Thursday, March 20, 2008

Análisis post-electorales

Tres interesantes artículos en El País de ayer y de hoy analizando los resultados de las elecciones general del pasado día 9. Los tres distintos y complementarios, incidiendo en diferentes aspectos del resultado electoral habido.

El primero, ayer miércoles, es de José Ignacio Wert. Sociólogo, especializado en análisis de procesos electorales, y presidente de Inspire Consultores, Wert centra su exposición en un intento de analizar y explicar porqué, a pesar de la polarización extrema de la campaña, tanto PSOE como PP aumentan el número de sus votantes respecto a 2004, y por otro, discernir desde donde y porqué razón se producen las fugas de votos en favor de ambos partidos.

El segundo, de hoy jueves, está escrito por María Jose Canel, catedrática de Comunicación Política de la Universidad Complutense de Madrid y presidenta de la Asociación de Comunicación Política, e intenta responder a las preguntas que todo partido se debe formular tras los comicios: he recibido el voto ¿para hacer qué? Y me lo han retirado ¿por haber hecho qué? o ¿por haber dejado de hacer qué?. Para Canel, ni PSOE ni PP se han formulado esas preguntas con anterioridad a la campaña electoral ni durante la campaña electoral, por lo que le parece absolutamente imprescindible que lo hagan ahora y se planteen la necesidad de formularse y responderse esas preguntas de manera permanente, como si siempre estuviesen en campaña.

El tercero, también de hoy, lo escribe Josep Ramoneda, escritor, filósofo, periodista y director general del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, y es un análisis de la difícil relación, no por disimulada menos real, entre el Partido de los Socialistas Catalanes y su hermano mayor, el PSOE, puesta al descubierto en la fría recepción dada a los delegados del PSC en la reunión del Comité Federal que analizó y celebró la victoria socialista en las pasadas elecciones. Espero que los disfruten. (HArendt)

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Congreso de los Diputados, Madrid

“Paradojas del 9 de marzo”, por José Ignacio Wert.

Una de las conclusiones evidentes de las elecciones generales es que tras tanta polarización en los últimos años, los resultados ofrecen incentivos al PSOE y al PP para intensificar la competencia por la moderación.

Los primeros análisis de las elecciones generales del 9 de marzo son, como es natural, apresurados, y se basan apenas en lo que llamamos análisis ecológico, es decir, en cómo se distribuye el voto en los distintos territorios y en el análisis dinámico, es decir, en qué corrientes de transferencia de voto se aprecian entre partidos o entre éstos y la abstención. No tenemos aún encuestas post-electorales, que ratifican o desmienten las hipótesis que el análisis ecológico y el dinámico pueden establecer.

Pero dentro de esas limitaciones, lo que tenemos a la vista ya nos permite hacernos algunas preguntas y conjeturar algunas respuestas. A mi juicio, las que analítica y políticamente tienen más importancia son aquellas que intenten explicar cómo es posible que tanto el PP como el PSOE progresen en votos (en medida desigual: a falta de integrar el voto de los residentes ausentes, en comparación homogénea con 2004, el PP gana 539.000 votos por 151.000 el PSOE), cuando la extrema polarización que ha presidido la vida política en este último cuatrienio hubiera llevado a pensar que los saldos de estos dos partidos tendrían que responder a una lógica de tipo suma-cero, es decir, que la condición para que uno de los dos ganara votos es que el otro los perdiera. La explicación de que no haya sido así reviste el mayor interés y atañe tanto a la cuestión de las diferencias en los patrones de comportamiento electoral en los distintos territorios como a la de los espacios políticos. Así, las mayores ganancias del PSOE tienen lugar en Comunidades en las que el PP no retrocede (Canarias, Cataluña, Aragón) o lo hace inapreciablemente (País Vasco). Sólo en Galicia, y, en medida menor, en las Islas Baleares y Asturias se da alguna asociación entre ganancias del PSOE y retrocesos del PP.

En cambio, respecto al PP, lo que observamos es que excepto en Andalucía y en menor medida en la Comunidad Valenciana, donde gana mucho más de lo que pierde el PSOE, el resto de los escenarios en que gana son aquellos en los que más pierde el PSOE, sobre todo en términos de penetración electoral (voto válido): eso sucede en Madrid y Castilla-La Mancha (donde hay una correspondencia milimétrica entre ganancias del PP y pérdidas del PSOE), y algo menos en Murcia.

