Saturday, June 30, 2007

Serrat y Sabina: dos pájaros de un tiro

Ángel González, poeta de cabecera de Joaquín Sabina, tiene un poema en el que cuenta qué tuvo que pasar para que él llegara a ser Ángel González, para que su nombre pesara sobre la tierra. ¿Y qué pasó para que un día estos dos ex enfermos curaran del todo sus heridas, juntándose a cantar cada uno lo del otro? En primer lugar, la intuición, lo que Mario Benedetti, y éste es un poeta de los dos, llamó casualidad cuando se encontró con Serrat y con Daniel Viglietti, que descubrieron en sus versos lo que ya había en su música. La casualidad. “Tenemos que hacer algo con esta casualidad”, le dijo Benedetti a ambos.

La intuición de Serrat y Sabina, desde que nació la idea de esta gira a dos, contó con más prejuicios que escollos. Se pensaba que Sabina tiraría la toalla antes de empezar, y se creyó que la extrema meticulosidad del Noi del poble sec, no iba a admitir al fin que con él se hiciera un dúo. Anoche hicieron añicos los prejuicios y convirtieron la casualidad y la coincidencia -de los versos, de la música, de sí mismos- en una alegría. Se cruzaron burlas, se burlaron de ellos y de lo que hubo antes -”no lo harán, no se llevarán bien, Sabina perderá la voz, llegará tarde a los ensayos, se llevará a matar con Serrat”-, e incluso hicieron mofa de los agoreros, sirviéndose de ese espléndido gag que Iñaki Gabilondo condujo con la coña marinera que a veces tiene. ¿Y qué pasó, por qué parecen tan felices?

José Navarro, a quien llaman Berri, que ha sido productor de toda la vida de Serrat y que desde hace ocho años lleva también a Sabina, dice que el secreto que ha vencido los escollos y ha conducido al entusiasmo de anoche es la generosidad. De ambos. La alegría. El público lo apreció -el cronista de EL PAÍS, a nuestro lado, escribía bailando-, y el latido que se notaba en el escenario es que estos dos chicos nacieron para juntarse. Los juntó una vez, casi al unísono, la incertidumbre de la enfermedad, y anoche celebraron la salud como si ésta fuera un regalo que compartían con 12.000 personas de muchas edades, que se sabían todas sus canciones. Antes del concierto le preguntamos a Berri: “¿Y para ti qué ha supuesto juntarlos?”. “¿A mí?”. “Es como la tesis de fin de carrera”. Serrat dijo que para ellos también.

Juan Cruz es escritor y periodista

 

 

 

 

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Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina

 

 

Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina fundieron su genio para convertir en una fiesta el debú de su gira conjunta en Zaragoza. Dos pájaros de un tiro recorrerá más de 60 ciudades españolas y latinoamericanas, algunas de las cuales ya han colgado el cartel de “entradas agotadas”.Muy probablemente la gira terminará con la grabación de un disco-documental de los mejores momentos. A las 22.15, con un cuarto de hora de retraso, Sabina y Serrat salieron al escenario después de un intento de alterar al público cuando el periodista Iñaki Gabilondo alertó desde dos pantallas gigantes de que quizá se suspendería la actuación por el delicado estado de salud de los cantantes.

Sin embargo, salieron exultantes y tras fundir en una canción Hoy puede ser un gran día y Ocupen su localidad, Serrat dedicó el concierto a los dos mecánicos fallecidos este viernes en el desmontaje del escenario de los Rolling Stones y envió todo su cariño y compañía a su familias.

Después de que Sabina abandonara el escenario, y de que Serrat interpretara un par de canciones en solitario, juntos en el escenario recuperaron el pulso del público, al que arrancaron los primeros coros con Y sin embargo, de Sabina, y Tú nombre me sabe a yerba y No hago otra cosa que pensar en ti, del Noi del poble sec.

Ya solo en el escenario, Sabina, con su inseparable bombín, dedicó una canción a su primo el nano, que acompañaba en varias pantallas fotos de un infante Serrat, quien bromeó con el estado de su compañero de viaje, porque está algo jodido y quizá hoy fuera la última oportunidad de verlo en concierto y pidió a quien tuviera la suerte de echar un casquete y que éste fructificara que le pusieran Joaquina, que le hace mucha ilusión. Sabina replicó a Serrat cantando una de sus canciones más conocidas, Señora, además de sus temas Princesa y Peces de ciudad.

La interpretación de El muerto vivo, de Peret, la única canción que incluyeron ajena a su repertorio, fue toda una declaración de intenciones para demostrar, con total compenetración, que no están muertos. Juntos, acompañados por tres guitarras y por Paqui Sánchez y Marcela Ferrari, en los coros, cantaron en el centro del escenario Aquellas pequeñas cosas y Ruido.

Tras levantar al público con sus canciones más conocidas, como Noche de boda y 19 días y 500 noches, de Sabina, y Mediterráneo y Penélope, de Serrat, trataron de concluir su actuación después de dos horas y media, pero no pudieron siquiera abandonar el escenario, donde interpretaron juntos Lucía, La del pirata cojo -ataviados con una casaca de flores amarillas- y Que se llama soledad.

Para un segundo bis, por la insistencia del público, dejaron Para la libertad y, tras confesar que habían agotado el repertorio, tuvieron que repetir Contigo para despedirse del público zaragozano, al que volverán a ver mañana en su segundo concierto de la gira.

Sabina y Serrat escogieron la capital aragonesa para abrir su gira internacional Dos pájaros de un tiro ante unas 9.500 personas, que abarrotaron el Pabellón Príncipe Felipe.

La gira, que continuará mañana en Zaragoza, ciudad a la que podrían regresar para actuar el 9 de octubre, durante las Fiestas del Pilar, los llevará con más de sesenta conciertos por más de treinta ciudades españolas y unas veinte latinoamericanas hasta el 20 de diciembre, donde terminarán en Montevideo (Uruguay).

(El País, 30/06/07).

 

En la siguiente dirección electrónica se puede ver un avance de este primer concierto tal y como lo ha ofrecido TVE1 en su noticiario de hoy:

http://video.google.es/videoplay?docid=341261140767974395&q=Serrat+y+Sabina+en+concierto&total=79&start=0&num=10&so=0&type=search&plindex=2

Sábado, fin de mes. Comienzo de las vacaciones de verano para mucha gente. Me resisto a poner y comentar otro tipo de acontecimientos. Disfrutemos de esta genial pareja, inmune al paso del tiempo y los avatares de la vida. Y que duren por muchos años alegrándonos el corazón y el alma con sus canciones… (HArendt).

