Sunday, December 31, 2006
Pido la Paz y la Palabra…
Ni una palabra
brotará en mis labios
que no sea
verdad.
Ni una sílaba,
que no sea
necesaria.
Viví
para ver
el árbol
de las palabras, di
testimonio
del hombre, hoja a hoja.
Quemé las naves
del viento.
Destruí
los sueños, planté
palabras
vivas.
Pido la paz y la palabra
Escribo
en defensa del reino
del hombre y su justicia. Pido
la paz
y la palabra. He dicho
«silencio»,
«sombra»,
«vacío»
etcétera.
Digo
«del hombre y su justicia»,
«océano pacífico»,
lo que me dejan.
Pido
la paz y la palabra.
Si he perdido la vida, el tiempo,
todo lo tiré como un anillo al agua.
Si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.
Si he sufrido la sed, el hambre,
todo lo que era mío y resultó ser nada.
Si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.
Si abrí los ojos para ver el rostro
puro y terrible de mi patria.
Si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.
Blas de Otero (Poeta)
“Ni la ETA, ni la AVT ni el PP van a quitarme la esperanza… Me niego en redondo a aceptarlo” (HArendt).
Saturday, December 30, 2006
Demos también buenas noticias
Hace ya años que un grupo significativo de analistas de la comunicación afirmamos que los periodistas no daban cuenta de la realidad, sino que la producían. La información como producto fue durante cinco años tema de trabajo del Comité Internacional de Comunicación y Cultura, y en el Instituto Oficial de Radio y Televisión dimos a la luz en aquellos años (1980-1984) una serie de publicaciones relativas a los telediarios y a la prensa de referencia dominante defendiendo que el dato no era un segmento de lo real al que accedíamos directamente, sino resultado de un proceso de creación que se realizaba de acuerdo con determinadas pautas y protocolos. El dato no se descubría, se fabricaba. Todo esto que las ciencias experimentales, sobre todo la física, nos habían enseñado años antes había que importarlo a nuestro ámbito para acabar con la mitología de la objetividad, que a pesar de su revindicación de la realidad en cuanto tal y de su pretensión de la validación del saber informativo, no pasaba de ser la coartada de nuestra impotencia cognoscitiva. Objetividad que sustituimos por la reflexividad en la que sujeto y objeto se autoinstituyen recíproca y simultáneamente y nos remiten a la simple integridad transmisora. La ideología de la noticia a que pertenecía esa criticada doctrina había reducido el horizonte de lo noticiable a lo negativo, a lo infame, a lo perverso, y sólo dejaba de hablarnos de catástrofes, de muertes, de infortunios para meternos en el aburridísimo cementerio de lo institucional: interminables consejos de ministros, discursos, siempre los mismos, de los políticos de turno, el tedio inútil de la vida pública que la información reitera día a día. Sin llegar nunca al fondo de las cosas.
La prensa internacional, sobre todo la francesa, ha prestado una sostenida atención al caso de Clearstream -una entidad financiera luxemburguesa con un impresionante volumen de operaciones con los paraísos fiscales- en cuya opción People llevamos ya más de dos años involucrados: qué personalidades francesas tenían cuentas en dicha entidad, desde cuándo, etcétera, pero sin aclarar nunca ni el origen ni la verdadera actividad de la institución. ¿Sí o no Clearstream es una cabeza de puente en el corazón de la Europa comunitaria de los paraísos fiscales, en los que fructifica el dinero negro de la corrupción y de la criminalidad organizada?
Por no hablar del lamentable tratamiento que los informadores están dando al tema del Diálogo de Civilizaciones. Tomando pie en el choque de civilizaciones propuesto por ese legionario del Pentágono que es Huntington, Kofi Annan y Zapatero quisieron buscar alguna alternativa a las guerras de Bush y Blair a las que éstos llamaron en su versión diplomática unilateralismo y en la teoconservadora Cruzada contra el mal. Como todas las iniciativas onusianas, la Alianza no es un dispositivo de combate, sino una invitación a las acciones discretas por la paz. Que en nuestro mundo de violencia y dinero suenan a música celestial. Lo que no es razón para falsear lo que se ha conseguido: cerca de 500 asociaciones voluntarias enroladas ya en el proyecto y un programa Erasmus mundial destinado a los países del Sur, sobre todo a los musulmanes. La única lectura posible del cachondeo con que periodistas y humoristas, sobre todo de la derecha, han acogido la iniciativa es la identificación con la cruzada de Bush y con el escarnio de los más de 300.000 muertos que ha inducido.
Pero no todo son ignominias y aflicciones. En el mundo también pasan cosas buenas y ya es hora de que hablemos de ellas. Elisabeth Lavilla, de nuevo una mujer, nos invita a descubrir un mundo más positivo, más alegre, que según ella existe y da pruebas de vitalidad. Para que tengamos noticias de él ha creado una pequeña empresa, Semillas para el Cambio, que en colaboración con otras empresas ciudadanas -Patagonia, Utopias, Naturaleza@descubrimientos, etcétera- están intentando repoblar la información con buenas noticias. Y el ejemplo cunde. Christian de Boisredon, otro pionero, ha creado la agencia Reporteros de Esperanzas y ha publicado un libro, La esperanza alrededor del mundo, que con más de 60.000 ejemplares vendidos, prueba que la gente quiere que le cambien la música. Utne Reador, Fast Company, Yes, Positive News, Good News Agency son otros voluntarios de la información ciudadana decididos a recuperar lo positivo del mundo. Sin angelismos ni bobaliconerías, pero convencidos de que las cosas pueden mejorar y que hay que mejorarlas.
