásticas, tener la vitalidad que hoy sigue teniendo el literario. Y a juzgar por las cifras de ventas -que no de lecturas- eso es innegable. Me alegra que sea así. A pesar de sufrir de vértigo ante tanta vaciedad e insustancial palabrería como se ve y se vende, tiene razón la articulista en que gracias a eso, y junto a eso, siguen publicándose, vendiéndose y leyéndose muy muy buenas obras literarias… Sean felices. Y lean, si pueden… (HArendt)

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La escritora checa Monika Zgustová
(http://www.pencatala.cat)

“Elogio del lector”, por Monika Zgustova

Hace poco, Antoine Gallimard afirmó que, en el presente, Proust no encontraría editor para su novela En busca del tiempo perdido. Al decirlo, el presidente de la mítica editorial francesa que lleva su apellido se refería a lo que viene comentándose desde hace algo más que una década: que “el panorama editorial” se vislumbra como “poco atractivo y mercantilista” (recojo esas palabras de un artículo publicado en las páginas de Opinión de este diario).

Pienso que el señor Gallimard profirió su máxima sobre Proust a modo de boutade. Evidentemente, existen editoriales -siempre han existido- especializadas en libros comerciales. Pero monsieur Antoine no pudo hablar en serio: al igual que muchas otras editoriales europeas, la que él preside sigue apostando por los nuevos talentos.

¿Es realmente poco atractivo y mercantilista el panorama editorial, según se suele afirmar? Yo no opino así. Y ello por tres razones. En primer lugar, porque en España, por circunscribirnos a nuestro país, sigue habiendo editores, decenas de ellos, que anteponen el valor literario al mero negocio. Como en toda Europa, también entre nosotros hay editores que descubren a esos autores que buscan ir más allá de lo que se ha dicho y cómo se ha dicho hasta ahora, autores que venden unos pocos miles de ejemplares de cada libro (y a veces menos de mil). Es cierto que esos editores, para equilibrar las cuentas, añaden a su catálogo de descubrimientos algún que otro libro de menor riesgo comercial. Pero no por ello renuncian a sus principios.

En segundo lugar, porque por toda España subsiste un amplio tejido de librerías comprometidas con los buenos libros. Y ello tiene aún más valor en un momento en que el coste del inmobiliario hace cada vez más difícil mantener la rentabilidad exigida.

Y en tercer lugar porque el número de lectores crece, como lo muestran las estadísticas, especialmente entre las mujeres y los jóvenes de entre 25 y 30 años.

En la España contemporánea, un lector puede llegar a formarse una imagen bastante exacta tanto de la literatura clásica como de lo que ocurre en el presente, y no sólo en las letras occidentales. Sólo en los últimos años se han publicado, con éxito fulminante de crítica, lectores y ventas, novelas de muy alta calidad: La mujer justa, de Sándor Márai; Soldados de Salamina, de Javier Cercas; Vida y destino, de Vasili Grossman, y Las benévolas, de Jonathan Littell, entre otras. En todos esos casos son los lectores, con la complicidad de los libreros, quienes volcándose a comprar esas grandes novelas por decenas y centenares de miles, permiten que los editores se lancen a la aventura de publicar más libros arriesgados. Sí, en el fondo son los lectores los que hacen que el panorama literario sea más atractivo y menos mercantilista.

Pero no siempre la buena literatura se vende por cientos de miles -ni la mediocre tampoco-. A muchos editores su deseo de aportar al lector lo valioso, sorprendente e innovador de la literatura les hace perder dinero y correr el peligro de derrumbarse. Los directores literarios con un gusto exigente se juegan a diario su puesto de trabajo. Pero a pesar de todo, muchos siguen arriesgándose.

Ésos son, junto a los tozudos libreros que se oponen a ceder sus locales a bancos y otros negocios, los quijotes del mundo editorial que batallan no contra los molinos de viento sino contra algo mucho más peligroso: contra el poder del más fuerte.

Así pues, al contrario de lo que suele comentarse, estoy convencida de que el presente del libro no es peor que en épocas anteriores. Lo de “cualquier pasado fue mejor” es un lugar común que no se cumple la mayoría de las veces. Tampoco en ésta.

Por mencionar algunos ejemplos, de su libro De l’amour, Stendhal vendió veinte ejemplares ¡en diez años!; Proust tuvo que pagar de su bolsillo la edición del primer volumen de A la búsqueda del tiempo perdido; Joyce publicó su Ulises en París porque no encontraba editor en Inglaterra, y Kafka, en vida, no pasó de los 800 ejemplares vendidos. Hoy, al contrario, cualquiera puede, como mínimo, colgar su novela en Internet.

De todos los campos de la creación, el del libro es el más dinámico y diversificado: ni las artes plásticas, ni la música o el cine pueden ofrecer anualmente tanta riqueza de nuevos talentos como lo hace el mundo del libro.

Aunque quedan muchos libros sin publicar, y sin duda algunos de ellos lo merecen, pero ya quisieran los pintores, los cineastas y los músicos tener las mismas oportunidades que brinda el mundo editorial. Y, además, cada año aparecen, como contrapeso a los grandes grupos editoriales que siguen afianzándose, varias nuevas editoriales privadas que buscan a autores de valor literario y encuentran a sus lectores.

Y toda esa efervescencia es posible gracias, finalmente, al lector que, en la soledad, sigue dispuesto a descubrir tanto a los clásicos como los nuevos autores. Celebrémoslo, pues, y que sea por muchos años. (El País, 24/04/08)

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