 

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Friday, June 29, 2007

Aceptabilidad de la derrota

Con frecuencia he defendido la idea de la aceptabilidad de la derrota como elemento esencial del funcionamiento democrático. La solía contraponer a la alternancia defendida por los más. Después he ido reflexionando en público sobre las actitudes de los que son incapaces de aceptar la derrota, afirmando lo fácil que resulta aceptar la victoria.

El paso del tiempo y la observación de los comportamientos me llevan a considerar más complejas las implicaciones de estas afirmaciones.

Sigo creyendo, con mi amigo A. Prezowsky, que la aceptabilidad de la derrota es más definitoria de la democracia que la alternancia. Ésta puede no producirse por la libre decisión de los ciudadanos, que, durante prolongados periodos de tiempo, pueden seguir prefiriendo una determinada opción política sobre la que constituiría la alternativa de poder, sin que esto reste un ápice de valor al funcionamiento de la democracia.

Sin embargo, si no se dan razonables condiciones de igualdad de oportunidades entre las opciones en juego, la derrota podría no ser aceptable de manera legítima y estaríamos poniendo en peligro la validez del sistema, porque se haría imposible el triunfo de la alternativa de poder y ésta tendría la tentación de romper ese sistema.

Insistiré en la razonable igualdad de oportunidades, para que los que ofrecen alternativas irreales o alejadas de las percepciones mayoritarias, es decir, para los que representan opciones minoritarias socialmente, no trasladen la escasez de sus apoyos a la desigualdad de oportunidades. O para que se comprenda que no existe nunca igualdad plena de oportunidades ni deja de existir una cierta dosis de juego sucio, que pese a todo no invalidan el juego.

La importancia para el funcionamiento de la democracia radica en la expectativa que se genera en el perdedor de la contienda. Perdieron pero podían haber ganado, lo que conlleva la posibilidad de conseguirlo en la próxima o en la siguiente. Esta expectativa mantiene al grupo dentro del juego, evita la tentación de ruptura y termina fortaleciendo y validando al propio sistema democrático.

Los elementos que constituyen la aceptabilidad de la derrota, o si lo prefieren la razonable igualdad de oportunidades de las fuerzas en presencia, son diversos, aunque algunos sean esenciales y otros más ligados a las circunstancias.

Una clara división de poderes, por ejemplo, es de los esenciales. Si el poder judicial actúa de manera sesgada en favor de una opción política, puede desequilibrar gravemente las oportunidades.

Lo mismo ocurre cuando los medios de comunicación no tienen un grado de pluralismo razonable y se concentran -exageradamente- en torno a una de las opciones en juego, o cuando se desequilibra dramáticamente la financiación de los partidos sin marco regulatorio que cree ciertos límites.

Entre las fuerzas en liza, las consideraciones sobre las derrotas se deslizan con frecuencia hacia la autojustificación. Es decir, se niegan a analizar sus propios fallos, sus carencias, para cargar sobre otros factores la derrota. Obviamente no me estoy refiriendo a esto, que no tiene nada que ver con la aceptabilidad de la derrota sino con la condición de malos perdedores. Y aquí empezaría la segunda reflexión.

Que la derrota sea aceptable no es lo mismo que los perdedores sean capaces de aceptar la derrota. He repetido en público, sin aclararlo, que lo difícil es aceptar la derrota, ya que la victoria siempre resulta aceptable, para añadir que a los auténticos demócratas se les conoce por su capacidad para aceptar la derrota.

Además de aclarar las diferencias entre aceptabilidad y aceptación, intento destacar que a los demócratas, como a los buenos deportistas, se les conoce también por el uso que hacen de la victoria. Por su reacción y por su comportamiento a partir del triunfo.

Lo peculiar de esta aproximación es que cuando alguien no sabe perder las posibilidades de que tampoco sepa ganar son altísimas. Así, los políticos que no saben aceptar su derrota, cuando les llega el triunfo, hacen un uso abusivo del poder que obtienen. Se dice que se les sube el poder a la cabeza y pierden el sentido de la realidad o la dimensión de su propia estatura. Es bastante adecuado para definir los comportamientos de este tipo de personajes.

Rara vez las cosas ocurren por primera vez, aunque sea así en la experiencia personal de casi todos los seres humanos. Por eso hay tantos gobiernos “adanistas”, que creen que todo lo que hacen, o lo que les pasa, es la primera vez que ocurre. Esto los lleva a pensar que están creando siempre ex novo, que están reinventando la res pública, hasta que se les viene encima el peso de la historia, con sus constantes sociales y su propio ritmo, con sus idas y venidas inevitables.

Me ha tocado vivir una época de grandes cambios. Seguramente los más rápidos y profundos de la historia contemporánea de nuestro país, pero también aquellos que cambiaron la realidad mundial en la frontera de 1989, con las consecuencias de la caída del Muro de Berlín y la revolución tecnológica que está tras la llamada globalización. Pero siempre me ha acompañado la convicción de que la condición humana tiene unas constantes que nos permiten ver a Cervantes o a Aristóteles como contemporáneos nuestros. Probablemente por eso fui siempre un reformista, no un revolucionario.

Mucho más en corto, como dicen al otro lado del Atlántico, las cosas que ocurren en nuestro país, o en los países hermanos de América, me dan la sensación de haberlas vivido ya.

Se trate de lo ocurrido con ETA, del comportamiento de los dirigentes del PP con este tema y con la derrota del 14 de marzo de 2004, o de las “refundaciones” nacionales en la otra orilla, siempre viene a mi mente la misma imagen: me parece haberlo visto ya. Una repetición de la película. Sin duda, noto también las variantes, casi siempre menores pero no siempre mejores o peores.

Me entristece pensar que los líderes crean que saben adónde van sin preocuparse de saber de dónde vienen.

Felipe González fue presidente del gobierno español (El País, 29/06/07).