¿Cómo se explica esta aparente paradoja? A mi juicio, una buena parte del incremento de voto del PP viene del PSOE, y el mayor o menor impacto de ese trasvase en la cuenta de explotación electoral del PSOE se debe a la presencia o no de amortiguadores nacionalistas. Así, donde no existen -o cuentan relativamente poco- tales amortiguadores (como, de forma casi milimétrica, en Madrid) las ganancias del PP vienen a coincidir con las pérdidas del PSOE. En cambio, donde se producen movimientos triangulares, como sucede típicamente en Andalucía (donde el PP y el PSOE se lucran también de la desaparición de los andalucistas), el PP gana mucho y el PSOE pierde muy poco.

Por el contrario, allá donde el PSOE aumenta su caudal (relativo y en muchos casos también absoluto), salvo en Baleares, Galicia y Asturias, hay una completa independencia entre la ganancia del PSOE y el resultado del PP. Ello se debe a que, fundamentalmente en tales escenarios, el PSOE parece extraer su ventaja fundamentalmente del espacio nacionalista, que se contrae muy significativamente. Las excepciones, salvo Asturias, pueden relacionarse con los respectivos cambios de Gobierno regional, que han fortalecido la posición electoral del PSOE.

Y esta constatación, la de que existen diferencias sensibles de modulación territorial en las dinámicas del voto, nos lleva a preguntarnos en qué se relacionan tales diferencias con el conflicto que ha enfrentado a PSOE y PP a propósito, sobre todo, del Estatuto de Cataluña.

Sin duda, es una parte de la interpretación: el PP parece haber extraído réditos importantes en las Comunidades en las que más ha calado un sentimiento de agravio respecto a lo que se han entendido como privilegios otorgados a Cataluña. Pero, desde luego, no es toda la interpretación: se hace arduo imaginar que todas las papeletas que parecen haber viajado del PSOE al PP en los lugares en que éste ha crecido más reflejen simplemente ese agravio.

El caso de Madrid parece sumamente expresivo al respecto. El PP avanza en conjunto (sobre voto válido) cinco puntos porcentuales, en tanto que el PSOE retrocede casi otro tanto. En valores absolutos, el PP gana 164.000 votos y el PSOE cede 154.000. Pero las mayores ganancias del PP y las mayores pérdidas del PSOE tienen lugar en los enclaves de clase media y media-baja que constituyen los baluartes electorales del PSOE: municipios como Fuenlabrada, Parla o Torrejón de Ardoz y distritos como Vicálvaro o Puente de Vallecas.

Esto nos lleva a la cuestión de los espacios políticos y la competencia. Algún analista sostiene que el aumento de los votos del PP se relaciona con la hipermovilización de sus votantes a través de la “estrategia de la crispación”, que sirve para aglutinar todo el voto de la derecha desde su extremo. Los números son de suyo pacientes y moldeables, pero no sé si tanto. Primero, porque cuesta entender cómo exclusivamente la movilización de los propios votantes puede dar lugar a que aumente su número, como ha sucedido ahora. Segundo, porque viniendo, como vienen en buena parte, tales votos nuevos del PSOE, el análisis tendría como corolario que había un amplio potencial de derecha extrema dentro del core electorate socialista, lo que sería, por decir lo menos, bastante sorprendente.

Creo que las cosas son un poco más complejas y que deben analizarse con una mirada más amplia. Entiendo que tanto el PP como el PSOE han combinado estrategias competitivas de tipo centrípeto (la búsqueda de votos en el centro) con otras de tipo centrífugo (buscar el voto en los extremos). Los dos son catch-all-parties, obligados a atender simultáneamente intereses contrapuestos de diversas clientelas internas. En el componente centrípeto de la competición, los datos apuntan a que se ha impuesto el PP. Sólo en esa lógica cabe interpretar el que “robe” votos de clase media y clase media-baja al PSOE en proporciones apreciables.

En cambio, en lo que se refiere al componente centrífugo de la competición ha ganado el PSOE, lo que a la postre, le ha servido para ganar la elección. Así, parece que no sólo ha retenido el voto de la llamada (en la feliz expresión de César Molinas) “izquierda volátil”, sino que también ha sabido succionar -vía tanto la transferencia de voto como el diferencial de abstención- una proporción sensible del voto nacionalista, especialmente del más radical (ERC), pero también del más moderado (PNV, EA, CHA…). Al punto que el conjunto de los nacionalismos representados en el Parlamento han pasado de tener el 10% de los votos (y prácticamente la misma proporción de escaños) a suponer apenas el 7% de votos y escaños en la nueva Cámara.

