Thursday, May 17, 2007

Claridad moral

Las piezas van cayendo una detrás de otra, como en un lento
asedio. Ahora son el fiscal general, Alberto Gonzales, y el presidente
del Banco Mundial, Paul Wolfowitz, los que se hallan en el
disparadero. Cada uno ha hecho sus méritos, pero nadie puede dudar de
que George W. Bush se enfrenta a un cobrador del frac cargado con
todas las facturas de una guerra injustificable, mal concebida, peor
organizada y finalmente perdida, que es lo peor: sabemos que la
victoria lava todos los errores, pero que la derrota carga con los
pecados propios y ajenos. También Tony Blair ha pasado por taquilla y
José María Aznar, que ha transferido la factura a Mariano Rajoy sin
darle margen para eludir los pagos.

Pero ahora está a punto de caer el personaje más complejo e
interesante de todo este grupo humano que osó la aventura de modificar
el rumbo del planeta con los resultados que se han visto. Wolfowitz es
el mayor talento intelectual de todo el grupo, y de ahí que se le haya
reconocido como el arquitecto de la guerra de Irak. La historia de la
presidencia de Bush, aún no concluida, está ya hecha: la bibliografía
ya es una biblioteca, y en ella todas las referencias nos dicen lo
mismo. Wolfowitz ha sido la eminencia gris. Pensaba en derrocar a
Sadam Husein hace ya 20 años y por eso le dolió que Bush padre no
siguiera hasta Bagdad. Anduvo entonces elaborando documentos sobre la
hegemonía global norteamericana a través de la acción unilateral. A su
influencia atribuyen algunos politólogos la revolución en política
exterior de Bush hijo. Y con el 11-S fue de los primeros en clamar por
la inexistente relación entre Sadam Husein y los atentados de
Washington y Nueva York.

Esa pieza que ahora se tambalea es la mejor de todas ellas. Se
formó en las universidades de Chicago con Alfred Wohlstetter y en
Cornell con Allan Bloom, respectivamente. Wohlsetter fue uno de los
principales estrategas de la guerra nuclear e inspiró el personaje de
Doctor Strangelove de Stanley Kubrick (Teléfono rojo, volamos hacia
Moscú, en español). Bloom ejerció una gran influencia sobre el
pensamiento conservador, especialmente a través de su libro El cierre
de la mente americana. Saul Bellow lo convirtió en el protagonista de
su novela Ravelstein, en la que un antiguo discípulo llamado Phillip
Gorman le llama para contarle los últimos chismes de Washington: es
Wolfowitz, un personaje “con el talento para encantar a los poderosos
y llegar a ser su protegido sin convertirse en una amenaza”, según
George Packer (The Assasins Gate. America in Iraq).

Bush le llama Wolfi y tiene con él muy buenas relaciones.
Ambos creen en el mal. Los dos son apóstoles de la claridad moral y
ven a Estados Unidos como el abanderado del bien en un mundo
hobbesiano y maniqueo, autorizados por su superioridad moral a usar la
fuerza para imponer sus principios inmutables. Como Benedicto XVI
combaten el relativismo moral y el apaciguamiento. Con el mal no se
pacta.

Como gran parte de los responsables de la guerra de Irak,
empezando por Bush, Wolfi se las apañó para no hacer el servicio
militar en Vietnam. Luego ha tenido la deferencia de la discreción, lo
que no es el caso del vicepresidente Dick Cheney (“Tenía otras
prioridades en los años sesenta más importantes que el servicio
militar”) o del ex embajador en Naciones Unidas John Bolton (“Confieso
que no tenía ganas de morir en un campo de arroz del sudeste
asiático”) que sirvió en la Guardia Nacional, como George W. Bush,
para evitar la guerra. No es su única situación inconsecuente en la
vida, como demuestra el lío del Banco Mundial. Bajo su vara aplicó
estrictos criterios de transparencia y de control de la corrupción.
Aunque hacía la vista gorda cuando estos males se producían en un país
donde Estados Unidos tiene intereses estratégicos.

El escándalo va a generar nuevos costes para la Casa Blanca.
La resistencia numantina suele traducirse en un desgaste que crece de
forma exponencial. Estados Unidos puede perder, gracias a la
resistencia de Wolfi y al apoyo incondicional de Bush, el derecho a
nombrar el presidente del Banco Mundial, tal como dicen unos acuerdos
tácitos que vinculan a los países accionistas. Este presidente cercado
y debilitado ya tiene un nombre sobre la mesa que le permitiría
compensar a los socios europeos y darse satisfacción a sí mismo: ni
más ni menos que Tony Blair. Pero ni así saldrá del agujero negro en
que está metido con sus neocons: belicistas que no van a la guerra,
moralistas que aplican a sus vidas códigos morales especiales,
antimultilateralistas que utilizan las instituciones multilaterales
para sus propios fines. Seguirán cayendo piezas.

Lluís Bassets es periodista (El País, 17/05/07).

 

 

 

 

 

 

 

 

Paul Wolfowitz 

 

¡Qué cosas tiene la vida! Hagan ustedes el ejercicio mental de ubicar
la situación que relata  Lluís Bassets en estos lares y no me digan que
no ven similitudes… Que Rajoy no es Paul Wolfowitz, está cantado… Que
George Bush (hijo) no es Aznar, pues que quieren que les diga… Ni por
supuesto Alfred Wohlstetter y Allan Bloom son Federico Jiménez
Losantos y César Vidal, respectivamente. El único que es el mismo,
inalterable, es S.S. Benedicto XVI, pero la verdad es que en está
historia no tiene mucho papel… Y bueno ¿les suena la música?, porque
la letra está clarísima… (HArendt).

Posted by HArendt in 14:06:24 | Permalink | No Comments »

La magia de los números y de la aritmética

Un bello ejemplo de lo mágicos que pueden resultar los números y la aritmética cuando se sabe jugar con ellos. Disfrútenlo; merece la pena. (HArendt)

 

A_beleza_dos_numeros.pps

Posted by HArendt in 00:22:57 | Permalink | No Comments »