 

 

http://www.fil.com.mx/alb_fot/fil06/dom01/F_Gonzalez_01_gr.jpg

Felipe González

 

 

http://es.wikipedia.org/wiki/Felipe_Gonz%C3%A1lez_M%C3%A1rquez 

 

 

 

Interesante la reflexión del ex presidente González sobre este esencial aspecto de la actitud política en democracia que es la aceptación de la derrota en las urnas. No suele prodigarse en exceso en nuestra clase política. Hay actitudes ejemplarizantes en ambos sentidos. La dimisión fulminante de Joaquín Almunia al frente del partido socialista la misma noche de la derrota electoral ante Aznar. Los sucesivos “el pueblo se equivoca”, de Julio Anguita, después de cada derrota electoral. La incalificable postura de Rajoy y su partido tras la derrota de marzo de 2004, acusando a los socialistas (hasta hoy) de estar al lado de ETA y tras los atentados en Madrid… Si a así se portan ante la derrota, asusta pensar lo que harán cuando venzan… No es extraña, por tanto, la admiración de Rajoy por los “gemelos” polacos, o de Aznar por su idolatrado George Bush, hijo. Son tal para cual… (HArendt). 

 

 

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El mundo sabe ya lo que da esto de sí

Hace unos años era el Reino Unido el que correteaba con un reloj por los pasillos de la Comunidad Europea, en Bruselas, lamentándose como el conejo amigo de Alicia: “Ay, señor, ay, señor, llegaré demasiado tarde”. Ahora es toda la Unión Europea la que llega tarde, demasiado tarde a su cita con el resto del mundo: la Europa política que pretendía hablar algún día con una única voz en el concierto internacional fue derrotada la semana pasada en la última cumbre de la UE.

Los euroescépticos pueden estar felices, pero no se comprende la satisfacción que exhiben los que confiaban en aquel otro proyecto. Cierto, la UE ya no está completamente paralizada. Se puede avanzar en temas importantes: comercio, servicios, capitales… Incluso podemos ponernos de acuerdo, juntos o por cooperaciones reforzadas, en temas de fronteras y policías. Está bien. Pero en Bruselas hemos aceptado una Europa mucho menos importante en términos políticos y, sobre todo, hemos perdido, quizás, la última oportunidad para dar aunque sólo fuera un pequeño paso en esa dirección. Esa puerta ha quedado cerrada y no parece que se pueda volver a entreabrir. Más bien, lo probable es que se vayan colocando nuevos sacos de cemento en las rendijas. No es que la Europa política que algunos divisaron en Maastricht haya quedado aplazada. Es que ha ganado una parte de Europa que, simplemente, no quiere que la Unión sea así. Ni ahora, ni nunca.

La credibilidad del proyecto de una Unión Europea capaz de actuar en el futuro como una potencia equiparable a las que ya dominan, o dominarán, el escenario mundial (Estados Unidos, Rusia, China, India) ha quedado desintegrada. El resto del mundo estaba mirando y ya sabe lo que da de sí todo esto: muy poco. Es difícil que alguien pueda dirigirse a nosotros confiando en que se le ofrezca un modelo distinto para hacer frente a los desafíos mundiales. Simplemente no es verosímil.

La Unión Europea ha dejado escrito en Bruselas que nunca hablará con una voz propia en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, ni en ninguno de los organismos internacionales en los que todos juntos podríamos tener algo serio que decir. Como ya no hay nadie que no se carcajee de la fuerza, por separado, de Reino Unido, Francia o Alemania, está claro que Europa renuncia a ser otra cosa que un fiel financiador de decisiones ajenas.

Lo más honesto sería advertir ya a todos los ciudadanos de que esto es lo que hay. Dejen de marearnos con ideas sobre una Europa potente y decisiva, capaz de defender valores comunes y de ayudar a equilibrar un mundo peligroso e injusto. Dejen de utilizar ese banderín de enganche para después llevar a todo el mundo, precisamente, por otro camino. Somos, simplemente, un fantástico mecanismo mercantil, que nos da prosperidad, relaciones pacíficas y estabilidad económica. No es poco, desde luego. Es incluso verdaderamente estupendo. Pero no es de lo que se hablaba hace diez años.

La verdad es que se hicieron tantas cosas mal en relación con la fenecida Constitución europea, se hizo todo tan tarde, con la ampliación a 25 ya en la mesa, y se cometieron tantos errores, que hasta puede que tengan razón quienes piensan que lo ocurrido en Bruselas no es lo peor que podría haber pasado. La mayor catástrofe, dicen, era continuar paralizados. El acuerdo que han cocinado Merkel y Sarkozy, con el apoyo de Rodríguez Zapatero, permite engrasar un poco los obstruidos mecanismos de funcionamiento, tomar decisiones por mayoría en muchos más asuntos digamos técnicos y volver a poner en marcha un motor que parecía ahogado. Los españoles, en concreto, hemos salido de Bruselas en bastante buena posición, con todas las ventajas que exigía Polonia y con ninguno de los costes que han tenido que pagar los gemelos diabólicos, por mucho que ahora no sean conscientes de ello.

Pero los europeos, los españoles también, hemos salido sin que un ciudadano polaco pueda reclamar ante un tribunal de la UE los derechos que antes le reconocía directamente la Carta constitucional. Europa acepta que Europa eche a funcionarios y profesores homosexuales. Rousseau decía que resistía mejor los dolores agudos que la tristeza prolongada. solg@elpais.es

Soledad Gallego-Díaz es periodista (El País, 29/06/07).

 

http://www.rtve.es/files/74-23998-FOTO_NOTA_PRENSA_399/20061026_TVE_Enfoque_Gallego_01_w.jpg

Soledad Gallego-Díaz

 

 

http://www.e-leusis.net/comunicacion/Mujeres_periodistas_ver.asp?id_monografico=34

 

 

Muy crítica, con una dureza inusitada en ella, la opinión de Soledad Gallego-Díaz sobre el Consejo Europeo celebrado en Bruselas la pasada semana. Y como reconocen muchos, podía haber sido peor.

Desde luego la velocidad a la que se mueve la Unión puede parecer, y de hecho ser, exasperante… Pero se mueve: eso es innegable, y hacia adelante. Basta con recordar como estaba Europa hacia veinte o veinticinco años. ¿Qué sólo es inercia? No lo creo: la inercia también puede movernos hacia atrás…. Triste, muy triste, los recortes de libertades que se vislumbran en Polonia y en otros lugares, que con una Constitución europea podrían haberse solventado. También es cierto, y en eso no hay opinión contraria, que el derecho europeo sigue teniendo (ya la tenía antes de elaborarse el tratado constitucional) primacía sobre el derecho nacional, así que, a exigirlo cuando corresponda. Y a esperar que los electorados polacos y checos reaccionen y envíen a sus reaccionarios gobernantes camino de la jubilación política. Tampoco parece muy lógico que no sean ellos los primeros en intentarlo, aunque cuenten con nuestra solidaridad expresa…

En la página electrónica oficial del Consejo Europeo pueden leerse en español las conclusiones presentadas al finalizar el mismo por la presidenta de turno de la Unión, la Sra. Angela Merkel. Aun redactadas en lenguaje diplomático, son muy interesantes. (HArendt).

