Saturday, August 5, 2006

Sin negociación no habrá paz

Oriente Próximo es un polvorín, y en todos los bandos hay quienes aguardan cualquier oportunidad para destruir a sus enemigos con balas, bombas y misiles. Una de las vulnerabilidades de Israel es la cuestión de los prisioneros. Los militantes palestinos y libaneses saben que un soldado o civil israelí capturado es o una causa de conflicto o una valiosa arma de negociación a la hora de intercambiar prisioneros. Esta idea se basa en los diversos intercambios de prisioneros que ya ha habido, como el de 1.150 árabes, sobre todo palestinos, a cambio de tres israelíes en 1985; 123 libaneses a cambio de los restos de 2 soldados israelíes en 1996, y 433 palestinos y otros árabes a cambio de un empresario israelí y los cuerpos de 3 soldados en 2004.

Esta estratagema precipitó la violencia que estalló en junio, cuando unos palestinos excavaron un túnel bajo la barrera que rodea Gaza, atacaron a soldados israelíes, mataron a dos de ellos y capturaron a otro. Propusieron canjear al soldado por 95 mujeres y 313 niños que figuran entre los casi 10.000 árabes en cárceles israelíes, pero, en esta ocasión, Israel rechazó el intercambio y atacó Gaza en un intento de liberar al soldado y poner fin a los lanzamientos de cohetes contra su territorio. La destrucción resultante permitió la reconciliación de las facciones palestinas y el apoyo de todo el mundo árabe.

Entonces, unos militantes de Hezbolá en el sur de Líbano mataron a tres soldados israelíes y capturaron a otros dos, e insistieron en la retirada israelí del territorio en disputa y el intercambio de sus prisioneros por parte de los varios miles de libaneses encarcelados. Con el respaldo de Estados Unidos, las bombas y los misiles israelíes empezaron a llover sobre Líbano y, enseguida, los cohetes de Hezbolá, suministrados por Siria e Irán, atacaron el norte de Israel.

Es indiscutible que Israel tiene derecho a defenderse contra los ataques a sus ciudadanos, pero es inhumano y contraproducente castigar a la población civil con la absurda esperanza de que culpe a Hamás y Hezbolá de haber provocado la devastadora respuesta. Por el contrario, el resultado ha sido un amplio apoyo de los árabes y el mundo en general a dichos grupos y una intensificación de las condenas contra Israel y Estados Unidos.

Estas condenas aumentaron tras el ataque aéreo contra el pueblo libanés de Qana, que produjo la muerte de 57 civiles, después de que, hace 10 años, murieran allí 106 personas por el mismo motivo. Como en aquella ocasión, hubo expresiones de “profundo pesar”, la promesa de una “investigación inmediata” y la explicación de que habían lanzado previamente unos panfletos en los que aconsejaban a las familias de la región que abandonaran sus hogares.

Lo más urgente en Líbano es que se interrumpan los ataques israelíes, que fuerzas militares regulares controlen la región sur del país, que Hezbolá deje de actuar como una fuerza de combate independiente y que se impidan nuevos ataques contra Israel. Israel debe retirarse de todo el territorio de Líbano, incluida la zona de las granjas de Shebaa, y liberar a los presos libaneses.

Son aspiraciones ambiciosas, pero, aunque el Consejo de Seguridad de la ONU apruebe y ponga en práctica una resolución capaz de generar ese posible arreglo, no será más que otra tirita, otra medida de alivio provisional.

El conflicto actual forma parte del ciclo inevitablemente repetitivo de violencia derivado de la falta de un acuerdo global en Oriente Próximo y exacerbado porque, en una situación casi sin precedentes, desde hace seis años no ha habido ningún esfuerzo real para lograrlo.