José Vidal-Beneyto es sociólogo y prefesor de la Universidad de Complutense (El País, 30/12/2006).
Friday, December 29, 2006
Paseo por el amor de los libros…
Jornada vespertina de compras de Reyes en el Corte Inglés de Siete Palmas, en la capital insular. Mi mujer por un sitio y yo… ¿por dónde?: Lógico, sección libros… Como siempre. No llevo intención de comprar; sólo hojear (pasar hojar) y ojear (de echar el ojo). Si acaso, comprar unos DVD de los Tweenis para mi nieto… Impresiona ver esas estanterías llenas de libros que nadie comprará ni leerá: las estadísticas no mienten al respecto, España edita pero los españoles no leen… Repaso los anaqueles rotulados: Filosofía, Ciencias, Libros de Bolsillo, Actualidad, Política, Historia…, y los de las diversas editoriales. Empiezo a hacer mi lista mental de lo que me gustaría leer más detenidamente, alguna vez, en algún momento: 1) “El alma está en el cerebro”, de Eduardo Punset (Aguilar, Madrid, 2006), ¿acaso álguien piensa que puede estar en algún otro sitio?. Parece interesante… 2) “Anti Moa”, de Alberto Reig Tapia (Ediciones B, Barcelona, 2006), desmontando con precisión las teorías pseudo históricas del pseudo historiador, por llamarle algo, Pío Moa… 3) “Tiempos inciertos”, de George Soros (Debates, Barcelona, 2006), con los comentarios y opiniones de uno de los grandes intelectuales del siglo sobre el futuro de la globalización… 4) “Negrín”, de Enrique Moradiellos (Península, Barcelona, 2006), apasionada biografía de´uno de los más ilustres canarios de la historia, tan cruelmente denostado aún hoy por gran parte de sus compatriotas… ¡Cosas de España!… 5) “Entre amigas. Correspondencia entre Hannah Arendt y Mary McCarthy, 1949-1975)” (Mondadori, Barcelona, 2006). La intimidad de mi más adorado personaje al descubierto. ¡Apasionante!… 6) “Tombuctú”, de Paul Auster (Anagrama, Barcelona, 2006). Una de las grandes novelas del Premio Príncipe de Asturias. Leo, como hago siempre, las primeras páginas y las últimas, para hacerme una idea… Y me quedo enganchado… 7) “Memorias de Adriano”, de Margueritte Yourcenar (Edhesa, Barcelona, 2005): Una de mis novelas favoritas, que recomiendo siempre. ¡Bellísima! La traducción es de Julio Cortazar, lo que ya de por sí, es un lujo. Imprescindible… “La invitada” de Simone de Beauvoir (Edhasa, Barcelona, 2006). Otra gran mujer y otra gran novela. A mi amiga Isabel le encantaría. 9) “La isla del Tesoro”, de R. L. Stevenson (Alianza, Madrid, 2006). Mi primera novela. Me la regaló mi abuelo materno cuando yo debía tener unos diez años. Casi me la aprendí de memoria. Libro de iniciación a la lectura que deja huella indeleble en el alma… 10) “Actos de amor y de placer”, de Lucía Etxebarría (Ediciones Martínez Roca, Madrid, 2006). Poemario de una autora que no ha sido nunca “santa” de mi devoción; esta vez me sedujeron algunos de sus textos… Se queda para otra ocasión… 11) “Los fantasmas de Goya”, de Jean-Claude Carriere y Milos Forman (Tusquets Editores, Barcelona, 2006). ¿Lo publican después de la película o antes? Lo ignoro. Las páginas finales son magistrales… 12) “Obras”, de Flaubert (Cátedra, Madrid, 2006), con algunas de sus principales novelas, como “Madame Bovary”. Este autor es una de mis asignaturas pendientes… ¡Tengo tantas!… Tengo que pensármelo… 13) “Baudolino”, de Umberto Eco (Lumen, Barcelona, 2003). Las contraportadas soportan lo que las pongan… Recuerdo que las críticas solventes no la pusieron muy bien… 14) “La misteriosa llama de la reina Loana”, también de Umberto Eco (Lumen, Barcelona, 2005). Más o menos lo mismo que la anterior, pero… al final, la dejo de nuevo en la estantería… 15) “Estambul”, de Orhan Pamuk (Mondadori, Barcelona, 2006), la obra más reciente del más reciente de los Premio Nobel… Las críticas son muy buenas; la dejaré reposar un tiempo a ver como se decanta… 16) “El cerebro de Kennedy”, de Henning Mankell (Tusquets,
Barcelona, 2006); novela de intriga… Parece interesante… 17) “La gramática descomplicada”, de Álex Grijelmo (Taurus-Santillana, Madrid, 2006): Otra de mis grandes limitaciones (los entresijos del idioma) y por eso me atrae como un imán. Me paso un buen rato hojeándola y ojeándola, y me parece interesantísima. Voy a pedírsela a los Reyes Magos a ver si cuela… Suena el móvil… ¿Nos vemos en la cafetería?… ¿En diez minutos?… ¡Vale!… Casi sin tiempo, me decido: me regalo “El Libro Negro”, de Orhan Pamuk (Punto de Lectura, Madrid, 2006). Y por supuesto, le compro los DVD a mi nieto…
España dio el espectáculo
España dio el espectáculo. Y lo hizo por partida doble. Por un lado, ningún Estado miembro hasta la fecha había realizado una contribución voluntaria mayor, en una sola vez, al sistema de Naciones Unidas. El gesto español -700 millones de dólares para dar un impulso substancial a los Objetivos de Desarrollo del Milenio- ha causado gran sorpresa en los círculos diplomáticos ante la ONU. Muchos, acostumbrados al toma y daca de la política internacional, se han preguntado por el motivo detrás de este gesto inusual. La explicación es muy sencilla, y también poco habitual.