 

http://europa.eu/european_council/index_es.htm

 

 

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Una metáfora canaria

En medio de los dimes y diretes políticos a que ha dado lugar la última contienda electoral, a Canarias ayer le amaneció una noticia especialmente feliz. Para todas las islas. Porque el Teide, el pico más alto de los existentes en España, un volcán que se sitúa, majestuoso, como una atalaya del archipiélago, ha sido declarado Patrimonio Natural de la Humanidad por la Unesco.

Es el final de una lucha que ha llevado el Gobierno canario con la complicidad del Ejecutivo central, y que corona de alguna forma la labor del presidente que se despide, Adán Martín, que dice adiós a la política. Grandes escritores, como André Breton, o naturalistas, como Alexander Humboldt, señalaron al Teide siempre como una metáfora de lo que la naturaleza es capaz de hacer sobre sí misma; en el caso de Breton, que fue a la isla de Tenerife en el apogeo del surrealismo, en 1935, era un puñetazo en el aire, y para Humbdolt era la visión -la del valle de La Orotava, desde donde lo vio- que colmaba las aspiraciones de belleza que podían ansiar los hombres. Con esos mimbres históricos, y con una inquietud por el futuro -¿qué pasará, en un mundo que cada vez desprecia más cuanto puede tocar, con un paisaje así?- los canarios se lanzaron, en comandita, a buscar amparo internacional para semejante riqueza. En una tierra tan falta de unanimidades, y tan perjudicada por el nefasto pleito insular, que va y viene como una mala pesadilla, los insulares han hallado en el Teide un punto incontrovertible de lucha común, y en este momento de general alegría. Que el Teide se sustente ahora sobre la declaración universal que preserva para siempre su extraordinario patrimonio no sólo es una buena noticia, sino una excelente metáfora.

(El País, 29/06/07).

 

 

 

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El Teide (Tenerife, Islas Canarias) en una de sus más bellas, impresionantes y tópicas vistas

 

 

 

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El Caballero Rushdie

Como ciudadana de una república, la idea de recibir honores reales me resulta un poco anticuada. Más aún, es evidente que la idea de que un escritor postcolonial como Salman Rushdie acepte una condecoración del “imperio” suscita dudas sobre la sinceridad de sus escritos antiimperialistas. Por tanto, no puedo decir que me alegrara demasiado saber que Salman Rushdie figuraba en la lista anual de títulos concedidos por la reina Isabel II.

Pero entonces llegó la noticia inevitable de que “el mundo musulmán” estaba indignado por la distinción. Un miembro del Parlamento paquistaní afirmó que la concesión del título “justificaba” los atentados suicidas. Fue como encontrarnos de nuevo ante el reality show de fanáticos que domina nuestra época
Aparte de estar harta (¡otra vez!) de ese increíble puñado de fanáticos analfabetos dedicados a la violencia, me pregunto si esta última polémica significa que sir Rushdie va a pasar todavía más tiempo en conciertos de rock y desfiles de moda. O quizá las protestas tengan un efecto positivo, después de todo. Quizá las amenazas de bomba reduzcan su trepidante vida social y le obliguen a volver a escribir. ¿Será posible que, con todo esto, Rush-die vuelva a escribir otra gran novela, en vez de los materiales reciclados que ha producido últimamente?

Sin embargo, lo más importante para mí ha sido que los acontecimientos recientes me han recordado mi descubrimiento de la obra de Rushdie cuando tenía 16 años y me propuse la tarea de leer todas sus novelas, empezando por Hijos de la medianoche (en la época en la que obtuvo el premio Booker, yo era demasiado joven para leer literatura “de adultos”).

Durante aquellos cálidos días de verano en Varanasi, empecé devorando Hijos de la medianoche, luego Grimus y, por último, Vergüenza. Con los libros sujetos con las puntas de los dedos, para no llenar las páginas de sudor, leía tendida en frescos suelos de piedra roja, apoyada solamente en un almohadón bajo los codos. Por supuesto, había que dar la vuelta a la almohada para buscar el lado fresco cada 10 minutos. Después de toda una tarde leyendo, me dolía todo, el estómago, las rodillas, la espalda. Pero el suelo era la única parte fresca de la casa, en medio de un calor que hacía insoportables la ropa, la madera y todo lo demás.

No obstante, las incomodidades no importaban. Las novelas abrieron un mundo nuevo a una adolescente que había intuido algunas verdades literarias y lingüísticas relacionadas con el hecho de escribir en inglés, pero no había contado con el apoyo de profesores, medios de comunicación ni otros escritores. Rushdie demostró que era posible vapulear y transformar el inglés para que sonara como la lengua que hablábamos en el patio del colegio y en el mercado. Nos enseñó que no hacía falta tratarlo con la deferencia y el respeto en los que insistían nuestros profesores. Nos hizo ver que podíamos ignorar a los “grandes maestros (europeos)” de la novela y contar una historia como quisiéramos. Eran unas afirmaciones espléndidas y muy necesarias para toda una generación nacida 30 años después que los hijos de la medianoche.

Al acabar aquel verano, nos fuimos a vivir a Nueva York, una ciudad que hace mucho que se me quedó pequeña, pero que es hoy el hogar escogido por Rushdie. Mi raído ejemplar de Hijos de la medianoche fue conmigo y me sirvió para rememorar el hogar en el que mi abuela tenía los labios manchados de betel, los noviazgos se desarrollaban con arreglo a códigos misteriosos y la niñez estaba rodeada de temores no expresados al “estado de emergencia”. Y, sobre todo, la novela se convirtió en un recordatorio de que, incluso en el país de Bellow, Faulkner y Hemingway, yo podía escribir -y escribiría- como una india.

Cuando Rushdie publicó Los versos satánicos, yo estaba en la universidad. Recuerdo haber leído el libro tendida en un lugar mucho más cómodo, el césped del campus, bajo el sol de otoño que llena toda Nueva Inglaterra de rojo y oro. Recuerdo haberme reído con muchas cosas del libro, especialmente con las travesuras de Gibreel Farishta y las sigilosas referencias a los cotilleos de Bollywood. Mientras que en la universidad norteamericana era una especie de intrusa, la novela me permitía sentirme experta en un mundo que estaba cerrado a mis colegas no indios.