Los dirigentes de las dos partes ignoran a las amplias mayorías que anhelan la paz, y permiten que la violencia extremista impida cualquier oportunidad de construir un consenso político. Los israelíes traumatizados se aferran a la falsa esperanza de que su vida será más segura con una retirada unilateral y gradual de las áreas ocupadas, mientras que los palestinos ven los territorios restantes reducidos a poco más que vertederos humanos rodeados de una barrera de seguridad provocadora que avergüenza a los amigos de Israel y no garantiza la seguridad ni la estabilidad.

Los criterios generales para un acuerdo a largo plazo sobre dos Estados son conocidos. No habrá paz real ni permanente para ninguno de los pueblos de esta conflictiva región mientras Israel, con la ocupación de territorios árabes y la opresión de los palestinos, siga violando tanto las resoluciones de la ONU como la política oficial de Estados Unidos y la hoja de ruta internacional para la paz.

Salvo que se produzcan modificaciones negociadas y satisfactorias para las dos partes, es preciso que se respeten las fronteras oficiales de Israel anteriores a 1967. Las actuales autoridades estadounidenses, como todos los gobiernos anteriores desde la fundación de Israel, deberían estar a la vanguardia de los esfuerzos para alcanzar este objetivo.

Un obstáculo importante para avanzar es la extraña política del Gobierno estadounidense de no entablar el diálogo sobre cuestiones polémicas salvo si es como recompensa por un comportamiento sumiso y de negarse a mantenerlo con quienes rechazan las posiciones de EE UU.

Para lograr unos acuerdos seguros es necesario negociar directamente con la Organización para la Liberación de Palestina o la Autoridad Palestina y con el Gobierno de Damasco. Si no se abordan de frente los problemas y no se habla con los dirigentes implicados en la cuestión, se corre el riesgo de crear un arco de inestabilidad aún mayor que vaya desde Jerusalén hasta Teherán pasando por Beirut, Damasco y Bagdad.

Los habitantes de Oriente Próximo merecen paz y justicia, y nosotros, la comunidad internacional, debemos ofrecerles un liderazgo y un apoyo enérgicos.

Jimmy Carter fue presidente de Estados Unidos (El País, 05/08/2006)

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El misterio de la Cueva Pintada

Se abre en Gran Canaria un parque arqueológico que bucea en los orígenes isleños.   El Museo y Parque Arqueológico Cueva Pintada, enclavado sobre 9.463 metros cuadrados del mismísimo centro de Gáldar, en el noroeste grancanario, viene a ocupar en la mitología canaria el lugar de Altamira en la Península. En ninguna de las islas Afortunadas nos ha legado la arqueología un símbolo identitario tan emblemático como éste.

Al decir del director científico del proyecto, Jorge Onrubia, “nos
encontramos ante el yacimiento mejor conocido de Gran Canaria, en
especial de ese momento final indígena de los siglos XIV y XV que
coincide con el desembarco de los europeos”. Y si tenemos en cuenta
que en la isla de Gran Canaria es donde la arqueología adquiere mayor
monumentalidad dentro del archipiélago, se comprende la importancia de
abrirse al público este complejo tras un cuarto de siglo clausurado a
causa de los daños derivados por la masiva afluencia (otro paralelismo
con Altamira). Con esta reinauguración, en un proyecto en el que
resulta significativo citar la labor del arqueólogo Celso Martín de
Guzmán y del arquitecto Javier Feduchi Benlliure, se espera también la
multiplicación de la corriente turística hacia el norte, región tan
atrayente como desconocida.

Antes de la llegada de los evangelizadores mallorquines y de los
comerciantes andaluces, Agaldar debió de ser contemplada como la
metrópoli prehispánica insular, sede del guanartemato (una suerte de
realeza con derivaciones religiosas) más importante de la isla de
Tamarán (el nombre aborigen de Gran Canaria).

