Saturday, March 15, 2008

Actualidad de Darwin


¿Actualidad de Darwin? La oposición frontal del PP y de la Conferencia Episcopal a la asignatura de Educación para la Ciudadanía, secundada por el sector más reaccionario de la judicatura, parece demostrar que sí. Anclados en un pensamiento decimonónico, no acaban de entender que educar ciudadanos es la base de la libertad y la democracia. O puede que sí, que lo entiendan muy bien, y por eso se oponen a educar a nuestros hijos y nietos en el pensamiento libre y prefieran mantenerlos maniatados intelectualmente. Acabarán pagándolo caro. Dos preciosos textos publica hoy El País sobre la obra y la figura de Charles Darwin. El primero, del catedrático de Historia de la Ciencia y miembro de la Real Academia Española José Manuel Sánchez Rón, titulado “El victoriano revolucionario”, que cuenta como fue la vida del gran pensador británico, un hombre hogareño, amante de su familia, conservador y aquejado por graves enfermedades que supo mantenerse firme en sus convicciones y hacer frente a la incomprensión de la sociedad de su época. El segundo, del escritor y periodista Miguel Ángel Villena, se titula “El Darwin oculto, al fin en español”, nos transmite la feliz noticia de que por fin van a ser publicados en español los textos inéditos del gran naturalista, lo que dice más bien poco del afán y curiosidad científica de los españoles a estas alturas del siglo XXI. Espero que los disfruten. Sean felices. Y buenas vacaciones.
(HArendt)

No se puede mostrar la imagen “http://nayagam.files.wordpress.com/2006/02/397px-Charles_Darwin_by_G._Richmond.jpg” porque contiene errores.
Retraro de Charles Darwin en su juventud

“El victoriano revolucionario”, José Manuel Sánchez Ron.

¿Quién hubiera imaginado el destino que aguardaba a aquel joven de buena familia que perdía el tiempo buscando escarabajos, rocas y plantas, por los alrededores de Edimburgo, en cuya Universidad se suponía que obtendría el título de médico (abandonó, incapaz de soportar el sufrimiento que veía en los pacientes), y luego en Cambridge, ahora ya con la más humilde pretensión de convertirse en clérigo? ¿Habría pensado su desesperado padre (médico) que llegaría el día en que el cuerpo de su hijo Charles yacería enterrado en la abadía de Westminster, justo al lado del gran Newton?

El hecho es, sin embargo, que Charles Darwin (1809-1882) llegó a ser uno de esos raros faros intelectuales que iluminan el mundo del pensamiento por encima del tiempo y el espacio. De muy pocos descubrimientos, teorías o científicos se puede decir, en efecto, lo que se puede manifestar a propósito de Darwin: que generó una revolución que fue más allá de los confines de la ciencia socavando creencias profundamente enraizadas en los humanos. Si Copérnico separó a la Tierra del centro del universo, Darwin despojó a la especie humana del lugar privilegiado que religiones y filosofías le habían asignado en la naturaleza.

Depurada por el paso del tiempo, la idea básica de la teoría darwiniana de la evolución de las especies, o de la selección natural, es que no hay una tendencia intrínseca que obligue a las especies a evolucionar en una dirección determinada; evolucionan, sí, pero siguiendo leyes surgidas de la azarosa y no predeterminada lucha por la supervivencia. Como es bien sabido, el lugar en el que Charles Darwin planteó, y sustanció con múltiples ejemplos, tal tesis es un libro que forma parte de lo mejor del patrimonio de la humanidad: El origen de las especies por medio de selección natural, o la preservación de especies favorecidas en la lucha por la vida (1859).

El camino que le llevó a publicar esta obra fue largo. Y más que probablemente nunca lo habría recorrido si no hubiese sido aceptado como naturalista en el barco HMS Beagle, que zarpó de Portsmouth en diciembre de 1831, en un viaje de cinco años que le llevó alrededor del mundo. En aquellos años de aprendizaje, trabajando en ese laboratorio único que es la naturaleza, convertido en un atrevido aventurero que recorría las pampas argentinas durmiendo al raso, exploraba islas (como las Galápagos) y se adentraba en selvas, se forjó el naturalista cuyas ideas cambiarían el mundo.