Pero además, quienes asistimos el 18 de diciembre en la gran sala de la Asamblea General de Naciones Unidas al concierto de despedida de Kofi Annan organizado por España, tuvimos la sensación de que un trocito importante de historia contemporánea se escribía ante nosotros.
Allí, cerca del futuro secretario general de Naciones Unidas Ban Ki-moon, se sentaba el todavía secretario general Kofi A. Annan junto al presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, y el primer ministro de Turquía, Tayyip Erdogan. Las palabras más elocuentes de ambos estadistas estuvieron dirigidas a Annan, y todos allí, cuando este último habló, aplaudimos emocionados ante la imagen de un gran hombre que se va y el legado que deja.
Sin embargo, no fue un político, sino un apasionado artista y humanista, el que acentuó el simbolismo del momento. Daniel Barenboim nos hizo ver, refiriéndose a la Orquesta Divan a la que dirigió, que sus jóvenes músicos saben que no pueden trabajar aislados unos de otros; que esos virtuosos israelíes, egipcios, sirios, o libaneses sólo alcanzan la armonía cuando la persiguen en común. Lo que ellos, interpretando a Mozart y a Brahms, consiguieron ese día aún no lo han logrado los políticos representantes de sus respectivos países en esa misma gran sala.
Escuchando a Kofi Annan reflexionaba yo sobre los tiempos en los que le ha tocado liderar la organización de las Naciones Unidas. En diversas entrevistas recientes asoma un hombre contenido que rememora momentos tensos, dolorosos. Sin embargo, yo creo que la talla de Kofi Annan seguirá creciendo a los ojos de la Historia.
Su mandato ha coincidido con la época en la que el mundo ha entrado en una gran encrucijada. El nuevo desarrollo de la globalización ha traído fenómenos insospechados. Entre ellos, una conciencia global crítica abrazada -debido al salto de reflexividad que han supuesto las nuevas tecnologías de la información- por millones de ciudadanos en todo el mundo. El ciudadano global se sitúa críticamente frente al desarrollo de la propia globalización en tres áreas bien definidas: quiere ver respetados los derechos humanos, quiere que no se siga amenazando el equilibrio ecológico del planeta, y desea una convergencia económica y social de todos los países.
Por supuesto, la globalización ha traído nuevas tensiones en el terreno de la seguridad, con la aparición del terrorismo de corte fundamentalista y las diferencias en cuanto a su tratamiento, y ha llevado al Consejo de Seguridad de la ONU a momentos dramáticos sin parangón en toda la historia de la organización.
Pero ésa no es toda la realidad de Naciones Unidas. Programa a programa, miles de funcionarios de Naciones Unidas trabajan con horizontes que tampoco nadie hubiera podido prever hace tan sólo diez años. En Bulgaria, ONG y empresas trabajan con la ONU y en conversaciones con el Gobierno para acabar con la corrupción pública. En Camboya, multinacionales del textil y las Naciones Unidas se unen a las empresas locales del sector y al Gobierno para que las maquiladoras no sean sinónimo de condiciones infrahumanas de trabajo. En Colombia, empresas mineras, organizaciones de la sociedad civil y sindicatos crean junto a Naciones Unidas áreas de paz y estabilidad en apoyo del Estado democrático. En Panamá o en Sri Lanka esas mismas fuerzas se aplican a la erradicación del trabajo infantil. En aldeas perdidas en el interior de Marruecos o en el Caribe colombiano, una coalición similar extiende la electrificación. El mundo en vías de desarrollo hierve con nuevos modelos de negocios, ligando empresas globales y nuevas cadenas de proveedores, protagonizadas por microempresas surgidas a través de crecientes circuitos de microcréditos, como en Bangladesh o en Bolivia. Y en todos esos proyectos, junto a gobiernos, empresas responsables y organizaciones de la sociedad civil, aparecen las diversas agencias de Naciones Unidas, como facilitadores, convocantes e impulsores.
Estas nuevas coaliciones, surgidas en torno a iniciativas como los Objetivos de Desarrollo del Milenio o el Global Compact, son tendencias que configuran el aspecto más profundo de la reforma de Naciones Unidas. Y han surgido de la mano de Kofi Annan. Por eso, no es de extrañar que bajo su mandato millones de ciudadanos de todo el mundo, por vez primera en la historia, hayan pasado a apoyar a Naciones Unidas como un acto individual de compromiso con el progreso humano.
Fue un buen espectáculo el que dio el Gobierno de España en Nueva York. Porque el homenaje de despedida a Kofi Annan fue del todo merecido. Y porque opino que la razón de la donación extraordinaria realizada a la ONU es sencilla, aunque poco frecuente: cumplir al pie de la letra su compromiso electoral en el terreno internacional del desarrollo, conectando así con la conciencia global de la mayoría de los españoles y la de millones de “ciudadanos globales” en todo el mundo.
Manuel Escudero es director de Redes del Global Compact de Naciones Unidas (El País, 29/12/2006).