Por su parte, el PP ha podido extraer algún rédito del componente centrífugo en cuanto a la alta movilización de su electorado más identificado ideológicamente con los postulados de la derecha, pero también soporta costes de oportunidad muy elevados. Cataluña es el mejor ejemplo. Ciertamente el PP no ha retrocedido respecto a los resultados de 2004, incluso ha avanzado dos escaños. Pero, si lo comparamos con el techo electoral del PP en Cataluña, el año 2000, resulta que entonces el PSC aventajó al PP en cinco escaños y ahora lo ha hecho en 17. Con ese handicap a cuestas parece muy difícil ganar cualquier carrera.

La elección pasada está llena de paradojas. La principal, que los dos principales partidos hayan crecido. La segunda, que cada uno haya ganado en el tipo de competición que, en apariencia, no privilegiaba. La tercera, que se proyecta al futuro, es que tras tanta polarización como nos ha tocado vivir en estos años, los resultados ofrecen incentivos a ambos partidos para intensificar la competencia centrípeta, es decir, para moderarse, salvo que el PSOE decida que vale la pena echar el resto para pescar en el millón de votos que deja prácticamente huérfanos el descalabro de IU. Ya veremos. (El País, 19/03/08)

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Sede Federal del PSOE, Madrid

“Campañas electorales, publicidad y estrategia”, por María José Canel.

Menos publicidad y más estrategia”. Ésta es la recomendación que en 1986 hiciera Philip Gould a un Partido Laborista que no lograba levantar el vuelo. Incorporando la experiencia de diferentes especialistas, se pondría en marcha el Strategic Development Group, que tenía por objeto analizar de forma permanente las motivaciones e intereses de los electores.

Pero no se trataba de buscar el voto desaforadamente. Por “estrategia” Gould señalaba la necesidad de estar en sintonía con las preocupaciones reales de los británicos, para hacer “políticas públicas profundas y contarlas con mensajes atractivos y coherentes”. Había que recurrir a expertos para definir bien el programa político, coordinar mejor la comunicación y ser más creativos. Así, el Nuevo Laborismo, apoyado en la Tercera Vía de Anthony Guiddens, sería la apuesta sólida que daría a este partido un triunfo histórico. Fue el triunfo también de la verdadera comunicación electoral, por cuanto se ponía de manifiesto que una campaña no es una reunión de impactantes promesas a última hora, sino un proceso continuado a lo largo de la legislatura. Lo que se necesita, en suma, es una buena combinación de proyecto político y comunicación.

Los resultados del 9 de marzo demuestran que España merece la recomendación de Gould; pues hablan de movimientos de voto, pero no se sabe muy bien de dónde y hacia dónde. Con estos datos es difícil responder a las preguntas que todo partido se debe formular tras los comicios: he recibido el voto ¿para hacer qué? Y me lo han retirado ¿por haber hecho qué? o ¿por haber dejado de hacer qué? En definitiva, ¿apoyan o censuran las urnas las propuestas que en economía, políticas sociales, terrorismo o modelo de estado han hecho los partidos? Es difícil responder. En el lado del PSOE, su incremento en 38.000 votos no cuadra bien con el más de millón de votos que pierde IU y el nacionalismo. Estos 38.000 puede ser un saldo de los que proceden de IU (320.000) y los que se van a UPyD (300.000). Pero también, de la incorporación de voto nacionalista, aunque poco, a juzgar por los datos de Cataluña y País Vasco, donde el descenso de participación parece indicar que PNV, EA o ERC han optado más por la abstención, y que el granero del PSOE ha estado en ICV y EB-B. Ahora bien, estos datos cuadran así en Barcelona, donde los 28.000 de incremento bien puede ser la mitad de los 43.000 que pierde ICV; pero no en el País Vasco, donde los nuevos 85.000 superan los 52.000 que pierde EB-B (y suponiendo que todos se los llevara el PSOE). Hace falta estudios más profundos que permitan identificar cuál ha sido la transferencia de voto y, por tanto, lo que ha motivado a los electores.