Luego vendrían las décadas, el resto de su vida en realidad, de reflexión, experimentación y búsqueda de leyes explicativas, en las que el antiguo Indiana Jones decimonónico se trasmutó en un sedentario padre de familia de muy mala salud, asentado en el pueblo de Down, cerca de Londres, viviendo de las rentas familiares y con escasos contactos personales con sus colegas, con los que, sin embargo, mantuvo una copiosísima correspondencia. Se dice que apenas podía trabajar dos o tres horas al día. Si fue así, ¡que rendimiento tan extraordinario! Al tiempo que leía, estudiaba, experimentaba y estaba al tanto en su disciplina, de su pluma salieron libro tras libro (y miles de cartas).

Fue, es cierto, un victoriano conservador y un devoto padre de familia, pero su obra científica le convirtió en un revolucionario, y como tal sufrió el destino frecuente de estos innovadores: críticas y adhesiones, odios y lealtades. Todavía resuenan los ecos del magnífico enfrentamiento que tuvo lugar en Oxford el 30 de junio de 1860 entre el obispo Samuel Wilberforce y el biólogo Thomas Henry Huxley. “Querría preguntar”, manifestó Wilberforce, “al profesor Huxley sobre su creencia de que desciende de un mono. ¿Procede esta ascendencia del lado de su abuelo o del de su abuela?”. A lo cual Huxley replicó: “No sentiría ninguna vergüenza de descender de los monos; pero sí que me avergonzaría proceder de alguien que prostituye los dones de la cultura y la elocuencia al servicio de los prejuicios y la falsedad”. Pero la defensa y argumentos de Huxley no fueron suficientes: el creacionismo ha resultado ser un sujeto duro de roer.

Por su parte, Marx y Engels recibieron con entusiasmo la idea de la lucha por la supervivencia, que entendieron como “lucha de clases”, mientras que, en las antípodas del comunismo, algunos entendieron que el darwinismo proporcionaba la base científica para justificar los excesos del capitalismo. La ciencia de Darwin se convirtió así en arma política, como bien se pudo apreciar en España, en donde fueron frecuentes durante el siglo XIX los enfrentamientos ideológicos a propósito de la teoría de la evolución darwiniana.

http://www.lagranepoca.com/pics/2007/05/21/l/2007-05-21-l--darwin.jpg
Caricatura de Charles Darwin del siglo XIX

“El Darwin oculto, al fin en español”, por Miguel Ángel Villena.

Cuando escribió su autobiografía, Charles Darwin evocó del siguiente modo el éxito de El origen de las especies, uno de los libros científicos más trascendentes de todos los tiempos, publicado en 1859. “Ha sido traducido a casi todos los idiomas”, señaló el naturalista británico, “incluso a algunos como el español, el bohemio, el polaco o el ruso”. Lo que ignoraba Darwin es que su obra más famosa, que cambió literalmente la visión del mundo y de la evolución de la humanidad, había tardado nada más y nada menos que casi 20 años en ser traducida al castellano en una muestra del atraso científico español en el siglo XIX respecto de lenguas como el alemán o el francés. Sin embargo, todavía resulta más escandaloso que, a principios del siglo XXI, cuando estamos a punto de celebrar el bicentenario del nacimiento de Charles Darwin (1809-1882), una mayoría de libros del naturalista sigan inéditos en español.

“De los 17 libros publicados por el científico inglés”, comenta el biólogo y profesor Martí Domínguez, “más de 9.000 páginas impresas, sólo se han traducido El origen de las especies, El origen del hombre, El viaje de un naturalista, La expresión de las emociones en los animales y en el hombre y, hace poco, La estructura y distribución de los arrecifes de coral. Los demás títulos permanecen inéditos en español y, por eso, la editorial Laetoli ha comenzado recientemente una biblioteca-colección sobre Charles Darwin con la publicación de La fecundación de las orquídeas, que pretende dar a conocer el resto de su obra”.