Sin comentario…
Unamuno continúa siendo “celestina” y “antipatriota”. El PP rechaza dejar sin efecto el acuerdo municipal que expulsó al escritor de su escaño de concejal en Salamanca. Apenas unas horas después de que el general Millán Astray golpeara con furor la mesa con su única mano -al tiempo que gritaba “¡Viva la muerte!” y “¡Mueran los intelectuales!” mientras se oía eel deslizamiento seco de los cerrojos de fusiles de la guardia en el paraninfo de la Universidad de Salamanca- el rector viejo pero vigoroso que se enfrentó al general y a su gente con la afirmación de “venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta; pero no convenceréis”, Miguel de Unamuno, también fue expulsado de su escaño de concejal en el Ayuntamiento de la ciudad.
El grupo popular impidió ayer en el pleno municipal, como solicitaba el grupo socialista, dejar sin efecto de forma simbólica el acta con la moción insultante y vejatoria que sirvió para arrojar al pensador del escaño para el que había sido elegido por los ciudadanos.
El último día del año se cumplirán 70 años del fallecimiento de Unamuno, y ayer, antes de la conmemoración, una moción del grupo socialista en el pleno planteó “dejar sin efecto la moción aprobada en sesión secreta de la corporación municipal celebrada el 12 de octubre de 1936 por la que se destituyó a D. Miguel de Unamuno y Jugo como
concejal de este Ayuntamiento”.
Pero el grupo popular de gobierno replicó que detrás de esa propuesta latían “unas intenciones que sólo pueden contar con nuestro más absoluto rechazo”. Las intenciones que sigue “la estrategia nacional del PSOE, con la premisa básica de aislamiento del PP” tienen “cuatro líneas de actuación muy claras”, en palabras del portavoz popular, Fernando Rodríguez: el Estatuto de Cataluña, la agresión a las creencias mayoritarias de los españoles, la rendición del Estado y de la democracia ante ETA-Batasuna y la llamada “recuperación de la memoria histórica”. La moción también reivindicaba la dignidad de los concejales republicanos desposeídos de sus puestos, de los cuales cuatro, incluido el alcalde, fueron fusilados al comienzo de la Guerra Civil.
El acta que se proponía dejar sin efecto (y que seguirá como acuerdo municipal firme) estableció por unanimidad que Miguel de Unamuno, por “su descortesía rencorosa” en el acto académico de la Fiesta de la Raza había incurrido “en un caso de incompatibilidad moral corporativa, de vanidad delirante y antipatriota actuación ciudadana”.
Por todo ello, el autor de la propuesta, el concejal Rubio Polo, reclamó en sesión secreta que al rector se le arrojara de la Corporación. Y lo propuso “por España, en fin, apuñalada traidoramente por la pseudo-intelectualidad liberal masónica cuya vida y pensamiento [...] sólo en la voluntad de venganza se mantuvo firme, en todo lo demás fue tornadiza, sinuosa y oscilante, no tuvo criterio, sino pasiones; no asentó afirmaciones, sino propuso dudas corrosivas; quiso conciliar lo inconciliable, el Catolicismo y la Reforma; y fue, añado yo, la envenenadora, la celestina de lasinteligencias y las voluntades vírgenes de varias generaciones de escolares en Academias, Ateneos y Universidades”.
“¿Está usted acusando a los profesores, al claustro de la Universidad de Salamanca, de romper algo respecto al consenso de convivencia de los ciudadanos españoles?”. Era la pregunta que le hizo ayer el portavoz socialista, Fernando Pablos, al dirigente popular al recordarle el homenaje que la institución académica rindió el pasado
día 11 a sus profesores y alumnos asesinados y represaliados durante la Guerra Civil y la dictadura. Y precisamente cuando uno de los homenajeados era el alcalde de Salamanca y también catedrático de Anatomía Casto Prieto Carrasco.
El portavoz popular replicó que a Unamuno “nadie tiene que rehabilitarlo en esta ciudad, como si no lo estuviera ya”. Pero el socialista señaló que el día 31, cuando el alcalde y concejales populares acudan a la escultura del rector, obras de Pablo Serrano, para rendirle homenaje a los 70 años de su muerte, además de tener que explicar su decisión a los familiares, demostrarán “ser campeones en la hipocresía”.
El 12 de octubre de 1936, en el acto del paraninfo de la Universidad, entre el furor de profesores y militares contra el rector, fue la mujer de Franco, Carmen Polo, quien sacó del brazo a Unamuno, junto con el obispo Enrique Pla y Deniel entre el acoso de falangistas, y lo condujo a su casa. Aquella tarde fue expulsado del Casino. Horas después fue destituido como rector.
No había podido aguantar más, y estalló. Habían fusilado a sus amigos salmantinos Prieto Carrasco, Andrés y Manso, al alumno predilecto y rector de Granada Salvador Vila, en la cárcel estaban sus íntimos Filiberto Villalobos y el periodista José Sánchez Gómez, éste a la espera de ser fusilado, y en la mano tenía la carta con la amenaza de
muerte al pastor protestante Atilano Coco. No volvió a salir de casa y al abrigo de la camilla sobre la que asentó su cabeza al morir comenzó a tejer su última obra: El resentimiento trágico de la vida.
Ignacio Francia es periodista (El País, 29/12/2006).
Thursday, December 28, 2006
La sangre y la tierra
El año que termina ha estado dominado políticamente por una obsesión: la cuestión territorial. En tiempos en que los problemas son globales, en la agenda de nuestros gobernantes se han impuesto las cuestiones locales. Una vez más se ha demostrado que el territorio es la fuente de todas las neurosis cuando la política razona todavía en términos de Estado-nación. Y en política, como en la vida, las neurosis mueven el mundo.