Agaldar gozaba de una especial relación con el paisaje. La fértil
vega, entre la montaña y el Atlántico, y orientada a la solana, está
defendida de los vientos predominantes por el monte de la Atalaya, o
montaña de Gáldar, a cuya cima merece la pena caminar 1,4 kilómetros
para divisar toda la costa septentrional hasta Las Palmas de Gran
Canaria, así como el manto de plástico bajo el que predominan
plataneras, tanto más tupidas cuanto más cerca del mar. El yacimiento
fue descubierto en 1873, y, afortunadamente, la bancalización de los
huertos respetó los niveles arqueológicos preexistentes.

Sin perder su vocación investigadora, el parque está pensado y
orientado para que lo visiten con guía 380 personas diarias. La
primera unidad expositiva hace de túnel del tiempo seis siglos atrás.
El audiovisual de 12 minutos, rodado en estereoscopia (se ofrecen
gafas) y alta definición, explica de forma dramatizada cuál fue el
proceso de conquista vivido a finales del siglo XV en la isla de Gran
Canaria, que llevó a la extinción casi inmediata de las etnias
aborígenes. Arminda, hija del último rey aborigen de la isla,
Guanarteme el Bueno, es el hilo conductor de la narración. Fue
entregada como símbolo de la rendición y bautizada como Catalina,
contrayendo nupcias con el señor de Guzmán.

Una figura de mujer
Las vitrinas dejan constancia de los vestigios recuperados. Los ídolos
-preciosa la figura de mujer embarazada- se codean con recipientes
cerámicos decorados y pintaderas, esos sellos en barro o madera tan
característicos de Gran Canaria que identificaban no se sabe bien si
la propiedad o los linajes. Otro enigma por desentrañar.

El siguiente audiovisual, en formato panorámico, nos retrotrae del
siglo XVI al siglo VI: los diez siglos en que está datado este
yacimiento por el que se ha acondicionado una pasarela volada de 375
metros. Todo el recinto lo cubre una colosal cubierta espacial
arquitectónica de acero.

Los arqueólogos han sacado a la luz, sin contar el espacio troglodita
conocido desde los años setenta, un poblado de 60 viviendas
prehispánicas de planta cruciforme y exterior elíptico que reproducen
de alguna forma el esquema de las casas-cueva. Cuatro de ellas han
sido reconstruidas a tamaño natural con fines didácticos. De camino,
pantallas audiovisuales explican la vivienda indígena, la economía en
la sociedad, el complejo troglodita y las pinturas.

El espacio central lo ocupa el conjunto rupestre de la Cueva Pintada,
“centro ceremonial y doméstico”, según Onrubia, “perteneciente a un
linaje aristocrático del lugar. Sirvió, asimismo, como centro de
enterramiento de momias”. La cámara principal, excavada seguramente a
partir del siglo XIII, muestra planta rectangular y tres de sus
paredes lucen frisos pintados sobre una fina capa de revoco arcilloso.
Para colorear, los artistas canarios se valieron de rojo de almagre y
blancos arcillosos. A todo ello le protege un cierre de cristal
hermético que, a modo de burbuja, permite acercarse hasta cinco metros
de las pinturas frontales.

La composición es simétrica y sobre un eje central basculan
composiciones triangulares, circulares y rectangulares que obedecen a
un plan programático aún por descifrar. Según José Barrios, profesor
del departamento de Matemáticas en la Universidad de La Laguna, bien
podría tratarse de un calendario lunisolar capaz incluso de predecir
los eclipses. El final del recorrido coincide con la visión panorámica
de todo el conjunto desde la terraza.

Para completar los conocimientos sobre la cultura de los primeros
pobladores de Gran Canaria, nada como visitar las momias del Museo
Canario, en Las Palmas de Gran Canaria; el deslumbrante cenobio de
Valerón, que no es sino un conjunto de 350 silos excavados dentro de
una gruta; los túmulos funerarios de la Guancha, en la costa galdense.
Y, por extensión, el mundo visual del pintor indigenista Francisco
Padrón, cuyo museo, ubicado también en el centro de Gáldar, será otro
descubrimiento.

Guillermo Esaín es escritor (El Viajero, 05/08/2006).

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