Tanto Domínguez, autor del prólogo de La fecundación de las orquídeas, como Serafín Senosiáin, el director de Laetoli, una editorial de referencia en temas de ciencia con sede en Pamplona, coinciden en señalar las razones que explican esta anomalía española con respecto a Darwin. “En primer lugar, revela un rasgo claramente anticientífico de la sociedad española, que ha mejorado algo con el paso del tiempo, pero no lo suficiente. En segundo lugar, el mundo académico en general ha prestado poca atención al autor de El origen de las especies. Y como tercer motivo básico, el conservadurismo de la Iglesia católica ha pesado en España como una losa”.

En una época en que los integristas religiosos cristianos ponen en cuestión las teorías evolucionistas y defienden el creacionismo, ahora llamado con mucha pompa diseño inteligente, el editor Senosiáin no tiene dudas en apuntar sus dardos contra la jerarquía católica. “La historia de España”, manifiesta el responsable de Laetoli, “ha sido la que ha sido, plagada de dictaduras, oscurantismo y dominio de la Iglesia católica, que siempre tuvo a Darwin como un objetivo a combatir. Por otra parte, el desdén que en líneas generales ha tenido la sociedad española hacia el naturalista sería inconcebible si hubiera mantenido esa actitud con un novelista como Tolstói o cualquier otro de primera fila”.

Si el editor se manifiesta tan crítico con los eclesiásticos, Martí Domínguez arremete contra muchos universitarios. “Darwin se lee poco o muy poco en la Universidad”, afirma este investigador, docente y periodista científico, “hasta el punto de que incluso en carreras como Ciencias Biológicas lo consideran un clásico poco relevante para la formación de los estudiantes. No sería exagerado afirmar que buena parte del profesorado de ciencias no ha leído El origen de las especies”. Precisamente para cubrir esa evidente e incomprensible laguna cultural, Laetoli tiene programado publicar en los próximos meses títulos como Plantas carnívoras, Variaciones en los animales y las plantas, La forma de las flores y Las plantas enredaderas, al margen de lanzar una nueva edición de El origen del hombre, en 2009, un año que la comunidad científica de todo el mundo dedicará a honrar la memoria del naturalista británico.

Al igual que ocurre con otras obras aparentemente menores del naturalista, La fecundación de las orquídeas va más allá de un texto técnico o de interés limitado a los eruditos. Cualquier aficionado a la botánica descubrirá que los concienzudos y pacientes experimentos de Charles Darwin en su casa de Down, a 25 kilómetros de Londres, aspiraban, como toda su obra, a demostrar sus teorías sobre la evolución. Martí Domínguez cita una biografía de Janet Browne (Charles Darwin. The power of place, 2002) sobre el científico para concluir que “hasta entonces [mediados del siglo XIX] las orquídeas eran consideradas como la obra más sublime y directa de la mano de Dios, y Darwin quiso demostrar que incluso aquellas plantas tan extraordinarias podían explicarse como resultado de una maravillosa suma de adaptaciones evolutivas”.

Poco dado a la soberbia intelectual, el científico no pudo reprimir su satisfacción cuando avanzaron sus descubrimientos sobre aquellas preciosas flores que él también consideraba una maravilla. Aunque no de origen divino. Durante sus experimentos -que condujeron a la publicación del libro en 1862 con el enrevesado título, muy propio de la época, de Los varios ingenios mediante los cuales las orquídeas británicas y foráneas son fecundadas por insectos-, no pudo reprimir su orgullo. “En un futuro no muy lejano”, escribió en aquellas fechas a un amigo, “los naturalistas escucharán con sorpresa, quizás con mofa, que en tiempos anteriores hombres serios y cultivados mantuvieron que estos órganos fueron especialmente creados y dispuestos en su lugar adecuado como platos en una mesa por una mano omnipotente ‘para completar el esquema de la naturaleza”.