Cuando se proclamó la fatua y Rushdie se vio obligado a esconderse, no me sorprendió demasiado, aunque las razones alegadas me parecieron insostenibles. Había estudiado el islam brevemente en el colegio, durante la estancia de mi familia en Pakistán y traté, en vano, de encontrar los fragmentos “blasfemos” o, por lo menos, otros que no fueran los que figuran de una u otra forma en textos anteriores de autores musulmanes.

La tercera vez que leí la novela, me di cuenta -con la excitación que sólo una persona joven es capaz de sentir- de que lo que le ofendía al ayatolá no era la “blasfemia”. El crimen de Rushdie era algo mucho más sencillo y personal, y yo lo había visto ya en la primera lectura. Ya entonces, había admirado su valor al escribir el trozo en el que Gibreel vuelve la vista atrás y ve al líder islámico radical (claramente, el estimado ayatolá) devorando a miles de sus seguidores.

¿No era una suerte que ninguno de los fanáticos religiosos se hubiera molestado en leer la novela? ¡Cuánto mejor para el ayatolá proclamar que la novela insultaba al Profeta que decir que se sentía ofendido porque se le representaba como un oportunista asesino, excéntrico e irracional! Aquel descubrimiento me condujo a otro bien triste: el sentido del humor es la primera víctima del autoritarismo.

Sin embargo, también me enseñó otra lección importante para un escritor. Si las novelas anteriores de Rushdie habían dejado claro que podía sentirme totalmente libre para cambiar la forma, el lenguaje y el contenido -aunque fuera una india que escribía en inglés-, Los versos satánicos me enseñó a apreciar el valor como parte del repertorio de herramientas de un autor.

En los últimos años, la pluma de Rushdie parece haber perdido el filo, en la medida en que han adquirido prioridad sus apariciones sociales. Pero su hazaña inicial sigue siendo más importante y duradera que cualquier fatua y cualquier controversia: Salman Rushdie abrió de par en par las sagradas puertas de la literatura en inglés para toda una generación de escritores de las antiguas colonias. Y lo hizo en medio de alegres carcajadas y con una prosa luminosa que nos emocionó y nos encantó.

Aunque nunca volviera a escribir una sola palabra más, su obra es digna de respeto. Sólo por eso, merece el título de Caballero. Además, es la respuesta más apropiada a los fanáticos que exigen su cabeza.

Sunny Singh es india y escritora (El País, 29/06/07).

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Sunny Singh

 

 

http://www.sunnysingh.net/

Otro bello texto, menos crítico, más lírico, más intimista (¡también de mujer; curioso!..)que el comentado hace pocos días por mi en esta Bitácora sobre el escritor británico de origen indio Salman Rusdhie. Comparto con él la mayor parte de las apreciaciones que hace sobre la obra y la vida de Rushdie, quizá porque me veo reflejado en los sentimientos que, como comenta su autora, le afloraron con la lectura de sus obras y la vicisitudes de su vida… El final del artículo hace buena, por esta vez, la aseveración maquiavélica de que “el fin justifica los medios”… Esta vez. sí. ¡Felicidades, Sir Rushdie! (HArendt).

 

 

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Thursday, June 28, 2007

Un escritor de raza

Amos Oz es un escritor de raza; esto quiere decir que es un escritor que antepone la escritura a cualquier otra consideración. La historia de su vida, que se cuenta en un libro admirable, Una historia de amor y oscuridad, revela a un tipo realmente corajudo, dispuesto a enfrentarse a cualquier dificultad con tal de sacar afuera lo que bulle dentro de él, es decir, la visión del mundo de alguien que ha tenido que enfrentarse no sólo a la construcción de su propia vida sino también a la construcción de su propio país, Israel. Lo que cuenta en ese libro es una aventura de nuestro tiempo, pero no es una aventura cualquiera.

Amos Oz nació en 1939 en Jerusalén en el seno de una familia judía procedente de emigrados rusos y polacos. Ha dedicado su vida a la enseñanza y a la literatura y obtenido premios muy prestigiosos. Es novelista y también ensayista e incluso poeta. Acaba de recibir el Premio Príncipe de Asturias de las Letras por -según dice el jurado del premio- “contribuir a hacer de la lengua hebrea un brillante instrumento para el arte literario y para la revelación certera de las realidades más acuciantes y universales de nuestro tiempo”. Valiente vulgaridad, esto es lo que se llama una definición de plantilla. Si Amos Oz fuera solamente eso, sería un simple representante de la urgencia cultural imperante. Afortunadamente, él es lo que afirmaba al principio: un escritor de raza.

En su admirable libro autobiográfico, el niño y el adolescente son la guía del relato. La familia del niño se bifurca, se ramifica, se aleja y se reanuda, formada por emigrantes a los que el acoso ha ido empujando bien a Palestina, bien a América, bien al Holocausto… Él recala en Israel. La familia está llena de hombres y mujeres europeístas a los que la Europa fascista y nacionalista del Este y del Oeste expulsa de un modo u otro. En la familia de Oz, los hombres son cultos y activos y las mujeres compañeras y madres. Son los judíos que el autor llama de la Diáspora frente a los nacidos en Israel, los kibbutzin, a los que él contempla de niño como esa nueva generación allí nacida, que se caracteriza por su actividad simultánea de guerreros y agricultores, gente ascética, tostada por el sol levantino, de costumbres más abiertas aunque más toscos en cuanto a maneras y cultura. En realidad, el encontronazo entre estas dos formas de concebir el mundo judío es la clave no sólo del libro en cuestión sino de la propia vivencia de Oz y de la situación territorial e histórica del país.

Amos Oz se enfrentó a su padre, lo dejó para irse al kibbutz donde vivió entre 1961 y 1985 y, al iniciar al primer año del siglo XXI, se sentó a poner en orden su sentido de la vida dentro de la Historia, en uno de cuyos centros más conflictivos se encontraba. Sin embargo, cuando él tenía doce años y medio tuvo que hacer frente al suicidio de su madre. En la adolescencia, un suceso semejante lo precipita todo dentro de un mismo saco: la sensación de abandono y la ira terrible por el daño sufrido se reparte a partes iguales. Desde ese momento empieza a construirse el escritor Amos Oz. Pero no todo es dolor e incomprensión a la hora de alimentar una dedicación como la suya; también la sencillez se hace fuerte; hay una escena en su preciosa autobiografía que resulta emocional y expresivamente impagable: es una llamada telefónica familiar que a un lector español de cierta edad le remontaría a aquellos tiempos en que conseguir una conferencia telefónica era una hazaña y un ejercicio de paciencia infinita; pero el relato que hace Oz de esa comunicación es el relato de esos característicos actos nimios convertidos en un ritual de seriedad cuyo propio desarrollo es el modo “en el que se iba construyendo la emoción”. Ahí entra su literatura. La emoción de encontrarse, reconocerse, quererse y continuar, que él, narrador, hace tan relevante cono cualquiera de los grandes momentos vividos.