El Gobierno catalán imaginó el nuevo Estatut como factor de cohesión y éste acabó arrastrándole al precipicio. Y no sólo a él. El Gobierno español sufrió el desgaste de un tema que dominó toda la primera mitad del año y que dio cuerda a la oposición para sobrevivir en plena travesía del desierto. Todas las demás decisiones que tomó el tripartito quedaron a beneficio de inventario. Algunas de ellas reflotan ahora con el “tripartito dos” que ha encontrado su fuerza principal en enviar a la cuestión territorial de vacaciones, para reponer fuerzas después del estresante debate que acabó con un descolorido referéndum. Tantas eran las ganas de olvidar aquellas histéricas semanas en que el tripartito iba de crisis en crisis y no se sabía de dónde saldrían las fuerzas electorales para salvar al sí, que sólo han pasado seis meses y parece que hayan pasado años. Es una manera muy catalana de enterrar los malos momentos. Lo mismo ocurrió con otro fiasco nacional, el Fórum 2004. En Cataluña, ya nadie se acuerda de que existió.
El presidente Zapatero vio una oportunidad para el fin de la violencia en Euskadi y se metió a fondo por esta vía. Nada que objetar. Es exigible a nuestros gobernantes que aprovechen cualquier brecha que se abra para acabar con esta penúltima herencia del franquismo. Pero el presidente Zapatero se ha encontrado atrapado por el poder de arrastre de la tierra y la sangre. Y el proceso de fin de la violencia se ha apoderado de la escena, ocultando de modo creciente todo lo demás. Ni siquiera un tema sensible como la inmigración consigue hacerse un hueco en la agenda. La propia oposición que había pensado hacer de la inmigración y de la seguridad -dos de los temas preferidos para la demagogia de la derecha- las cuestiones estelares de la última fase de la legislatura, se está quedando colgada de la cuestión vasca. El fin de la violencia tiene tanta fuerza obsesiva que acaba dominándolo todo. Lo cual no deja de ser peligroso porque a fin de cuentas es una traslación de la lógica de los terroristas -la violencia es la que manda- a la lógica de los demócratas. Y porque coloca a la política española pendiente de un anacronismo.
¿Por qué tal obsesión? Porque esta violencia va ligada al territorio. La sangre se mezcla con la tierra, lo más atávico que llevamos puesto. El territorio, a pesar del creciente reconocimiento del factor humano -de la ciudadanía-, sigue siendo fuente y emblema de poder. El tamaño sigue contando en el mundo por más instrumentos virtuales de que se disponga. Pero, al mismo tiempo, el territorio, en una especie como la nuestra más familiarizada en pasar hambre que en vivir en la abundancia, sigue representando la comida, la posibilidad de ser autónomo. Por esta razón, los sistemas electorales siguen privilegiando el campo sobre la ciudad, el territorio sobre los hombres. Todos estos factores siguen pesando en el imaginario del hombre moderno, por mucho que parezca que vive en una red de significación universal. Y los gobernantes explotan, más que nadie, esta simbología profundamente arraigada.
Repartir el territorio es algo más que repartir el poder. Es difícil secularizar estos debates. Por mucho que el mundo esté globalizado la experiencia de los ciudadanos sigue siendo primordialmente local y nacional. El argumento preferido de la oposición es la ruptura de España. Es la manera de ahondar en la obsesión. El Gobierno está preso de ella, a pesar de las muchas cosas que ha hecho en dos años. Hasta el punto de que la obsesión marcará, probablemente de modo injusto, el balance final de la legislatura. ¿Podía haberse hecho de otra manera o es éste el precio del fin de la violencia?
Josep Ramoneda es filósofo y escritor (El Pais, 28/12/2006).
El imposible retorno de Kundera
Fue a finales de los ochenta, poco antes de la caída del comunismo. En la Feria del Libro de Frankfurt, con unos editores españoles nos presentamos en el stand de Dilia, la agencia literaria checa, con el objetivo de adquirir derechos de publicación en España de varios autores checos. No tuvimos suerte: resultó que los escritores que nos interesaban estaban políticamente mal vistos por el Estado que la agencia representaba. Antes de despedirnos, uno de los españoles dejó caer el nombre de Kundera, autor que gozaba de gran prestigio mundial. Fue como un detonante; los de Dilia escupieron: “¡Ese exiliado!”. Y es que en la Praga comunista la palabra exiliado era sinónimo de malvado, traidor, cobarde. Y curiosamente, en la Praga democrática -a diferencia de las demás ciudades poscomunistas como Varsovia, Budapest o Moscú- esa tradición sigue conservándose.
Al establecerse la democracia en la entonces Checoslovaquia, durante mis visitas a Praga pude comprobar que muchos de los disidentes que se opusieron al régimen comunista tampoco se referían a Kundera con superlativos. Algunos no lo habían leído puesto que ninguno de sus libros se había publicado en Checoslovaquia, otros lo conocían a través de traducciones o del original checo publicado en una editorial de exiliados, en Canadá; pero lo cierto es que mientras el mundo alababa las calidades del escritor checo, entre la intelectualidad de su país de origen lo más corriente era referirse a él con sarcasmo y desprecio.