¿De dónde proceden los 400.000 votos más que logra el PP: del PSOE, del nacionalismo o de la abstención? También es difícil responder. El PP debe su incremento a Valencia, Murcia y Madrid. En Madrid, los 146.000 votos más pueden proceder del PSOE en la medida en que éste pierde 166.000 aún con el posible trasvase de IU (que pierde 61.000). Pero los 168.000 votos más de la Comunidad Valenciana no se relacionan tan fácilmente con los 13.000 que pierde el PSOE (de los cuales algunos estarán en los casi 20.000 de UPyD) y el posible trasvase de los 50.000 de EUPV-IR. El incremento de participación en estas comunidades puede hablar de votantes ganados a la abstención, pero es necesario saber más para poder analizar correctamente los datos.

El domingo, unas horas antes del recuento, algunas encuestas hablaban de la mayoría absoluta para el PSOE. Aunque con cautela, en entornos socialistas había euforia y esperanza; aunque con escepticismo, en entornos del PP había temor y desconcierto. El grupo Strategic Development Group de Philip Gould hubiera calmado los ánimos, pues con su permanente tarea de conocer a los votantes hubiera sido capaz de predecir el resultado casi en cualquier punto de la campaña.

Quizá Gould hubiera también sonrojado a los partidos, si ante las vallas electorales hubiera preguntado ¿a qué votante te diriges con esta foto? ¿Qué tipo de partido quieres construir? ¿Qué proyecto político tienes? ¿Cuál es tu estrategia? En los últimos días se ha hablado de la estrategia “del miedo”, “del voto útil” o “del recuerdo del pasado”. Pero éstas no son definiciones de estrategia.

Menos publicidad y más estrategia. Los partidos tienen que invertir más en investigación para, entre otras cosas, emplear mejor su cartelería. Es ahora, por tanto, cuando toca hacer sondeos, entrevistas en profundidad y focus groups para construir partidos en sintonía con las preocupaciones de los ciudadanos. Muchos lo agradecerán, a juzgar por las elevadas cifras de participación y de audiencias de debates. Se cierran las urnas, comienza la campaña.
(El País, 20/03/08)

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Sede Nacional del PP (Madrid)

“La fisura”, Josep Ramoneda.

El éxito electoral de los socialistas en Cataluña podría acrecentar la fisura abierta entre PSC y PSOE a raíz de las negociaciones del Estatut y de la elección de Montilla como presidente de la Generalitat, contra el pacto establecido entre Zapatero y Mas. Los delegados catalanes que asistieron al Comité Federal del PSOE, el pasado fin de semana, salieron preocupados de la reunión. Ni por parte del presidente, ni por parte de los portavoces de las distintas delegaciones territoriales hubo un solo gesto de agradecimiento o de reconocimiento por el magnífico resultado obtenido por el PSC. La frialdad más absoluta, como si más que un éxito compartido el resultado de Cataluña fuera mérito de Zapatero a pesar de los socialistas catalanes. “Esta legislatura será menos catalana”, ha dicho el presidente. Y un escalofrío ha recorrido el espinazo del PSC.

Un salto tan grande -más del doble de votos de los que obtuvo Montilla en las autonómicas- tiene sin duda una explicación principal: en unas elecciones en que se trataba de escoger a Zapatero o a Rajoy como presidente del Gobierno, la ciudadanía catalana tiene muy claro lo que quiere. Y en esta ocasión, ante el riesgo de retorno del PP, que el PSC supo explotar mejor que nadie, optó por lo seguro: el voto directo. Ésta es la razón principal del resultado sin desmerecer todo lo demás: la consolidación de Montilla como presidente, la erosión del nacionalismo catalán provocada, paradójicamente, por su desplazamiento hacia el soberanismo, la buena campaña del PSC, e incluso la valoración positiva que un sector del electorado ha hecho de la política de Zapatero hacia Cataluña a pesar de cercanías y otros desastres.

Los socialistas catalanes saben de la volatilidad del voto extra que han recibido. Y recuerdan perfectamente que Montilla perdió en las autonómicas 700.000 votos respecto a los que dos años antes había conseguido en las generales. Con lo cual necesitan convertir este éxito en proyecto para Cataluña antes de las próximas autonómicas. Para ello necesitan demostrar el poder real de sus 25 diputados en el Parlamento español. Necesitan convencer a una ciudadanía escéptica -que vota en cada elección a quien cree que sirve mejor sus intereses, y en caso duda, se envuelve en la bandera- que nadie está en mejor posición que ellos para que Cataluña obtenga los recursos imprescindibles para su relanzamiento. Para conseguirlo necesitan, obviamente, la complicidad del PSOE y del Gobierno de Zapatero. De momento, no la sienten.