Las dos constantes en la vida y la escritura de Amos Oz son el amor y la oscuridad. Éste es un contraste tan bello, tan expresivo, que sus novelas, sus libros en general, se nutren de él exhaustivamente. Amos Oz es esa clase de escritor para el cual la literatura es un camino cuyas dos veredas son el amor y la muerte.

José María Guelbenzu es escritor (El País, 28/06/07).

http://www.debriefing.org/images/amosoz.jpg

Amos Oz, Premio Príncipe de Asturias de las Letras 

 

 

http://es.wikipedia.org/wiki/Amos_Oz

 

 

Reconforta sobremanera a los que nos declaramos sin ambages como amigos de Israel, la  existencia de personas que como Amos Oz, defienden, también sin ambages, la necesidad de una paz justa y duradera entre palestinos e israelíes. Y lo hacen, además, no  solo con la palabra, también con los hechos. (HArendt). 

 

 

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La amnesia y el despiste del cardenal Cañizares

Los españoles nacidos entre los años cuarenta y sesenta hemos hecho nuestras carreras con una asignatura que se llamaba Formación del Espíritu Nacional, cuyo objetivo era insuflar en nosotros ideas autoritarias, y una teoría del Estado basada en la confesionalidad católica y la confusión entre la vida temporal y la espiritual. Y, al menos que yo recuerde, ningún obispo denunció entonces que el Estado invadía los ámbitos de la conciencia personal y adoctrinaba a sus súbditos en el miedo y el odio a la libertad.

Ahora, sin embargo, cuando se habla de democracia y responsabilidad, aparece el cardenal Cañizares y dice que el Estado se propasa, y que hay que hacer objeción de conciencia contra la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Y digo yo que esa objeción debe estar referida a la conciencia del cardenal primado, es decir alienada en él, porque mi conciencia -que tiene la misma calidad e imperativo moral que la de Cañizares, y comparte con él fe e Iglesia-, en modo alguno me pide que invoque el nombre de Dios en vano y gaste mi tiempo en batallitas de tercer nivel.

En el país del nacionalcatolicismo y de la Cope, donde la asignatura de Educación para la Ciudadanía reúne más condenas que la guerra, el hambre, la desigualdad, las dictaduras y los genocidios de Argentina y Chile juntos, resulta cada vez más difícil explicar a qué se dedica la Iglesia, y qué hacemos algunos -cada vez menos- confesando nuestra pertenencia a ella y nuestra decisión de defenderla por sus virtudes fundacionales y no por la realidad que traslucen sus torpes jerarquías.

También se le olvida a los obispos lo relativas que son las cosas de los hombres. Porque, a poco que evaluasen los magros frutos que ellos obtuvieron de su largo dominio sobre la educación y las conciencias, seguramente le darían la misma importancia que yo le otorgo a esa moralina laica inspirada por un «grupillo de intelectuales» -Cañizares díxit- personalizados en Peces Barba y Dionisio Llamazares. No puedo creer que al arzobispo de Toledo jamás se le haya ocurrido pensar en lo poco que le han servido a España y a su Iglesia nacional los mencionados controles, o en cuál será la causa de que aquellos mismos españoles que llenábamos antaño los colegios de curas y monjas seamos ahora los protagonistas de esta sociedad hedonista, laica y pecadenta que tanto disgusta a los obispos.

Así que, si usted es católico, no se deje intimidar por ningún inquisidor. Y, en vez de pelear contra la asignatura de Peces Barba, objete contra la guerra, el hambre, los pinochetes y videlas, y las desigualdades. Porque de poner la asignatura en su sitio ya se encargarán, como siempre, los alumnos y el tiempo.

Xosé Luis Barreiro es periodista (La Voz de Galicia, 28/06/07).

 

 

El cardenal arzobispo de Toledo, Monseñor Cañizares 

 

 

http://www.architoledo.org/

 

 

¿Amnesia, Sr. Barreiro?… Dejémoslo en desvergüenza, cinismo, impudicia, falsedad, mentira, hipocresía y algunos otros calificativos más, a secas… (HArendt).

 

 

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El Teide, Patrimonio Natural de la Humanidad

La Unesco elige al parque nacional del Teide Patrimonio
Natural de la Humanidad.

La organización destaca la riqueza y diversidad de los
paisajes volcánicos del paraje tinerfeño.

El parque nacional del Teide (Tenerife) ha sido elegido
Patrimonio Natural de la Humanidad por la Organización de la ONU para
la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) reunida en Christchurch
(Nueva Zelanda), según ha informado el Ministerio de Cultura. Junto al
Teide, la Unesco ha declarado Patrimonio Natural de la Humanidad la
región de Karst en el sur de China y el volcán y los tubos de lava de
Jeju, en Corea del Sur. Los responsables de la 31ª sesión de la
Convención de Patrimonio Mundial lo han comunicado oficialmente a las
once y media de la noche del miércoles (hora peninsular) y la decisión
se ha trasladado a la delegación española que había viajado a la
localidad de Christchurch. La Unesco ha reconocido al parque nacional
del Teide y a su estratovolcán de 3.781 metros de altura como “uno de
los lugares más ricos y diversos en sucesión de paisajes volcánicos y
espectacularidad de valores naturales de todo el mundo”.
El Ministerio de Medio Ambiente ha celebrado la decisión de la
Unesco y la ha considerado “un espaldarazo a la política
conservacionista” del Gobierno, que avala “la calidad incontestable”
del espacio y respalda la colaboración mantenida entre el Ministerio y
las administraciones canarias. “La Unesco ha valorado adicionalmente
la calidad de la gestión del espacio”, ha señalado la delegación
española, que ha recordado que la organización insta a “continuar
utilizando el Teide como lugar excepcional para realizar la evaluación
y seguimiento del cambio global”.

La Unesco comenzó ayer a examinar las solicitudes de
inscripción para la Lista del Patrimonio Mundial. El examen de cada
una de las propuestas, que se hace siguiendo el orden alfabético de
los continentes, corresponde a los miembros del Comité del Patrimonio
Mundial, reunido desde el pasado 23 de junio en Christchurch.