Hace un par de meses, por primera vez en la República Checa se publicó La insoportable levedad del ser, la novela emblemática de Kundera. Veinte años separan su aparición en Occidente de esta publicación checa. La razón de ese lapso de tiempo es que, tras el mal trato que en los noventa le dispensaron los intelectuales checos, Kundera, gran promotor de la literatura checa en el Occidente, tenía sus motivos para negarse a publicar su gran novela en su país de origen.
¿Cuál es la recepción de La insoportable levedad del ser en los medios checos en la actualidad? Muchos prefieren rehuir el tema de la novela extendiéndose sobre la película homónima, ajena a Kundera e incapaz de transmitir el pensamiento de su novela, mientras que los críticos se ocultan detrás de palabras y frases neutrales, blandas, que no expresan opinión alguna, como por ejemplo: “Depende de cada cual si pasará por ese sendero del pensamiento [de Kundera] con entusiasmo o considerará esa diligentemente planeada expedición como tediosa” (Lidove noviny). “Esa primera edición publicada aquí en casa, ¿no estará destinada sobre todo a quienes quieren mejorar sus conocimientos, además de los coleccionistas y los testigos de los días pasados? Y es que La insoportable levedad del ser llega en un momento inadecuado y no tiene nada que ver con la época en que vivimos” (Hospodarske noviny).
Además, desde las páginas web oficiales del ministerio de Cultura checo, destinadas a la promoción de la literatura en el extranjero, se ha desplegado toda una campaña envenenada contra Kundera. Esos son unos fragmentos de dichas páginas: “Durante 17 años [desde el final de la era comunista] Kundera se emperraba en no publicar su novela, mientras envejecían tanto él como la novela”. “Desde el año 2004, Atlantis ha publicado cuatro pequeños libros de ensayo de Kundera, cuyo lenguaje es sorprendentemente pobre y cuyas ideas no descubren nada nuevo”. “Los gestos de Kundera: la ignorancia, la lentitud, la inmortalidad. Obstinado, el novelista se oculta en ’su’ francés para que no le descubran aquellos sin los cuales difícilmente hubiera llegado a ser un autor mundialmente conocido”. “¿estaría hoy Kundera donde está si a finales de los sesenta no hubiera conseguido un crédito que le arrojó en brazos de los franceses y del mundo? De ese brazo Kundera está dispuesto a ir a cualquier parte, hasta a la China comunista, excepto a su patria. Es un caso de arrogancia: abandonar a los viejos amigos por otros nuevos. Porque los nuevos ofrecen más: lectores, dinero, fama”.
Uno de los contadísimos críticos que defiende a Kundera y el único que se atreve a polemizar con las páginas del ministerio, Ales Knapp, confiesa que en esta situación venenosa se siente como el único soldado en un campo de batalla, y añade irónicamente: “Me alegro que tras años de vanos esfuerzos de mi parte por provocar en Chequia una discusión sobre Milan Kundera, los adversarios salgan a la luz”.
La historia del retorno del Kundera-novelista a su país me hace pensar en lo que le sucedió a otro célebre checo, el compositor del Moldava, Bedrich Smetana, a su regreso a Praga. Tras una larga y exitosa estancia en Suecia, los nacionalistas checos acusaron a Smetana de wagneriano y pro alemán cerrándole a cal y canto las puertas de las salas de conciertos y teatros de ópera.
El retorno de un exiliado a su patria suele ser arduo. Durante su estancia en el país de adopción, el exiliado ha adquirido nuevos puntos de referencia y un nuevo sistema de valores. Después de haber desplegado un enorme esfuerzo por comprender y adoptar una nueva cultura, un nuevo contexto y una nueva orientación, la escala de valores de su país de origen le resulta rara y obsoleta. Por otro lado, cambiado como está, a los ojos de los habitantes del país de origen el exiliado ya no es alguien como ellos, familiar, con el mismo código de comportamiento, sino alguien distinto a ellos, alguien distante y extranjero. En el país de origen el exiliado resulta ser el otro: el desconocido, el extraño, el forastero. Al igual que en su país de acogida. El exiliado nunca más pertenecerá a un lugar concreto. Su destino es flotar en el aire, su identidad está en el desarraigo. Kundera conoce bien ese estado. Es por eso que ha titulado dos de sus novelas La identidad y La insoportable levedad del ser.
El país en el que Kundera nació y vivió cuarenta y siete años es pequeño. Las pequeñas naciones suelen buscar su dulce consuelo de ser menos importantes que otras en la autocompasión. Y tienen su dosis de razón: al igual que una persona que ha sufrido frecuentes humillaciones se muestra desconfiada y susceptible, los países que a lo largo de su historia no siempre han podido elegir su propio destino porque sus vecinos más poderosos no se lo han permitido -como es el caso de varios países centroeuropeos-, airean su desasosiego a través del menosprecio y la animosidad hacia lo más fuerte o lo que ha triunfado. Kundera, como ya hemos visto, en su país fue odiado por los comunistas, malquerido por los disidentes y al final desacreditado por los periodistas. Los pequeños países no perdonan el éxito universal, como si aquel que ha triunfado en el mundo los abandonara, como si dejara de ser suyo, familiar, casero.
“Sumar, sumar y nunca restar”, recordó hace poco Juan Goytisolo las palabras de Gaudí. Las grandes naciones están más acostumbradas a sumar que las pequeñas que suelen restar. Efectivamente, quien suma en vez de restar sale beneficiado. Los franceses consideran suyos a todos esos autores de procedencia extranjera como el mismo Kundera, además de Todorov, Cioran, Ionesco, Handke, Nancy Huston, Andrei Makine, Assia Djebar o Jonathan Littell; los americanos, con una disposición semejante, han hecho suyos a los pintores de orígenes más diversos como Archille Gorky, Mark Rothko o Willem de Kooning.