Con 25 diputados, el PSC no tiene coartada. La ciudadanía le valorará por resultados contantes y sonantes. El PSOE responde con indiferencia. La indiferencia viene de tres factores: La sensación de que el resultado de Cataluña ha tenido un precio -un exceso de atención a los catalanes- que ha hecho perder votos en otros sitios. La convicción de que Zapatero se basta solo para que Cataluña le vuelva a sacar las castañas del fuego cuando sea necesario. Y el eterno agravio comparativo que siempre se da por supuesto cuando se habla de los catalanes. Si el PSC no cumple, lo pagará en las autonómicas, pero tarde o temprano lo pagará Zapatero. Hay sectores del nacionalismo moderado que por poco que el PP se tome en serio a Cataluña se dejarán atraer por la derecha porque es su espacio ideológico. Se vio perfectamente en el 96.

La fisura no será fácil de cerrar. Porque el PSOE está muy preocupado por sus pérdidas al sur del Ebro. Porque las cuestiones personales juegan y Zapatero no perdona a Montilla que no aceptara su pacto con Mas. Y porque siempre es aporético compaginar los intereses de Cataluña y los de otras partes de España. El PSC, tan prudente, ni siquiera ha planteado lo que para él sería solución óptima: grupo parlamentario propio y Gobierno de coalición PSC-PSOE. Pero una buena financiación y un buen desarrollo estatutario son indispensables a corto plazo para el PSC y a medio plazo para el PSOE.

Estos días ha habido un acontecimiento que explica la difícil comprensión de lo que ocurre en Cataluña. Murió Cassia Just, el abad de Montserrat que jugó un papel importante en la transición y que representó siempre un cristianismo abierto, nada que ver con el de la Conferencia Episcopal. En su funeral estaban todos los partidos catalanes excepto el PP. Y ni un solo representante de los partidos españoles, ni siquiera los veteranos de la transición, excepto Rodolfo Martín Villa. ¿Es posible que desde el puesto de gobernador civil de Barcelona durante el franquismo fuera más fácil entender Cataluña que desde las sedes de los partidos democráticos españoles?
(El País, 20/03/08)

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La sede del Gobierno de Cataluña (Barcelona)

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Pundonor


El pundonor es una cualidad de gente valerosa y honesta. Se le atribuye, por principio y por tradición, a los militares. Aunque algunos la hayan deshonrado en la historia. También a los ministros, que con culpa o sin ella, asumen la responsabilidad de los actos realizados por sus subordinados, precisamente para evitar que paguen los que no deben los daños de lo ordenado por otros. Eso era antes. Hasta que descubrieron que bastaba decir: “no tuve conocimiento”, “no lo sabía”, “no era mi competencia”, para escaquear la responsabilidad. Aunque tuvieran que mandar el pundonor a la mierda. Sean felices, si pueden…
(HArendt)

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Peridis (El País, 20/03/08)

“Trillo culpa del Yak-42 a la cúpula militar”, por Miguel González.

El ex ministro de Defensa del PP alega que no tenía competencia sobre los vuelos.”No era cuestión de mi competencia” y “no tuve conocimiento”. Ésas son las frases que más se repiten en los 33 folios que el ex ministro de Defensa Federico Trillo-Figueroa, del PP, ha remitido al juez de la Audiencia Nacional Fernando Grande-Marlaska, en respuesta a las más de cien preguntas que le formularon los familiares de los 62 militares muertos en el accidente del Yak-42, en mayo de 2003.

En su primera declaración judicial sobre este siniestro, en la que se acogió al privilegio de testificar por escrito, Trillo se ha permitido incluso una humorada: reproducir párrafos completos de su libro de memorias, publicado hace ya tres años.

En realidad, todas sus respuestas se resumen en una: la competencia de los responsables políticos sobre las misiones de las Fuerzas Armadas en el exterior se limita a decidir el envío de las tropas, el número de efectivos, la duración de la misión y su forma de financiación. A partir de ahí, son “los órganos técnico-militares quienes asumen las competencias operativas y logísticas de la misión, que incluye los medios de transporte”. Es decir, la decisión de contratar el Yak-42 para transportar a las tropas de Afganistán.