La fecundación de las orquídeas demuestra también el talante de aquel investigador metódico, que dedicó su vida entera a analizar todos los hallazgos que había realizado en aquel viaje de cinco años en el Beagle, iniciado en 1831 cuando ese hijo de médico rural apenas contaba 22 años de edad. Como desvela en su Autobiografía, publicada en España por Belacqua, Darwin se refugió en la campiña inglesa, en un pueblo cerca de Londres, con su mujer, Emma Wedgwood, que era también su prima, y con los siete hijos que sobrevivieron de los 10 que tuvo el matrimonio.

Una inmejorable prueba de la huella que el viaje del Beagle dejó en Darwin la encontramos en Hacia los confines del mundo (Salamandra), una novela de publicación reciente en España y que han elogiado todos los darwinianos. En esta obra de ficción, pero ambientada sobre un verídico fondo histórico y geográfico, su autor, Harry Thompson, repasa el pulso que mantuvieron el capitán del Beagle, Robert Fitzroy, y el joven naturalista Charles Darwin. De esa pugna entre un creyente en Dios y en el origen divino de la creación y un científico, fascinado por unos descubrimientos que alumbraron la teoría de la evolución, nació una colosal obra que comienza a estar al alcance de los lectores en español. (El País, 15/03/08)

No se puede mostrar la imagen “http://perso.wanadoo.es/acpm/imagenes/darwin4.jpg” porque contiene errores.
Retrato de Darwin al final de sus días

Posted by HArendt in 18:20:29 | Permalink | No Comments »

Ansias de vivir


Mañana domingo cumple 102 años el gran intelectual y escritor republicano Francisco Ayala (un republicano monárquico dice de sí mismo). El secreto de su longevidad parece ser una ración diaria de güisqui, manzanas, yogur y miel.Y ansias de vivir. No es mala receta.  El periodista Juan Cruz lo entrevista hoy en El País. ¡Felicidades, don Francisco! ¡Y qué cumpla usted muchos más! Sean felices.
(HArendt)

No se puede mostrar la imagen “http://www.casareal.es/noticias/images/casareal/1142583249435.jpg” porque contiene errores.
Los Reyes y el gobierno homenajean a Francisco Ayala en su cien aniversario

“Nosotros los jóvenes somos así”, por Juan Cruz.

Francisco Ayala cumple mañana 102 años y ya sabemos cuál es el secreto, la miel. La toma desde que era un niño, y sigue siendo parte de su cena. Se ha dicho que cena un whisky y dos manzanas, y a veces una manzana y dos whiskys, pero ésas son invenciones. Ayala toma miel para cenar; yogur con miel. El escritor la consigue en una tienda de la vecindad, donde sólo venden productos de abejas. A la hora del almuerzo llega con muchísimo apetito. “El hambre es una buena señal, sobre todo si la perspectiva es una comida como la que dan en este restaurante”. Ha llegado a la Taverna Siciliana, junto a su casa, con su mujer, Carolyn Richmond. Ricardo Gutiérrez le pide que se siente donde mejor luz pueda darle, y él posa de lado, consciente de que la cámara tiene que reflejar, tan sólo, el milagro de su salud. “Está usted mejor que nunca”. “Ya sabe, nosotros los jóvenes somos así”.

Ayala está de muy buen humor; por qué hay que andar con rodeos: “Traiga usted vino, no pregunte aún por lo que queremos comer, traiga vino urgentemente”. Le hemos traído, de regalo, un whisky escocés de 10 años, un Arbeg, “¡no había de 102!”, y enseguida le traen el vino, pulpo (“¡esos animales marinos!, a mi mujer no le gustan, pero esto es lo mejor que se puede probar!”), caballas en tartar; él ha pedido risotto con setas, como casi siempre, y mientras probaba el vino saltó en la conversación la pasada campaña electoral. “Yo no voto a partidos, voto a personas…”. El resultado electoral le pareció bien, pero ése no es un tema de conversación para un almuerzo… El almuerzo, la comida. Come muy bien, con ganas: “Como si no tuviera la edad inverosímil que tengo ahora”. Y se prepara para mañana una celebración extraordinaria e íntima, con su mujer, a solas, en una taberna. ¿Y qué va a comer? “¡Qué va a ser! ¡Huevos fritos con patatas fritas!”. Ése es el festín, para los dos.