Los lectores no suelen hacer caso a los críticos. Y es que la primera edición checa de La insoportable levedad del ser se agotó en dos semanas y en estos momentos en Praga uno no puede coger el metro sin descubrir en él a varios lectores adentrados en sus páginas.
Monika Zgustova es escritora checa (El País, 28/12/2006)
Wednesday, December 27, 2006
Mis lecturas (Diciembre, 2006)
Para no hacer excesivamente dificultosa y repetitiva la consulta de “Mis lecturas”, voy a presentarlas a partir de ahora de forma individual aunque las seguiré incorporando agrupadas mes a mes en la lista general, cuya última anotacìón fue con fecha 20 de noviembre.
71. “Tres días en el Valle”, de Javier Fesser (Temas de Hoy, Madrid, 2005). Comentada en nota del día 5 de diciembre).
72. “Sí, presidente”, de Jonathan Lynn y Anthony Jay (Ultramar Ediciones, Barcelona, 1987). Comentada en nota del 13 de diciembre.
73. “Informe sobre Reformas de la Constitución Española”, Consejo de Estado (Madrid, 2006). Comentada en nota del 13 de diciembre.
74. “Arquitectura de la vida humana”, de Carlos Castilla del Pino (Real Academia Española/Espasa Calpe, Madrid, 2006). Comentada en nota del día 23 de diciembre.
75. “Anfitrión o el nacimiento de Hércules”, de Plauto (Ediciones Clásicas, Madrid, 1994). Comentada en nota del día 26 de diciembre.
Rebeldes con causa
En el curso de una de mis desafortunadas incursiones en la política, allá por 1981, participé como orador en el mitin organizado en un frontón donostiarra para la campaña electoral por el Partido Comunista de Euskadi. El episodio tuvo ribetes surrealistas, empezando por el hecho de que la única organización que nos apoyaba era una de homosexuales, lo cual no dejó de provocar asombro a algunos veteranos que procedían de la Tercera Internacional. Luego vino la tristeza de las gradas semivacías, pues no hay nada más desmoralizador para quien habla que tener enfrente más cemento que militantes. El acto se cerró, como era de rigor, con el canto del Eusko gudariak en euskera y de la Internacional en castellano. Cuando en el segundo himno entonábamos el “en pie famélica legión”, se me ocurrió girar la mirada a la derecha, lo que me llevó a contemplar las orondas tripas de mis compañeros de mesa, Roberto Lertxundi incluido (por no hablar de la mía propia). De pronto lo entendí todo: por muy eurocomunista que fuera, la mercancía que ofrecíamos nada tenía que ver con la sociedad vasca de fin de siglo. Allí no había famélicos, sino tragones. Así que bajé el puño y rompí a reír a carcajadas, provocando una general estupefacción.
La experiencia me llevó a recordar que seguía siendo válida, y aplicable a la situación económica mundial de hoy, la apreciación de Carlos Marx acerca de la inhibición de los trabajadores ingleses ante la opresión ejercida sobre Irlanda. Juicio que bien podría aplicarse a los asalariados europeos o americanos de hoy en relación a los países subdesarrollados. Por progresistas que sean sus ideas, los intereses les llevan a dar por buena la explotación. Sin espacio para la duda, la política de izquierda tiene que contar con ese obstáculo, manteniendo la exigencia del cambio sin perder de vista la necesidad de respetar el bienestar de los “trabajadores opulentos” del mundo euroamericano. Una difícil cuadratura del círculo, cuya orientación conservadora se encuentra reforzada por el fracaso de las revoluciones que a partir de 1917 buscaron la inversión de las relaciones de poder económico, poniendo the world upside-down. Los iniciales logros del modelo soviético en la industrialización, el trabajo de la mujer o un cierto igualitarismo, fueron de sobra superados por el enorme precio pagado en cuanto a la violación sistemática de los derechos humanos, que por añadidura, como sucede en la Cuba de Fidel, y sucedió en la URSS y las “democracias populares”, se vio acompañada de la ineficacia económica. Por una de esas tretas del viejo topo, el único régimen comunista que escapa al callejón sin salida, después de los disparates en cadena protagonizados por Mao, lo ha logrado por medio de una restauración del capitalismo, y con una pura y dura restricción de los derechos de los trabajadores.
Las salidas tradicionales se encuentran, pues, cerradas a la vista de su espectacular fracaso. Queda en pie, con todo, la estimación de que no sólo la desigualdad ha aumentado en el marco de la globalización, sino de que el “nuevo orden internacional” anunciado por el mayor de los Bush ha sido incapaz de resolver los problemas pendientes, el palestino en primer plano, y que bajo el Bush menor el liderazgo americano se ha convertido en delirio estratégico, perdiendo el capital moral del 11-S con sus propias violaciones de derechos humanos (Guantánamo) y con la estupidez fundida con crímenes contra la humanidad en la invasión de Irak. Es la hora de los profetas sanguinarios, con Al Zawahiri a la cabeza, anunciando un castigo contra los infieles de dimensiones desconocidas, respaldado además de forma cada vez más intensa por una masa de creyentes sensibilizados, no ya por las prédicas de Al Qaeda, sino por las imágenes de Irak o de Líbano que están construyendo por vez primera la umma a nivel mundial gracias a las emisiones de la televisión Al Yazeera.