Trillo recurre a su acervo jurídico-administrativo para dejar claro que se trata de una “desconcentración” de funciones y no “una mera delegación”. Lo que significa que “el jefe del Departamento [es decir, él mismo] se desprende definitivamente de sus competencias”.

A partir de ahí, queda libre de polvo y paja. Ni conocía ni tenía por qué conocer las sucesivas subcontrataciones (que llevaron a que la mayor parte del dinero pagado por el Yak-42 se lo llevaran los intermediarios) ni tampoco las quejas elevadas por los militares que utilizaron este tipo de aviones. Las contradicciones en que incurrió en sus comparecencias en el Congreso las justifica alegando que ofreció la información que le suministraron sus colaboradores.

Ante la afirmación del entonces jefe de operaciones, el vicealmirante José Antonio Sáinz-Rozas, en una carta divulgada por EL PAÍS el pasado 13 de febrero, en la que aseguraba que las limitaciones impuestas por la participación en el conflicto de Irak influyeron en la contratación de estos vuelos y que algunos debían ser autorizados por el ministro, asegura tajante que “no es cierto”. “Me causa gran extrañeza por cuanto, como parece olvidar el Sr. Sainz-Rozas, la fecha del accidente es el 26 de mayo de 2003 y el despliegue aéreo transportado en Irak no comienza hasta finales de agosto”, agrega Trillo en su réplica. Parece olvidar, sin embargo, que el buque Galicia llegó en abril al puerto de Um Qasar y ya entonces empezaron los vuelos a Irak.

El ex ministro, que ha tenido varias semanas para preparar sus respuestas, pues el juez no le dio plazo para contestar, hace gala de la máxima precisión en algunos casos, mientras que recurre cuando le interesa a la fórmula menos comprometida del “según recuerdo”. Por ejemplo, recuerda que, según el contrato, la agencia NAMSA de la OTAN podía inspeccionar los aviones, pero no que podía hacerlo también el Ejército del Aire.

Aunque demuestra tener en su poder el informe Fortún, del que cita números concretos de folios, insiste en que no hubo denuncias sobre la seguridad de los vuelos, en contra de lo que reconoce esa investigación interna que él mismo encargó.

¿Quiénes eran los órganos técnico-militares que, según Trillo, tenían la competencia exclusiva sobre el Yak-42? Lo dice al principio de sus respuestas: el entonces Jemad [Jefe del Estado Mayor de la Defensa], el almirante Antonio Moreno Barberá, y el Jemacon [Jefe del Estado Mayor Conjunto], el teniente general Juan Luis Ibarreta.

En realidad, las respuestas de Trillo ya se anticiparon de modo subrepticio en el ejemplar que la Revista Española de Defensa, órgano oficial de su departamento, publicó en el número de julio-agosto de 2003, sólo dos meses después del siniestro. Si se unía la primera palabra de cada párrafo del editorial sobre el accidente del Yak-42 podía leerse la siguiente frase: “El responsable definitivo es el EMAD [Estado Mayor de la Defensa]“.

Lo que Federico Trillo dice que ignoraba:

- 10. ¿Tuvo conocimiento de las condiciones del contrato con NAMSA? Antes del accidente evidentemente no, por no ser de mi competencia.

- 11. ¿Dio alguna orden o instrucción al respecto antes de su firma? Ninguna, por no ser de mi competencia.

- 14. ¿Formuló alguna objeción o reserva a las subcontratas? Ni las conocía ni eran de mi competencia.

- 27. En la Comisión de Defensa del Congreso dijo: “Hasta el momento del accidente no se había recibido ningún informe en contra de estos vuelos”. ¿Se refería a informes recibidos por usted personalmente o, en general, a las demás autoridades militares? Hasta el momento de la producción del accidente yo no tuve conocimiento de ninguna queja.

- 31. El teniente coronel del CISET [servicio de inteligencia del Ejército] realizó un informe que decía: “Se están corriendo altos riesgos al transportar personal en aviones de carga de la antigua URSS”. Personalmente no tuve conocimiento de ese documento.
(El País, 20/03/08)

http://www.elpais.com/recorte/20080320elpepinac_1/LCO340/Ies/Trillo_observa_restos_Yak.jpg
Trillo visita los restos del Yak-42 (Turquía)

En este enlace puede leerse el texto completo de la declaración judicial de Federico Trillo.

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Federico Trillo (PP) fue ministro de Defensa y Presidente del Congreso de los Diputados

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