Está de buen humor, “claro, es que estoy tranquilo, mi mujer me trata bien. Yo soy una invención de ella, ja, ja, ¡pero una buena invención!”. Bromea: a veces, dice, él es el tirano, “pero para pequeñas cosas”, y a veces: “Acepto su tiranía”; el resultado de la convivencia “entre ambas tiranías” es “salud, alegría, felicidad”.

Son 102 años. “Yo no me pongo límites, hay muchos que ponen límites; 102 años. ¡No está mal para empezar!”. Como hablamos del paso del tiempo, terminamos hablando de tangos, “donde está la filosofía del siglo XX”, y que tanta importancia tienen en su obra. “El Madrid de mi juventud estaba inundado de tangos”. ¿Y cuál es su tango? “No tengo favoritos, ¡ni siquiera en tangos!”.

¿Una preocupación, ahora? “El calentamiento global. Los políticos le hacen poco caso, como a todo lo que es importante”. Y otra, la mala educación, los insultos que dominan, todavía, la vida española.

No ha podido con el plato, tan abundante, de risotto. “¡Ya no estoy para nada, no puedo terminar este plato!”, ríe a carcajadas, y le roba a Carolyn el vino que aún queda en su vaso. A la noche, miel. “Y si sigo tomando miel voy a empezar a descumplir, y un día acabaré otra vez en brazos de la nodriza, ja, ja”. (El País, 15/03/08)

Posted by HArendt in 14:40:52 | Permalink | No Comments »

Como parar un penalti

Investigadores israelíes de la Universidad Ben-Gurión, en el Neguev, se han tomado la molestia de examinar imágenes de 311 lanzamientos de penaltis tomadas en las principales ligas profesionales de fútbol. La conclusión es clara: si el portero se estuviera quieto, el balón no entraría en un 33% de las ocasiones.

Pero el estudio no sólo ha servido para explicar por qué los porteros, en lugar de quedarse quietos, se lanzan hacia un lado u otro. También ha servido para explicar porque los inversores y analistas financieros se embarcan en absurdas operaciones en momentos de crisis, cuando lo racional es “no hacer nada”. Espero que les resulte interesante. Sean felices. (HArendt)

No se puede mostrar la imagen “http://www.elpais.com/recorte/20080315elpepueco_1/XLCO/Ies/20080315elpepueco_1.jpg” porque contiene errores.
Dudek (Liverpool) le para un penalti a Shevchenko (Milán)

“Hacer o no hacer nada, ésa es la cuestión para acertar”, por Patricia Cohen.

Un estudio realizado a partir de los porteros de fútbol pone en entredicho la premisa habitual en Economía de que los experimentos no son rentables.

Cuando tenemos que decidir qué hacer, a veces lo mejor es no hacer nada. Pongamos como ejemplo a Radek Cerny, el mejor portero del Tottenham Hotspur, cara a cara con Cristiano Ronaldo, el joven y atlético centrocampista del Manchester United, hace poco en un penalti en la cuarta ronda de la Football Association Cup en Reino Unido. Cuando Ronaldo estiró la pierna hacia atrás para golpear el balón, Cerny se tiró a la izquierda, esperando que Ronaldo chutara hacia esa esquina, pero la pelota entró como un rayo por la esquina inferior derecha. ¡Gooool! El error que cometió Cerny, según Ofer H. Azar, fue moverse a un lado en lugar de quedarse en el centro, donde habría tenido más probabilidades de parar el balón. Azar no es ni entrenador ni portero; de hecho, ni siquiera juega al fútbol. Da conferencias en la Escuela de Administración de Empresas de la Universidad Ben-Gurion del Neguev en Israel.