Un total de 39 países optan a entrar en el listado, algunos
con propuestas tan conocidas como las del Monte Fuji (Japón), la Casa
de la Opera de Sydney (Australia), el Fuerte Rojo, en la ciudad india
de Delhi, o las torres de vigilancia Diaolou, en la provincia china de
Kaiping.

En España, los parques nacionales de Doñana (Andalucía) y de
Garajonay (La Gomera) eran hasta ahora los únicos espacios
galardonados con la distinción de Sitios del Patrimonio Mundial en la
Categoría de Bien Natural.

(EFE-El País, 28/06/07).

 
 
 
 
HArendt y su mujer en el Parque Nacional de las Cañadas del Teide (Tenerife, julio 2006).
 
 
 
 
 
http://reddeparquesnacionales.mma.es/parques/teide/index.htm
 
 
 
 
Magnífica noticia que nos llena de orgullo y satisfacción a todos los
canarios y, estoy seguro, a todos los españoles.
(HArendt).
 
 
 
 
 
 
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Wednesday, June 27, 2007

De libros y lecturas

De la Revista de Libros de este mes de junio me gustaría destacar el artículo de Kenneth Anderson, catedrático en la American University, de Wáshington, comentando el último libro de Francis Fukuyama, autor del más que famoso, mal interpretado y peor leído El fin de la historia y el último hombre, titulado After the neocons. America and the crossroad, editado por Profile, Londres, y que espero ver pronto traducido al español.

Sobre actualidad política nacional me parece muy interesante el comentario de Roberto L. Blanco, profesor de la Universidad de Santiago de Compostela, sobre el libro El Estado fragmentado. Modelo austro-húngaro y brote de naciones en España, escrito por Francisco Sosa Wagner e Igor Sosa Mayor, y editado por Trotta, Madrid, aunque comentario y libro  me parezcan bastante alarmistas.Yo no veo la desintegración de España por ningún lado: ellos, sí.

Magnífico el artículo central de este número, de Alberto Schöne, catedrático de la Universidad de Gotinga (Alemania) sobre la pervivencia, hoy, del Fausto de Goethe, en la literatura universal, que el articulista considera una de sus obras cumbres. Me he decidido a leerlo de inmediato.

Muy interesantes también los comentarios del escritor Juan Pedro Aparicio sobre la película La vida de los otros, del realizador alemán Florian Henckel-Donnersmarck, que espero ver en los próximos días, gracias a la “buena mano”de mi hija Ruth al respecto, y del también escritor y editor Manuel Rodríguez Rivero sobre la exposición Surreal Things, expuesta en el Victoria & Albert Museum, de Londres, y que podrá verse en el Guggenheim de Bilbao a partir de marzo del año próximo. De uno de los cuadros citados en el artículo: “Taza, plato y cuchara forrados de piel”, realizado en 1936 por la alemana Meret Oppenheim, con su “fortísima referencia simbólica al “cunnilingus” como práctica sexual ensalzada por los surrealistas” (en opinión del articulista), es la fotografía que incluyo como anexo.

Por último, me han encantado los comentarios respectivos de Javier Aparicio, profesor de la Universidad Pompeu Fabra, de Barcelona, a la novela La hembra de nuestra especie, de Joyce Carol Oates (Edaf, Madrid); de Pedro Sorela a Una mujer en Berlín, de autora Anónima (Anagrama, Barcelona); de José Antonio Sánchez Villasevil, escritor, a ¡Bingo!, de Esther Tusquets (Anagrama, Barcelona), de Fernando Castanedo, crítico literario, a Golpes de Mar, de Antón Castro (Destino, Barcelona), y al más que demoledor, por llamarlo de alguna manera, comentario del escritor y crítico Ricardo Bada, a la recientísima reedición por parte de la Real Academia Española-Asociación de Academias de la Lengua Española-Alfaguara, Madrid, de la mítica Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez. A disfrutarlo, que son dos días…

(HArendt).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Taza, cuchara y plato forrados de piel” (1936, Meret Oppenheim) 

 

 

 

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El buen izquierdista


Entre los pocos izquierdosos auténticos que quedan y algunos comentaristas críticos está extendida la idea de que Roma ya no está en Roma, quiero decir que la izquierda en el mundo en general, y en España en particular, ya no es lo que fue. Por diversas razones, mayormente por contagio del derechismo que, según ellos, predomina aquende y allende las fronteras, la izquierda ha perdido sus señas de identidad y, desnortada, cuando gobierna no sabe cómo cambiar a la sociedad, tarea ésta a la que estaba llamada y que constituía su razón de ser.
        
Que la izquierda ha cambiado casi por doquier, es algo de lo que no cabe duda. Lo ha hecho porque el mundo ha cambiado mucho en los últimos cincuenta años, en algunas cosas para mal, en otras para bien. Hay países que han ido ciertamente a peor, pero son los menos. Otros, verbigracia España, han mejorado claramente. Algunos, sin embargo, piensan y actúan como si viviéramos en 1950. Ser de izquierdas era entonces relativamente sencillo. Había que hacer la tercera y definitiva revolución, es decir, acabar con la sociedad de clases, con la injusta desigualdad que había traído la segunda revolución, la industrial, que creó mucha riqueza, sí, pero en beneficio de unos pocos, con lo que las ideas de libertad, igualdad y fraternidad de la primera revolución no se habían materializado.

Trastocar el orden social y económico no era, claro está, empeño mostrenco. Había, es cierto, una receta que se creía infalible: nacionalizar, para socializarlos, los medios de producción. Con ello se acabarían la acumulación de capital, la plusvalía, la explotación, la existencia misma de ricos y pobres. Pero, sobre ser ingente, la tarea resultaba muy complicada. ¿Cómo hacer esa socialización y, sobre todo, cómo lograr que tal cosa contribuyera al bien común de un modo más eficaz, justo y racional que en el sistema capitalista? Eran varios los modelos: dictadura del proletariado de los comunistas, gestión colectiva de los anarquistas, conquista por los trabajadores del poder político preconizada por los socialistas, tal como se decía en el carné de los afiliados al PSOE hasta hace bien poco.