Así las cosas, es fuerte la tentación en la izquierda política de escapar a una realidad tan compleja y desfavorable, refugiándose en los símbolos y en las construcciones maniqueas, con frecuencia cargadas de masoquismo (respaldo a Fidel, culto al Che). Tal actitud ha podido apreciarse en muchos comentarios sobre la guerra del Líbano, con justas críticas a Israel pero omisión total de la responsabilidad de Hezbolá y de Irán, y sobre todo en la consideración del terrorismo islámico o yihadismo que ha pasado a ocupar el frente del escenario desde el 11-S. Con unas u otras palabras, todos los males, tanto el del terrorismo como el de las presiones migratorias, tendrían un origen común que explica cuanto ocurre de un plumazo y designa de paso al culpable: son efecto de la injusticia económica que hace saltar de uno u otro modo a los condenados de la tierra contra la opresión occidental.
La solución de la cuestión terrorista sería asimismo simple, de acuerdo con este enfoque de apariencia marxista, y en el fondo de pobres contra ricos: bastaría con proporcionar medios económicos a los desfavorecidos para que el problema se aproximara a la resolución, de ese acercamiento en el vértice etiquetado como “alianza de civilizaciones”. Sólo que el reto del islamismo violento es de otra especie. Se trata de una lucha por el poder a escala mundial, amparada en una radical intransigencia religiosa y protagonizada por minorías activas, las cuales, eso sí, pretenden atraer a la masa de creyentes, con la ayuda de Bush. No hay que confundir el contexto con la naturaleza del problema.
Otro tanto sucede en el tema de la emigración. La pobreza constituye el telón de fondo, en el marco de una creciente desigualdad entre Norte y Sur, y es por ello necesario partir de una actitud favorable a la acogida. Pero quienes están en condiciones de pagar un billete de avión o el pasaje en un cayuco no sólo provienen de la pobreza. Responden a una pulsión de motilidad, de movilidad social ascendente, perfectamente legítima, susceptible de ser abordada dentro de un tratamiento donde hay que integrar otras variables. Pensemos en el relato publicado hace poco por el suplemento semanal de este diario, la historia de Alioune, el senegalés que cruzó el mar para mantener a su familia. Claro que el bueno de Alioune aspiraba a mejorar la suerte de todos los miembros de su familia, y éstos eran nada menos que cuarenta. A veces hay que releer a Malthus: en muchos casos es el desbordamiento demográfico, más que la perversidad capitalista, lo que ha
roto los moldes de un crecimiento equilibrado en países africanos. En suma, no se trata de cerrar puertas al modo de Sarkozy, sino de lograr que exista un ajuste entre la cuantía de inmigrantes recibida y la capacidad de los mecanismos de integración.
En el mundo de hoy, siguen vigentes las razones para la rebeldía. En un espacio latinoamericano que por fortuna se mueve, y con todas sus incertidumbres políticas, las de Evo Morales para emplear los recursos de su suelo en la mejora de las condiciones de vida populares en Bolivia. Las del pueblo palestino para alcanzar una suficiente soberanía (compatible con la supervivencia de Israel). Las de quienes tratan de romper la tiranía religioso-militar en Sudán. Las de aquellos que claman por una política redistributiva a los grandes de la globalización. La condición es que las demandas, y las acciones de quienes las apoyen, reconozcan la perversidad de la vía del terror y el fracaso de la utopía igualitaria. No vendrán soluciones de la inauguración de fábricas de Coca-Cola en Kabul un 11-S. Menos aún del imperio de la muerte en nombre de Dios que Al Qaeda trata de implantar.
Ahora bien, en las circunstancias actuales, desde la crisis de Oriente Próximo a la exigencia de superar la dependencia en Latinoamérica, lo que resultaría suicida es detenerse en espera de que el curso natural de los acontecimientos y las deliberaciones del G-8 eviten el riesgo de estallidos sociales y bélicos cada vez más graves. La era Bush nos ha situado en un punto de no retorno.
Esta apreciación resulta aún más válida si tomamos nota del problema más grave que hoy tiene ante sí la humanidad: el calentamiento del planeta. Nos lo recuerda Al Gore en su Verdad incómoda, con el apoyo de una excelente actuación como pedagogo y como actor, bien lejos de su cara de palo en las elecciones robadas del año 2000. Nos lo ponen también ante los ojos las noticias de prensa que informan que con toda probabilidad el otoño de 2006 ha sido el más cálido en Europa de los últimos 500 años, y sin lugar a dudas del último medio siglo, seguido del otoño de 2005. Una de las lecciones positivas en la historia del capitalismo ha sido que para lograr un crecimiento autosostenido resulta imprescindible garantizar el mantenimiento de los recursos técnicos y de capital, así como preservar las materias primas y la energía necesarias para la producción. Y que ésta no destruya el ecosistema. Lo sucedido con la desecación del mar de Aral -por un régimen comunista- no ha sido un accidente local, que arranca lamentaciones de los espectadores de televisión o de los turistas que a cientos de kilómetros visitan una ciudad de Khiva, en el tour de Uzbekistán, invadida a todos niveles por la arena y la sal. Estamos ante un anuncio demasiado visible de lo que va a ocurrir, y de cómo va a ocurrir, si la emanación de gases a la atmósfera sigue impulsando una marcha imparable hacia la catástrofe a escala planetaria. Y Estados Unidos no firmó el convenio de Kyoto, y España lo incumple. Aquí sí la rebeldía debe hacerse grito.
Antonio Elorza es historiador y profesor de Ciencia Política en la Universidad Complutense (El País, 27/12/06).