A Azar, no obstante, le interesa la toma de decisiones, y la respuesta que tienen que dar los porteros en décimas de segundo a los tiros de penalti les resulta tanto a él como a varios de sus compañeros un caso de estudio perfecto de la vida diaria sobre las razones por las que la gente toma a veces decisiones irracionales.

Los economistas clásicos suelen criticar los experimentos sobre cómo influyen las emociones en las decisiones financieras porque no conllevan recompensas monetarias cuantiosas. Estudiar a los jugadores de fútbol profesional parece resolver este problema. “Los incentivos son enormes”, explican Azar y sus colaboradores en un artículo que apareció hace relativamente poco en The Journal of Economic Psychology.

Y lo que es más: “Los porteros tienen que parar penaltis habitualmente, así que no sólo están muy motivados a la hora de tomar decisiones, sino que, además, tienen mucha experiencia”. Los académicos israelíes no quieren irrumpir en la Premier. Lo que pretenden demostrar es que preferir la acción antes que la inacción puede desempeñar un papel importante en toda clase de decisiones económicas. Cuando la economía va mal, los Gobiernos son más propensos a “verse tentados a ‘hacer algo’”, defienden estos economistas, incluso aunque los riesgos superen los posibles beneficios.

“Si las cosas se ponen feas, al menos podrán decir que han intentado hacer algo, mientras que si deciden no cambiar nada y la situación sigue estando mal (o empeora), les podría resultar difícil evitar las críticas de que, a pesar de las señales de alarma, ‘no hicieron nada”. Esta forma de pensar puede afectar la decisión de los directores de continuar con la estrategia actual de la empresa o cambiar su curso y, por lo que parece, también la de los porteros de quedarse quietos o tirarse.

Para su estudio, Azar, junto con Michael Bar-Eli, psicólogo deportivo, Ilana Ritov, psicólogo, y dos estudiantes de posgrado, observaron las mejores ligas del mundo y recogieron datos sobre 311 tiros de penalti. Según sus cálculos, si se queda en el centro, el portero tiene más probabilidades de parar el penalti, o sea, un 33,3%, en lugar de un 14,2%, al tirarse a la izquierda y un 12,6% a la derecha.

Sin embargo, cuando el grupo analizó cómo habían reaccionado en verdad los porteros ante esos tiros de penalti, descubrieron que sólo se quedaron en el centro un 6,3% de las veces. La razón, según Azar, está relacionada con cómo se sienten los jugadores después de no parar el balón. Sus especulaciones sobre el fútbol se basan en los trabajos de Amos Tversky y el ganador del Premio Nobel Daniel Kahneman, que exploraron las idiosincrasias de la toma de decisiones.

En un estudio que hizo historia, los dos psicólogos descubrieron que las personas tienen más remordimientos cuando han perdido 800 euros porque decidieron actuar (en este caso, cambiar una inversión) que cuando han perdido 800 euros porque dejaron sus inversiones como estaban.

Lo que querían demostrar Azar y sus colaboradores era que, en determinadas situaciones, esos resultados se podían invertir: cuando actuar es la respuesta estándar -como el hecho de que un portero se tire a un lado de la portería en un penalti-. No actuar podría hacer que una persona tuviera más remordimientos. La consecuencia es favorecer la acción de forma inconsciente.

Para comprobarlo, pidieron a 32 porteros de la Premier League y la Liga Nacional israelíes que clasificaran según una escala del 1 al 10 hasta qué punto se sentían mal después de no parar un penalti. Resulta que cerca de la mitad del grupo respondió que “10″, independientemente de la posición en la que estuvieran. En cuanto a los otros 15, 11 se sentían peor cuando se quedaban en el centro en lugar de tirarse a un lado. Los autores reconocen que no son datos categóricos, pero al menos sí que dan a entender que “los porteros se sienten peor cuando les marcan un gol por inacción (quedarse en el centro) que por acción (tirarse)”.

Azar y compañía sostienen que “inclinarse por la acción” puede influir no sólo a los porteros, sino también a los inversores cuando deciden vender sus valores (acción) o dejar su cartera como está (inacción) al bajar el precio de éstos, y a los trabajadores cuando deciden buscar un empleo mejor o quedarse en la misma empresa.