Ninguno de ellos dio resultado. El que más se aplicó, hasta en la tercera parte del planeta, fue el comunista. Centenares de millones de personas creyeron en él. Su esfuerzo y, muchas veces, su generosidad y sacrificio de poco sirvieron. Al cabo de setenta años hubo que rendirse a la evidencia. El modelo sólo engendraba dictadura en el plano político e ineficacia en el económico. Lógicamente desapareció en lo principal y sólo subsiste en contados países. En uno de ellos, la Cuba de Castro, se mantienen dictadura e ineficacia. En cambio, en otro, la China del millardo y medio de habitantes, curiosamente la ineficacia económica del modelo inicial, tal vez por haberse introducido una paulatina privatización muy poco marxista, se ha convertido en una portentosa eficacia que dura años y años, quizá al haber aprendido un pueblo viejo de siglos de los yerros y aciertos de los demás. No obstante, por ser un modelo harto singular no se puede exportar y por ello, paradójicamente, hoy, entre la izquierda genuina, ya no hay maoístas o muy pocos, cuando antaño proliferaron. No los hay ni siquiera en la propia China, donde, a pesar de guardarse las apariencias, no se conserva casi ninguna de las ideas del Gran Timonel.

Los anarquistas, huelga decirlo, nunca consiguieron aplicar su modelo. Lo más cerca que estuvieron de hacerlo -por una vez los españoles innovamos- fue en alguna zona de nuestro país durante la Guerra Civil. Hoy sólo atrae a muy pocos por reputarse con razón que sus hermosos planteamientos son del todo inviables. En cuanto a los socialistas no comunistas, conquistaron efectivamente el poder político en varios países europeos en el siglo XX, aunque no fueran los trabajadores quienes lo hicieran y, desde luego, una vez en el poder no introdujeron cambios revolucionarios; el sistema capitalista se mantuvo así en lo esencial, con la propiedad privada de los medios de producción. Sin embargo, gracias a la eficacia de la economía de mercado y a unas políticas sociales de apoyo a los de abajo, hubo un incremento notable del bienestar general, lo suficientemente amplio para que los ricos se hiciesen más ricos y los pobres vivieran bastante mejor, tanto incluso como para que dejaran de ser pobres. Con todo y con ello, ni en Suecia ni en Ale-mania ni en España, cuando los socialistas llegaron al poder hubo cambio revolucionario alguno. Por ello, los partidarios del cambio no suelen apuntarse a la socialdemocracia. En realidad, el difícil problema que se les plantea es que hoy no pueden apuntarse a nada. ¿Cómo van a apoyar a gobiernos que, pese a su etiqueta de izquierdas, dejan el sistema capitalista intacto? Entonces, ¿qué es lo que debería hacerse para contentar al buen izquierdista?

a dificultad estriba en que la añeja receta de socializar los medios de producción, que constituía la pieza maestra de toda política de izquierdas, resultó inservible. A decir verdad, no hay una explicación cumplida de por qué esa fórmula, en lugar de curarlos, agrava los males de la sociedad. La afirmación de un preclaro profesor escocés de hace más de doscientos años de que no es la benevolencia del carnicero, el cervecero o el panadero lo que nos procura nuestra cena, sino el cuidado que ponen ellos en su propio beneficio, no ha sido desmentida. ¿Pero por qué la humanidad sólo ha de funcionar si se basa en el egoísmo? Ésta es la gran contradicción en que se desenvolvió la izquierda durante el siglo pasado: su teoría del cambio, atractiva como era, fracasaba al llevarse a la práctica.

Veamos el caso de España. En los últimos veinticinco años ha habido gobiernos socialistas durante diecisiete. En ese largo periodo, excuso decir que no se ha producido socialización alguna, sino más bien lo contrario. La producción de bienes ha seguido en manos privadas. Afortunadamente, dirán algunos. Quizá con razón, pero ya que la producción no se puede tocar para no estropearla, ¿no cabría haber mejorado más la distribución de la riqueza mediante los impuestos? Es verdad que ello tiene un límite. ¿Qué ocurrirá si se priva al empresario de sus ganancias? ¿No sucederá que nos quedaremos sin cena, por falta de interés del carnicero, el panadero y el cervecero?

Con todo, en ese terreno, sí que cabe hacer más de lo que se hace, especialmente en nuestro país. Resulta que la España de los diecisiete años de gobiernos de izquierda tiene menos fiscalidad y menos gasto social que la media europea. Cierto es que partíamos de cotas bajas, pero, así y todo, el reformismo en España no ha sido nada radical en el terreno económico. También es cierto, sin embargo, que en otros aspectos ha habido más cambios, sobre todo en los últimos tres años; alguno, como el relativo al matrimonio de homosexuales, hasta cabría tildarse de revolucionario.

Tal vez sea ése el cometido de la izquierda en el siglo XXI. Ya que como parece que habrá que esperar al siglo XXII o al XXIII para que los avances del saber permitan cambiar el funcionamiento de la economía, luchemos entre tanto por las muchas causas pendientes: ecologismo, ayuda al tercer mundo, políticas generosas de inmigración, laicismo, educación, emancipación definitiva de la mujer, derechos humanos, antiimperialismo, coexistencia pacífica de nacionalismos, etcétera. Además, claro está, de lograr un gasto social como el de Suecia.

El mundo actual es, desde luego, harto imperfecto, lo que hace que algunos o bien se vuelvan escépticos y piensen que todo queda siempre en buenas palabras o bien sueñen con la imposible revolución. Unos y otros olvidan, sin embargo, que la historia de la humanidad es la historia de la imperfección. Una imperfección que en lo pasado fue siempre mayor que la actual. Lo cual da alas para seguir creyendo en el progreso y en la labor de los progresistas en la política, el pensamiento, la educación, la cooperación, la familia, los medios de comunicación. Porque al final, desde una perspectiva histórica, ser revolucionario o ser reformista es cuestión de calendario. Porque la única meta que puede tener la racionalidad de nuestra especie, por incompleta que sea, es progresar. Por eso es por lo que se puede ser razonablemente optimista. Por eso es por lo que al agorero, que nos dice que vamos de mal en peor, aun cuando sea un buen izquierdista, no hay que hacerle caso.

Francisco Bustelo fue rector de la UCM (El País, 27/06/07).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Adam Smith 

 

http://symploke.trujaman.org/index.php?title=Ad%E1n_Smith

 

Interesante reflexión del profesor Bustelo sobre la izquierda y el progresismo social y político, sobre la opción revolucionaria y la reformista, sobre la racionalidad de la especie y sobre el,optimismo o el pesimismo, a largo plazo. A pesar de los señores obispos, que Dios guarde, hay motivo para la esperanza… (HArendt).

 

 

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