La importancia de los antecedentes. Marcel Zeelenberg, psicólogo social de la Universidad Tilburg de Holanda, ha descubierto que el inclinarse por la acción o la inacción suele depender de si un resultado anterior ha sido bueno o malo. Por ejemplo, después de que un equipo haya perdido estrepitosamente, es de esperar que el entrenador sustituya a los jugadores iniciales, mientras que si gana, lo que se considera normal es dejar la alineación tal y como está.

Paul Romer, economista de la Graduate School of Business de la Universidad de Stanford en California, opina que el estudio ilustra una cuestión importante de la toma de decisiones en la economía. “Cómo se siente la gente ante distintas actividades influye mucho en lo que deciden hacer”, explica Romer. “En muchas situaciones, sólo tenemos en cuenta las estrechas compensaciones monetarias y nos olvidamos de los efectos de las preferencias o los sentimientos”.

¿Qué piensan, entonces, los jugadores de fútbol?. Danny Cepero, portero de los New York Red Bulls, un equipo de la Major League, admite que puede entender el inconveniente emocional de no hacer nada. Si te quedas quieto porque piensas que el balón va a ir justo al medio y no lo paras, “quedas como un idiota”, afirma. “Sin duda alguna es mejor elegir un lado y tirarse”. (El País, 15/03/08)

Posted by HArendt in 13:18:53 | Permalink | No Comments »

Retrato de mujer


El retrato de mujer forma parte esencial de la historia del arte. Me resulta difícil elegir un favorito: quizá la  Eva de Durero; o La condesa de Vilches, de Madrazo, por citar sólo dos. Una amiga ilicitana me pasa una composición en video sobre el retrato de mujer en la historia de la pintura que me parece un maravilloso homenaje a la mujer y la condición femenina. Lo pueden ver en la página electrónica de la Art Gallery luxemburguesa..Disfrútenlo con la música de Bach como acompañamiento. Buen fin de semana, y a los que salgan de vacaciones, que sean felices y retornen con bien a sus hogares.
(HArendt)

http://data4.blog.de/media/610/1639610_9cc8012360_m.jpg
Eva (Durero, Museo del Prado, Madrid)

No se puede mostrar la imagen “http://www.elpais.com/recorte/20071026elpepspag_7/LCO340/Ies/Condesa_Vilches.jpg” porque contiene errores.
La condesa de Vilches (Madrazo, Museo del Prado, Madrid)

Posted by HArendt in 11:50:46 | Permalink | No Comments »

Economía

Una de las muchas ventajas de vivir en una sociedad democrática es que las situaciones de crisis económica, por graves que sean, se pueden solventar, o al menos paliar. Eso sí, hace falta colaboración, buena gestión y voluntad de salir adelante entre todos. Lo que la sociedad no puede permitir por mucho tiempo es que paguen los platos rotos los de siempre. Ahí está el papel del Estado y de los gobernantes: evitar que con la excusa de la “crisis” los ricos sean cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. Y eso pasa tanto cuando se hace política-ficción con los dineros de todos como cuando se supeditan los intereses de todos (la política) a los intereses de unos cuantos (la economía). A los políticos les elegimos para encauzar y resolver nuestros problemas, no para incrementarlos. ¿El Sr. Pizarro devolverá a los accionistas de ENDESA algo de lo que cobró por cesar en su cargo? Lo dudo. ¿Por qué es delito que un concejal se gasté 50.000 euros de dinero público en prostíbulos y no que un gerente se vaya a casa blindado por indemnizaciones que él mismo se pone de cientos de millones de euros? Sean felices. (HArendt)

No se puede mostrar la imagen “http://www.elpais.com/recorte/20080315elpepivin_4/XLCO/Ges/20080315elpepivin_4.jpg” porque contiene errores.

El Roto (El País, 15/03/08)

Posted by HArendt in 07:54:05 | Permalink | No Comments »